Dos tercios y 48 horas

Dos guarismos claves para entender el acuerdo que se logró en la madrugada de ayer, veamos por qué.

El Presidente Piñera propuso el martes un Acuerdo por la paz, la justicia y una nueva Constitución. El acuerdo por la justicia avanza. El gobierno subió las pensiones solidarias, estableció un ingreso mínimo de 350.000 mil pesos, todo con un costo anual de 1.200 millones de dólares. Luego el ministro de Hacienda acordó con senadores de la oposición una reforma tributaria que recaudará 2.000 millones de dólares anuales. El foco cambió desde el fomento a la inversión a la recaudación para la agenda social. Complejo, porque el esfuerzo para sostener la inversión en el momento que vivimos es una tarea descomunal y el proyecto no tiene ese foco, pero es lo que se pudo lograr. En todo caso, la agenda por la justicia avanza.

La agenda por la nueva Constitución avanzó vertiginosamente. Alguien puso un plazo, ya nos referiremos a ello, de 48 horas. ¡48 horas para discutir el mecanismo de cambio de la Constitución! Había diferencias: en el Congreso, dijo el gobierno y con plebiscito ratificatorio; Asamblea Constituyente, dijo la izquierda y con plebiscito previo. Surgió una alternativa: Convención Constituyente, la mitad de representantes del Congreso y la mitad elegida por voto popular. Se formó una mesa de negociación en el Congreso con los resultados conocidos. Hay mil detalles para afinar ¿Quiénes integrarán la Convención o Asamblea? ¿Cómo se limitará el número de candidatos? Pero se logra un acuerdo, la agenda por la nueva Constitución avanza.

Y la agenda por la paz. Esa no avanzó hasta ayer. Ni un ápice. De la agenda que planteó el Presidente no se oye hablar. La oposición ni siquiera la ha considerado. ¿Por qué será? El gobierno propuso tres proyectos: anti encapuchados, anti saqueos, anti barricadas. Son las situaciones más acuciantes que vivía la población y los políticos les restaron toda importancia. Se fueron de hacha a la Constitución.

Creo que el objetivo de cambiar la Constitución a través de una asamblea constituyente no se lograba sin violencia. El abogado Jaime Bassa dijo: “Proceso Constituyente en tres etapas: movilización popular, plebiscito y asamblea constituyente”. Hace un par de años, el abogado Fernando Atria fue un poco más rudo: “el problema Constitucional tendrá que resolverse por las buenas o por las malas”.

¿Por qué las 48 horas? ¿Quién puso ese plazo? Por qué esa camisa de fuerza que obligaba a negociar bajo presión ¿Lo pusieron quienes usaron la amenaza de la violencia para llegar a la AC o fue el gobierno?

No sabemos cómo terminará todo esto, pero hay algo en que retrocedimos cuarenta años: se legitimó el uso de la violencia como instrumento de acción política. Lo positivo: los dos tercios para aprobar los contenidos; acuerdos amplios para que la nueva Constitución represente a la mayor parte de los chilenos y también el que los políticos hayan sido capaces de ponerse de acuerdo.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-