EL ESTADO COMO PROMOTOR DE LA LIBERTAD

Una parte central del rol del Estado es permitir el ejercicio de nuestras libertades. Proteger el derecho a la vida, la igualdad ante la ley, el derecho de propiedad, la libertad de expresión, por mencionar algunos, son libertades humanas esenciales en las cuales el Estado cumple un papel fundamental.

Pero siempre se le debe exigir al Estado, a quien los ciudadanos entregan autoridad y con ello ceden parte de su libertad, tener presentes los espacios de libertad a los que la sociedad en su conjunto renuncia para que éste pueda ejercer su rol. Es decir, cuando hablamos del rol del Estado en la economía o bien en la sociedad en su conjunto, la primera pregunta que uno se debe hacer es a qué libertad se está renunciando o bien limitando al entregarle nuevas funciones, atribuciones y espacios en los cuales ejercerá su autoridad.

Cuando hablamos de orden público o de campañas de vacunación obligatorias, por ejemplo, la respuesta es más bien evidente y unánime. Pero cuando hablamos de la libertad de elegir entre educación pública y privada o bien a qué doctor acudir en caso de enfermedad, ahí la respuesta ya no es tan unánime. Están los que plantean que, en estos casos, el poder adquisitivo de las personas limita las posibilidades de poder ejercer esa libertad y por ende quienes no tienen los medios no tienen la posibilidad de elegir.

En consecuencia, como hay un sector de la población que por falta de medios no puede elegir libremente, se busca restringir o más bien eliminar esa libertad. Pero el rol del Estado, en vez de restringir libertades, más bien debe entenderse como generador de condiciones para que más personas puedan efectivamente tener la posibilidad de elegir.

Es decir, que no sean los medios materiales los que determinen si las personas gozan de mayor o menor grado de libertad. Para ilustrar este punto tomemos el ejemplo del derecho que hoy está consagrado en nuestra Constitución en cuanto a la posibilidad de elegir el sistema de salud, ya sea estatal o privado.

Se ha argumentado que como sólo una minoría puede financiar el acceso al sistema privado de salud, más bien se debiera avanzar hacia un sistema único, universal y estatal. Este tipo de propuestas, precisamente lo que hacen es restringir aún más libertades de las personas. Se estaría más bien agravando el problema quitando aún más las libertades. Más bien, en lo que se debe avanzar es en medidas que permitan que aquellos que hoy están cautivos de los servicios públicos de salud tengan la capacidad de elegir.

De lo contrario se estaría agudizando el problema de falta de libertad. Situación similar también se aplica al ámbito de la educación. El contar con colegios y universidades privadas amplía la libertad de elección de las familias, el Estado debe generar las condiciones para que los distintos sectores de la sociedad puedan hacer uso de esa libertad, así como también el que se cuente con la información necesaria para hacer un buen uso de esa ella.

Así, mientras el Estado ejerce su autoridad, siempre debe tener presente el respeto a la libertad de las personas. En reiteradas ocasiones la falta de libertad se utiliza como argumento para restringirla aún más. Pretender por parte del Estado solucionar la falta de libertad con mayores restricciones al ejercicio de ella, sólo agrava el problema que se quiera abordar.

 

Columna de Bettina Horst, Directora de Políticas Públicas, publicada en el Diario Financiero.-