FUEROS DE ARTISTAS Y DEPORTISTAS

Esta época estival plena de festivales y eventos deportivos es propicia para reflexionar acerca de los fueros que concedemos a artistas y deportistas. Es curioso, pero con ellos pareciera que nos hacemos un poco los lesos, simulando que concordamos en que tienen una especial sensibilidad social que les lleva a abrazar causas nobles, protestar contra la desigualdad desde sus yates y mansiones y expresar opiniones acerca de todo tipo de cuestiones, científicas, sociales y de otra índole sobre las que no tienen siquiera una idea. Ellos, alentados por sus managers y agentes simulan que es lo más normal del mundo que la sociedad acepte sus pueriles opiniones sobre cualquier tema, como si fueran verdades relevadas.

El grado de hipocresía presente en todo grupo humano permite, por ejemplo, que la maravilla de la música y las letras sublimes de las canciones de Silvio Rodríguez nos lleven a hacernos los lesos frente a su complicidad con la dictadura más antigua del planeta, que por 60 años ha conculcado la libertad de los cubanos y los ha condenado a la pobreza. Es también lo que nos lleva a cerrar los ojos frente a la figura grotesca de Diego Maradona mientras balbucea expresiones incoherentes con total desparpajo, amparado en el recuerdo que tenemos quienes los vimos hacer prodigios con la pelota en una cancha de fútbol.

Son los fueros que, como sociedad, concedemos a los artistas. En la historia de la humanidad las diversas expresiones del arte, visuales, musicales, literarias y otras ejercen la crítica social y algunas se identifican con vanguardias y coquetean con la revolución. Cuál es el aporte que esta complicidad ha hecho en definitiva a la sociedad, es una cuestión debatible. La sospecha, en todo caso, es que la belleza que han creado, esconde entre sus ropajes expresiones mediocres,que por el sólo hecho de declararse vanguardistas y revolucionarias, aspiran al reconocimiento de obras que son de escasa calidad.

Desgraciadamente, al agregarse deportistas y todo tipo de personajes de la televisión a estas categorías opinantes, según parece haber dictaminado nuestra sociedad, los riesgos de mediocridad y contrabando que señalábamos son mayores.

Y aunque nos resignemos a que la policía del pensamiento cultural progresista sea más permisiva que nuestra opinión (somos en eso más realistas que quienes pretenden reemplazar al capitalismo) y debamos tolerar en nombre de la “sensibilidad artística” más basura de la deseable, hay límites que no podemos transgredir.

Y esos límites se trasgreden cuando se llama a asesinar policías o al Presidente de la República o a cualquiera. Eso no lo podemos tolerar y es lo que está pasando en las calles de nuestras ciudades. Ello va más allá de cualquier fuero y la convivencia entre chilenos exige repudiarlo.

 

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-