La riqueza de las naciones

Hace 244 años atrás, Adam Smith publicó el libro con el que titulo esta columna. En rigor el título fue “Una Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones”, lo que es relevante para lo que quiero transmitir. Es el mejor libro de economía que he leído y lo recomiendo vivamente por la notable claridad de sus conceptos. Nos habla de precios, de utilidades, pero también de temas como la provisión de agua o la educación con gran lucidez, por lo cual ha resistido muy bien el paso del tiempo.

Lo traigo a colación porque creo que es muy pertinente para la discusión que hay en Chile sobre nuestra economía. Resalto el título, porque es evidente para la mayoría de los economistas que lo más relevante es cómo y por qué se genera la riqueza. Cómo repartirla, es también un tema, pero como es obvio no podemos repartir algo que no existe. Varias de las cosas que pasan en nuestro país hoy, remiten a estos simples conceptos, lo que constatamos examinando algunas noticias recientes. La Dirección de Presupuestos estima que, durante 2020, Chile perderá como producto del menor crecimiento cerca de 3.000 millones de dólares, más que los 2.400 millones de dólares que pretende recaudar en régimen la reforma tributaria. Subir los impuestos no es una solución mágica, pues los tributos provienen de la actividad económica y si hay escaso crecimiento se recaudarán menos impuestos. Esto podría entenderlo cualquiera, excepto quien no quiera entenderlo.

La discusión sobre el nivel de carga tributaria en nuestro país es legítima, pero no puede ser seria si no nos ponemos de acuerdo en la necesidad de crecer y ese acuerdo no existe hoy día; tanto es así que en los últimos cinco años el PIB per cápita ha crecido menos del 1% anual. Si el país no crece, no habrá más recaudación tributaria.

El año 2020 la situación se agrava: el crecimiento económico es muy difícil de lograr como producto del momento político que vive el país por: a) la incertidumbre que significa la discusión, durante dos años de una Constitución y b) las dificultades para realizar normalmente actividades en el país por la violencia imperante. El Banco Central tiene una estimación de crecimiento en el rango entre 0,5% y 1,5%, pero ya hay consultoras que hablan de caídas del PIB de 1% para este año. El Banco Central estima una caída de la inversión en torno al 5 %, pero ya varios actores privados la llevan a disminuciones del 8 e incluso del 10%. Y esto suena razonable, porque ¿quién va a invertir una cantidad importante de recursos en un negocio durante este año, si no sabemos qué reglas van a regir acerca del derecho de propiedad? En la construcción inmobiliaria se están terminando las obras en curso pero está parado el inicio de nuevos proyectos, por lo cual sólo en ese sector habrá una caída de 40 mil empleos en el primer trimestre. Es lógico si los inmobiliarios constatan que las visitas a salas de ventas han caído a su vez en 40%, pues los eventuales compradores no saben cuál será su situación laboral por lo que una inversión tan importante como una nueva vivienda tendrá que postergarse hasta que haya más certeza.

Se dice que las demandas sociales son impostergables, ¿pero de adonde sacamos los recursos? Más recaudación tributaria no habrá, más deuda pública es un camino acotado pues si sube mucho baja la clasificación de Chile y suben los intereses. El mito que alguna vez un político chileno propuso derogar la ley de la oferta y la demanda. La discusión económica actual, con su voluntarismo, está cerca de eso.

 

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en Diario Financiero.-