La apariciĂłn del SARS-CoV-2 y la forma como los gobiernos han intentado controlarlo -con confinamientos masivos de gran parte de la poblaciĂłn mundial- han provocado una caĂda en la actividad econĂłmica que por su velocidad, magnitud y sincronizaciĂłn no tiene precedente histĂłrico. Con poca diferencia de tiempo se inicia en China, sigue en Europa, luego Estados Unidos y finalmente en LatinoamĂ©rica.
Pero, asĂ como la caĂda fue rápida, tambiĂ©n lo está siendo la recuperaciĂłn. En la medida que las restricciones se moderaron, la economĂa mundial iniciĂł con fuerza su recuperaciĂłn desde mediados de abril.
China y parte de Asia, Europa y EE.UU., en ese orden, dejaron ya atrás el punto más bajo.
A diferencia de otras oportunidades -la crisis financiera del 2008- el sector servicios ha sido más afectado que la producción de bienes. Ello no es extraño si pensamos que los servicios requieren en mayor medida de contactos entre personas, contactos que se han buscado minimizar. A nivel global y empujado por un renovado ánimo de los consumidores, el gasto en bienes ya se ha acercado a su nivel precrisis. En China, por ejemplo, las ventas del retail ya lo han superado y, sorprendentemente, la demanda externa de sus productos ha mostrado gran resiliencia.
En EE.UU., que tiene el sistema laboral más flexible dentro de los paĂses desarrollados, 22 millones de personas perdieron sus empleos en pocas semanas, sin embargo, la economĂa norteamericana ya ha creado casi 8 millones de nuevos empleos entre mayo y junio. La fuerza de trabajo alcanzĂł a 160 millones de personas, lo que equivale a un 61,8% de la poblaciĂłn. La desocupaciĂłn llegĂł a 11,1% aun cuando hasta hace poco se temĂa llegarĂa a 20%. Está lejos todavĂa, eso sĂ, del 3,5% de febrero pasado.
Las noticias sobre nuevos brotes del virus -si bien llenan las páginas de la prensa- no debieran significar que se volverá a perder lo recuperado, sin perjuicio que veamos algunos retrocesos en el proceso de desconfinamiento. Se ha aprendido lo suficiente del virus como para enfrentarlo de mejor forma. Hay diversas experiencias, como las de Singapur, Corea y Taiwán, que lo han contenido sin ordenar la prisiĂłn domiciliaria de su poblaciĂłn por perĂodos extensos y que podrán mantenerse asĂ en espera de una vacuna. Varias de ellas ya están en etapa de prueba clĂnica.
Suecia, por su parte, optĂł por informar a la poblaciĂłn y prohibir solo ciertas actividades masivas. Su evoluciĂłn no es tan distinta, o incluso mejor, que la de otros paĂses con medidas más extremas como BĂ©lgica, Inglaterra o Francia.
Al menos en los paĂses desarrollados, cerca del 50% de los fallecimientos ha ocurrido en hogares de ancianos. En Suecia y Nueva York fueron particularmente afectados. Las pĂ©rdidas de recursos y de calidad de vida, debido a los confinamientos masivos, han sido tan gigantescas, que solo una fracciĂłn mĂnima de ellas habrĂa bastado, con preparaciĂłn suficiente, para evitar esas tragedias.
Sin duda que la recuperaciĂłn ya iniciada no podrá ser plena, aunque las estrategias de contenciĂłn hayan mejorado, mientras la poblaciĂłn mundial -sea por vacuna o contagio- no tenga una inmunidad similar a la que tiene para otros patĂłgenos. Al turismo masivo, a los eventos, a los deportes que atraen multitudes, a los gimnasios y casinos, a las discotheques, les tomará tiempo volver al nivel precrisis mientras ello no ocurra. Pero no olvidemos que las personas desean la convivencia social y les entusiasman dichas actividades, de modo que sin duda estarán de vuelta. La vida de aislamiento y claustro no es para las grandes mayorĂas.
Para aquellos paĂses que no sufran cambios profundos institucionales o el desmantelamiento de empresas y organizaciones productivas como consecuencia de la crisis, el momento actual será visto a poco andar como un episodio muy amargo pero superado. No olvidemos el contexto, eso sĂ, de que en el mundo fallecen 150 mil personas al dĂa. El promedio de pĂ©rdidas de vidas por el Covid-19 de enero a mayo alcanza 2.200 al dĂa; por SIDA fallecen 2.600 personas diarias y de cáncer, 26 mil; mientras por problemas cardiovasculares, 50 mil.
