NO HAY CINCUENTA HOMBRES JUSTOS

Sólo dieciocho diputados votaron contra el segundo retiro de fondos desde las AFP. Se cumplió así la sentencia bíblica, cuando Abraham rogaba a Dios que no destruyera la ciudad ante el pecado de Sodoma y Gomorra si hubiere tan sólo cincuenta hombres justos. Y no los había.

¿Cómo es posible que una política pública que todos los expertos califican como deficiente y dañina sea aprobada por esa mayoría? La respuesta hay que buscarla, a mi juicio, en dos lados. El primero es indagar cuáles son los incentivos que el sistema político que tenemos entrega a los hombres e instituciones que participan en los asuntos públicos. El segundo es ya harina de otro costal y dice relación con la materialidad de la que están hechos los hombres y mujeres que tienen la responsabilidad de tomar estas decisiones.

Cuando se eliminó el sistema electoral binominal que nos regía, al que muchos culpaban de todos los males, éste fue reemplazado por un sistema proporcional. No era cierto que el binominal favoreciera a la derecha; de hecho, convenía a las dos grandes coaliciones y su gran virtud fue darle gobernabilidad al país y a los partidos políticos. Requería algunos cambios que introdujeran mayor competencia, pero el que se hizo fue muy dañino. Según Ackerman la forma más tóxica de división de poderes es la combinación de un presidente popularmente electo y un Congreso elegido con un sistema proporcional. El cambio provocó fragmentación (diputados del 1%), proliferación de partidos e incentivó liderazgos personales y caudillismo sin una mirada nacional a la política, lo que debilitó a los partidos y especialmente al centro. Esto, que se advirtió en la discusión, es precisamente lo que ha ocurrido en Chile en el último tiempo, llevando a los partidos políticos a una total irrelevancia. Los liderazgos en el Congreso chileno, que existieron y eran de buen nivel, han sido reemplazados por espectáculos degradantes de parlamentarios que están más cercanos al mundo de la farándula que al de la política. La degradación de la política chilena ha sido muy grande.

El gobierno ha contribuido también a esta degradación. Desde que fue amenazado por la violencia cada vez agrega más elementos para agravar este cuadro. En lugar de ejercer un liderazgo en la derecha premiando a quienes son leales a su ideario, premia a quienes no mantienen sus posiciones. Luego da la razón a los adversarios. Y lo que es más grave, renuncia a sus fueros y atribuciones al no recurrir al Tribunal Constitucional cuando la institucionalidad es sobrepasada. Los resquicios de la oposición para burlar la Constitución han sido validados por un gobierno débil.

Así, los parlamentarios oficialistas están abandonados a su suerte y para peor, amenazados por temores alimenticios como dice un prestigiado columnista. Por eso no hubo cincuenta justos.

 

Columna de Luis Larraín, Presidente del Consejo, publicada en La Tercera.-