Esta semana la sala de la CĂĄmara de Diputados aprobĂł en general la reforma constitucional que permitirĂa retirar una parte del ahorro para la vejez en la emergencia. Pero en realidad, era evidente que lo que se debatĂa eran las bases del desarrollo econĂłmico y democrĂĄtico chileno. Y la polĂtica no estuvo a la altura e hizo gala del deterioro extremo en el que se encuentra el nivel de la discusiĂłn en Chile. El jueves muchos se preguntaban quĂŠ le habĂa pasado a la derecha y cĂłmo era posible este nivel de desorden en el oficialismo. Y es cierto, es incomprensible y demuestra que se requiere un profundo cambio de estrategia y liderazgos.
Pero la pregunta que debemos hacernos es anterior y trasciende a un determinado sector ÂżQuĂŠ pasa con la democracia en Chile? ÂżEn quĂŠ momento perdimos el respeto por el Estado de derecho? ÂżEn quĂŠ momento la polĂtica se creyĂł tan soberbia que estimĂł que podĂa tomar decisiones de espalda a la evidencia y haciĂŠndonos pagar los costos a los ciudadanos? ÂżCuĂĄndo dejamos de empujar juntos el carro del crecimiento que es el que brindarĂĄ mayores oportunidades y justicia social?
La evidencia respecto a la importancia de estas materias para el desarrollo de las naciones es contundente y no deja lugar a dudas. Los ciudadanos ganan en libertad cuando los poderes del Estado no se pasan de la raya y cuando sus decisiones se fundamentan en la razĂłn. Asimismo, cuando un paĂs crece ganan todos pues disminuye la pobreza y aumentan las oportunidades para la clase media. Chile es la viva evidencia de aquello. Por eso me cuesta tanto entender que un importante grupo en la izquierda chilena estĂŠ dando constantes explicaciones por lo que hizo y no hizo durante esos 30 aĂąos, a un grupo de jĂłvenes polĂticos populistas y maximalistas que hoy se orientan mĂĄs al caos que al entendimiento en el Congreso. Si traemos a colaciĂłn los datos, veremos que no hay nada de quĂŠ avergonzarse. Es mĂĄs, hay mucho de que enorgullecerse. De ahĂ que resulta inexplicable la vergĂźenza que sienten muchos representantes de la ex ConcertaciĂłn o su falta de agallas para defender lo obrado, falta de coraje que, en todo caso y por estos dĂas, suma varios adeptos en las filas de la derecha.
ÂżQuiere decir eso que tenĂamos la carrera ganada y que no quedan desafĂos por abordar? Evidentemente que no, pero suponer que esos desafĂos se vencerĂĄn arrasando con los pilares anteriores quiere decir que en 30 aĂąos no hemos aprendido nada.
Desde el 18 de octubre, y tal vez desde antes, esos importantes consensos se rompieron. Y hoy, ademĂĄs, se perdiĂł el pudor por guardar si quiera las apariencias al respecto. Tal vez asĂ sea mejor, para que, de una vez por todas nos deje de dar lo mismo lo que pasa en la polĂtica y nos involucremos. Hoy los controles y contrapesos en los que confiĂĄbamos y que por aĂąos sirvieron para contener el populismo y la irracionalidad (que puede surgir de lado y lado), en los hechos, no existen y no existen porque los polĂticos no estĂĄn dispuestos a hacerlos respetar. Hoy al Parlamento le da lo mismo la iniciativa exclusiva del Presidente de la RepĂşblica en las materias de ley que le corresponden y avanza sin mĂĄs en proyectos que suponen cometer sacrilegios contra a la ConstituciĂłn. Y como no, si al final del dĂa nadie se atreve a ir al Tribunal Constitucional. Y si no es por esa vĂa, el Congreso se salta el âproblemita de la iniciativa exclusivaâ presentando reformas constitucionales que van transformando nuestra ConstituciĂłn en un ĂĄrbol de pascua, lleno de materias que no son propias de la Carta Fundamental. Pero bueno, a quien le importa (pensarĂĄn), si total despuĂŠs vendrĂĄ un grupo de sabios iluminados, casi milagrosos que, no obstante elegirse igual que los diputados, redactarĂĄn, en este mal clima que los mismos polĂticos se esmeran por mantener, una eventual virtuosa nueva ConstituciĂłn. Se sabe. Para que hablar del alarmante desprecio de la polĂtica por los datos y por las consecuencias de las decisiones que toman. Hoy pareciera ser que no hay encuentro posible entre la recta del conocimiento y la curva de las decisiones polĂticas. Una verdadera asĂntota, lo que es un desastre para el presente y futuro del paĂs.
Y cuidado, porque los paĂses sucumben. No hay inmunidad para que ello no ocurra. Y hoy la pregunta es si la clase polĂtica y quienes intervienen en el debate pĂşblico, en su conjunto, tienen conciencia de cuan fuerte estĂĄn empujando el carro para que caigamos al vacĂo. Es nuestro rol como ciudadanos hacerles presente que eso no es lo que queremos para Chile y de que no nos representan si hacia allĂĄ se encaminan.
Columna de Natalia GonzĂĄlez, Directora de Asuntos JurĂdicos y Legislativos de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-Â