La experiencia indica que las innovaciones tecnolĂłgicas –como lo es la tecnologĂa de informaciĂłn– decepcionan en el corto plazo, al compararlas con el impacto que se esperaba de ellas, pero nos sorprenden favorablemente en el largo plazo. Probablemente ello se debe a la incapacidad de las personas e instituciones para adaptarse en forma rápida. Parece evidente que ese proceso de aprendizaje se acelerĂł por lo vivido en los meses recientes y ello permite una mirada optimista sobre el avance futuro de paĂses que emerjan institucionalmente intactos de este duro perĂodo. Ello será más fácil para quienes como EE.UU., con una gran flexibilidad laboral, tendrán parte del camino avanzado para reestructurar su aparato productivo.
El gran riesgo, cuyas consecuencias humanas puede ser inmensamente mayor al paso del SARS-CoV-2, es que las naciones, como consecuencia de la crisis, tomen rumbos equivocados. Latinoamérica lo hizo luego de la depresión de los años 30. Los comunistas aprovecharon las dificultades de la post guerra para capturar a Europa del Este.
Hoy se vislumbran intentos de ese oportunismo polĂtico tanto en el mundo como en Chile. EE.UU., que vive un proceso electoral, sufre la embestida de un ala rupturista y vociferante que reivindica las polĂticas de izquierda extrema y que están controlando la agenda del partido demĂłcrata y de su candidato. Grupos organizados y violentos, simbolizados por “Black Lives Matter”, han irrumpido con fuerza y potenciando la intolerancia que ya se vislumbraba en la sociedad. Como dice el gran pensador y economista de raza negra, Thomas Sowell, no les importa la suerte de los de su raza. Solo el poder. Insisten en los mismos planteamientos errĂłneos que luego de 55 años de la guerra contra la pobreza lanzada por el presidente Johnson y 20 trillones de USD, no lograron ningĂşn avance. En los 15 años anteriores la pobreza se habĂa reducido a la mitad. Su intolerancia es tal, que a Clarence Thomas, tambiĂ©n de raza negra y miembro de la Corte Suprema, le dijeron que habĂa olvidado que ya no era esclavo y que la suya era la vida negra que no importaba. Todo ello por el contenido de uno de sus fallos. Por lo relevante de la economĂa norteamericana en el mundo, y por el pueblo americano mismo, es de esperar que una vez más ese paĂs evite precipitarse por el rumbo equivocado.
En Chile hace ya un largo tiempo se ha generado una coaliciĂłn que tiene por regla el oportunismo. No son siempre los mismos, aunque si cuentan con un nĂşcleo organizado que tienen un propĂłsito preciso y una estrategia clara. Están intentando marcar la agenda y el rumbo del paĂs. Los desĂłrdenes de octubre y el colapso econĂłmico generado por la cuarentena le han dado a su modo de ver una chance que no quieren dejar pasar. A sabiendas que empeora las pensiones, tema que constituye una de sus banderas emblemáticas, pretenden iniciar la disoluciĂłn del ahorro personal y con ello, la eliminaciĂłn de un instrumento esencial, que explicĂł buena parte del progreso pasado de Chile. Argentina lo hizo en los 2000; obviamente los pensionados no se beneficiaron, salvo aquellos bien conectados. El paĂs se empobreciĂł y la sociedad pasĂł a ser más dependiente de los polĂticos de turno.
Si bien este es uno de los intentos más graves, hay una cantidad enorme de normas, reglas y leyes vigentes o en trámite, que tienen este mismo sello. Pretenden engañar a la sociedad con promesas que supuestamente no tienen consecuencias ni costos, pero que más temprano que tarde terminan perjudicando a todos.
En la citada coaliciĂłn hay al menos tres grupos. Los que tienen una visiĂłn que busca concentrar el poder en ellos en forma totalitaria como Cuba o Venezuela. Los que sienten que, en un paĂs empobrecido masivamente, serán capaces de tener una clientela electoral basada en prebendas y subsidios y, por Ăşltimo, los que se están acostumbrando a mirar las encuestas y votar en consecuencia. Debieran percatarse que la agenda y las preguntas en las mentes de los ciudadanos que orientan esas encuestas, las determina el primer grupo señalado y son, en ese sentido, un compañero de conveniencia temporal para ellos. Si el proceso avanza, sin duda serán los primeros damnificados. Es indispensable que la dinámica antes descrita no continĂşe como hasta ahora. Con la violencia y el virus el paĂs se empobreciĂł y todavĂa lo sigue haciendo. Los lĂderes le deben a los ciudadanos facilitar el progreso acelerado y no promesas vanas, para una poblaciĂłn que ve sus esperanzas cada vez más distantes y difĂciles de conseguir.
Columna de Hernán BĂĽchi, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-Â