No se publican las esforzadas actividades agrĆcolas, industriales, mineras, de servicios pĆŗblicos bĆ”sicos, puertos y aeropuertos. Se omite que grupos organizados humillan, atentan contra la vida y provocan graves daƱos a la integridad fĆsica de los uniformados. Se les desconoce la presunción de inocencia, sus derechos humanos, al debido proceso y a la defensa propia y de terceros, y se les enjuicia por el ejercicio legĆtimo de la fuerza, conforme a la necesidad, gradualidad y proporcionalidad. MĆ”s grave, sin prueba alguna, se extienden a decenas de miles de uniformados los abusos y conductas impropias individuales y condenables, de un nĆŗmero limitado de denuncias, algunas fundamentadas y otras instrumentales y artificiosas. Se las generaliza falsamente, como acciones sistemĆ”ticas, ordenadas por sus mandos y por la autoridad civil. Se apunta a minar y destruir a las instituciones castrenses y de seguridad. Los jefes de las FF.AA. han debido emitir un comunicado para defenderse ante los ataques injustos de algunos polĆticos, comunicadores y activistas.
Durante agotadoras jornadas, ha correspondido a los uniformados disuadir a grupos organizados, resueltos a agredirlos, destruir, saquear, incendiar y apedrear iglesias, el transporte pĆŗblico, establecimientos educacionales, intervenciones de bomberos, servicios para la salud, infraestructura y la propiedad privada. Los siniestros, por miles de millones de dólares, comprometen el empleo, la inversión, el abastecimiento, emprendimiento y el futuro de Chile. Antoine Rivarol, testigo, principal historiador, considerado por Burke como el TĆ”cito de la Revolución Francesa, afirmó que el abandono de los militares no fue una de las causas de la revolución, fue la revolución. Eso lo saben los violentistas y parece no apreciarlo la mayorĆa que respeta el Estado de Derecho. HabrĆa que preguntarse quĆ© suerte correrĆa el paĆs si no contara con las Fuerzas Armadas y de Orden, ahora desamparadas por la sociedad, que elude su responsabilidad: el restablecimiento del orden pĆŗblico no es posible sin su participación, no es una obligación solo de militares y carabineros. Es una obligación de todos, especialmente de los dirigentes polĆticos.
