NO SON TREINTA PESOS, SON TREINTA AÑOS

Estoy en la terraza con vista al mar en el cuarto piso de un estupendo mall en la ciudad de Coquimbo. Mientras espero mi almuerzo, el lugar está muy concurrido, miro a mi alrededor a la gente que departe alegremente en familia disfrutando del paisaje y de la comida que se ve apetitosa y ha comprado a un precio conveniente. Es ahí cuando se me viene a la mente la frase que da el título a esta columna y decido empezar a escribir.

Y es que recuerdo que hace aproximadamente treinta años tomé vacaciones acá, acompañado de mi mujer y nuestros tres hijos mayores. La imagen que se me viene al recuerdo es la de una foto de los tres niños en el asiento trasero del auto, cada uno con un peluche Cariñosito de distinto color. Lo pasamos muy bien, nos bañamos hasta hartarnos en la playa de Peñuelas y visitamos algunos lugares de interés en los alrededores.

Y pienso también que la conurbación que forman Coquimbo y La Serena, que hoy se acercan a Concepción y Viña-Valparaíso en la disputa por ser el centro urbano que sigue a Santiago en importancia,ha tenido un extraordinario crecimiento en estos treinta años. La ciudad que vemos hoy está llena de atracciones, atiborrada de automóviles y frente a la costa se levantan enormes rascacielos que se ofrecen a la venta. Es cierto que la gente está en su mayoría de vacaciones y por lo tanto se ve alegre, pero la sospecha es que el sentimiento que revelaría la frase del título y el tan utilizado concepto de estallido social es más bien un constructo que una realidad social.

Y recurro entonces a la evidencia y compruebo que en treinta años la expectativa de vida al nacer ha aumentado de 73 años a 80, superando a la de Estados Unidos; que la pobreza disminuyó desde el 39% de la población a un 8,6%, que la inflación bajó desde el 22% al 3% y la desigualdad del 0,54 al 0,45 de coeficiente de Gini. Me doy cuenta que la mortalidad de menores de 5 años era de 19 por cada mil nacidos vivos y que hoy llega a 7. Constato que sólo el 35% de los preescolares tenían cobertura educacional y ahora ésta llega al 90%.

Los números concuerdan con lo que veo alrededor mío. Hay algo que no estoy viendo, pienso, que llevó al estallido del 18 de octubre. Algo más complejo que no voy a ser capaz de explicar en una columna. Pero sí hay indicios. El apoyo al gobierno de Piñera venía cayendo fuerte durante el año 2019. Se ensanchaba así una brecha entre las expectativas de tiempos mejores y la realidad, que decía que cada vez más familias chilenas no podían llegar a fin de mes con sus ingresos. Y reviso entonces los ingresos de los últimos cinco años y constato que en promedio el ingreso per cápita ha crecido menos de 1% al año, y ahí uno empieza a tomarle el peso a la acumulación de la frustración y cae en la tentación de reemplazar una simplificación por otra:¡no son treinta años, son cinco años!

Y vuelvo a mirar a mi alrededor y ahí surgen otras ideas. De partida gran número de personas son menores de treintaicinco años. Ellos no vivieron realmente el Chile de hace treinta años, lo conocen de oídas. Y lo que han oído está plagado de discursos de desigualdad, de abusos. Pienso en la cobertura televisiva del 18 de octubre y se me viene a la cabeza la palabra “pacífica”. Que hay desigualdad, la hay. Aunque mucho menor que antes. Que hay abusos empresariales, los hay. Aunque con toda seguridad menos que antes en que la institucionalidad de libre competencia era más débil. Y doy otra mirada y pienso en los que no están acá, en los que están en la Plaza Baquedano o en los que no estudian ni trabajan y la conclusión evidente es que a nuestra sociedad le falta mucho por avanzar.

Un artículo del Wall Street Journal que leí ayer dice que en Estados Unidos los demócratas van a perder si postulan a Bernie Sanders, un redomado anticapitalista respaldado por la prensa y la academia, pero con ideas demasiado radicales y rupturistas para el americano medio.

¿Será esa reflexión trasladable a Chile?, ¿Primará la cordura del que piensa que igual estamos mejor y no vale la pena echarlo por la borda? Son reflexiones de verano sobre pesos, años y otras yerbas que habrá que seguir madurando.

 

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en El Libero.-