Los Intocables

Todos estamos obligados a cumplir las normas que la sociedad impone. Debemos respetar las reglas del tránsito circulando sólo por las vías permitidas, a las velocidades autorizadas, aunque no nos guste. Debemos pagar impuestos, incluso si no estamos de acuerdo con que un tercio de lo que ganamos sea gastado por el gobierno, en lo que digan los honorables parlamentarios que aprueban la Ley de Presupuestos. Si no obedecemos las reglas somos sancionados.

Pero se ha ido normalizando en nuestro país algunos grupos no respeten las reglas. Su actitud pareciera indicar que éstas están hechas para que las cumplan los "giles", no ellos. Ciertos estudiantes están entre ellos. Si bien tienen derecho a protestar y a organizar manifestaciones, en los lugares que las autoridades mirando el bien común, les autoricen; no tienen derecho a ejercer violencia contra otras personas. Es lo que han venido haciendo en el Instituto Nacional, otrora uno de los colegios más prestigiados de Chile, donde agreden a alumnos, profesores, directivos y policías, sin tapujos. Los afectados se encuentran impotentes, no sólo porque se afecta su integridad física y moral, sino además porque están destruyendo una institución que les era muy preciada. La Rectoría y el Alcalde de Santiago, sostenedor del colegio, han pedido el auxilio de la fuerza pública, pero ella se ve superada por la acción de los vándalos que han llegado a incendiar el establecimiento.

Ahora en el Campus Gómez Millas de la Universidad de Chile, estudiantes de la carrera de Trabajo Social han atacado a la alumna Polette Vega, golpeándola e insultándola, simplemente porque se declara partidaria de la centroderecha. En este caso, pese a sus declaraciones de repudio, las autoridades de esa universidad no han tomado acción alguna que permita que la alumna pueda asistir a clases. El Rector Ennio Vivaldi renuncia así a su autoridad y entrega recintos de la Universidad de Chile al dominio de estudiantes violentos. Eso es inaceptable y si no se rectifica, la principal casa de estudios de nuestro país corre el riesgo de seguir la misma suerte del Instituto Nacional.

La última gracia de los estudiantes violentos ha sido alterar el orden en las estaciones del Metro, llamando a evadir el pago, solamente porque hay un alza en la tarifa, moderada pues no supera la inflación y que ni siquiera les afecta a ellos. Varios días de incidentes afectando a millones de santiaguinos, porque estos jóvenes piensan que ellos no están para cumplir las leyes.

Estas acciones no son espontáneas. No son reacciones del pueblo a situaciones que les afectan. Al revés, son agresiones contra los ciudadanos, principalmente los más pobres, que se ven afectados gravemente. Para su realización los violentistas cuentan con políticos que los justifican y alientan y con medios de comunicación que evitan decir lo que todos vemos: si hay extremismo en la política chilena está aquí, no donde otros quieren verlo.

 

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-