Las filas que se vieron en el comercio antes de Navidad, debido a las restricciones en el aforo y a la mayor disponibilidad de dinero proveniente de ahorros previsionales, muestran lo que ocurre frente a alzas de demanda por encima de la oferta disponible. Guardando las diferencias, ello es similar a lo que puede pasar en otros Ć”mbitos, como la educación superior, donde los cupos son insuficientes para recibir a todos quienes aspiran a ingresar a ella. Sin un mecanismo de selección de postulantes, tambiĆ©n verĆamos colas afuera de las universidades; en cuyo caso, el que lograrĆa acceder no serĆa necesariamente el con mĆ”s mĆ©rito, sino posiblemente el que llegó primero, el mĆ”s fuerte o el mĆ”s apitutado.
Ello habla de la importancia de contar con un sistema de admisión confiable, que asigne los cupos de forma justa, que sea transparente, que prediga correctamente el Ć©xito futuro de los seleccionados y que envĆe al sistema escolar las seƱales correctas en cuanto a las habilidades necesarias para ello. La PSU no cumplĆa cabalmente con estos requisitos. Al evaluar conocimientos, tenĆa un sesgo en contra de los alumnos de menor nivel socioeconómico y de los de educación tĆ©cnico profesional, sobrecargaba los contenidos de la enseƱanza media y fallaba en su grado de predictibilidad.
Estos problemas, combinados con la ideologĆa, han contribuido a generar el rechazo de algunos grupos a toda forma de selección y una demanda utópica por reemplazar cualquier prueba por un acceso irrestricto. Lo que, sin embargo, no se hace cargo de la cuestión de fondo, sobre cómo priorizar y definir quiĆ©nes ingresarĆ”n en los cupos disponibles. Tras varios aƱos de conocerse estas falencias, el traspaso de la administración del sistema de admisión al Mineduc ha llevado a que por fin se tomen medidas, pero Ć©stas requieren gradualidad. Es asĆ como el actual proceso implementarĆ” una prueba de transición hacia la evaluación definitiva en 2023.
La preocupación por una admisión mĆ”s justa no puede justificar cambios de forma irreflexiva. La Ćŗnica forma de favorecer a los mĆ”s desaventajados es multiplicar los esfuerzos para que lleguen mejor preparados a la educación superior, con las competencias que no solo les aseguren poder acceder, sino mantenerse y estar a la altura de las exigencias que Ć©sta impone. Ello pasa por mejorar la enseƱanza en el aula, tarea difĆcil en tiempos normales, pero mĆ”s aĆŗn con las escuelas cerradas por los recurrentes paros y ahora por la pandemia. Mientras no se avance con decisión hacia allĆ” e incluso se torpedee ese objetivo con iniciativas cosmĆ©ticas que solo se entrometen y dificultan la labor de las escuelas, ningĆŗn sistema permitirĆ” alcanzar mayor equidad en el acceso a la universidad; asĆ como tampoco lo harĆ” la eliminación de las mediciones, que lo Ćŗnico que lograrĆa serĆa un exceso de demanda que a la larga tendrĆa que acomodarse mediante otros mecanismos, seguramente menos confiables que la propia PSU.
Columna de MarĆa Paz Arzola, Coordinadora del Programa Social, publicada en La Tercera.-Ā