La acusación constitucional contra la ministra Marcela Cubillos terminó en lo que tenĆa que terminar: el descrĆ©dito de quienes la concibieron y presentaron. El Partido Socialista, en particular su Presidente Ćlvaro Elizalde y el Senador Carlos Montes, los principales impulsores de la acusación, sufrieron una seria derrota polĆtica al insistir en la estrategia de bloqueo cerrado a la acción del gobierno de SebastiĆ”n PiƱera y en su tesis de que cualquier iniciativa del Ejecutivo que se aparte del legado de Michelle Bachelet debe ser torpedeado furiosamente. Sus instrumentos fueron el diputado Manuel Monsalve, siempre dispuesto a jugar ese rol, y el diputado Juan Santana; quien terminó encabezando el grupo socialista en la CĆ”mara luego que Monsalve, algo habrĆ” olfateado, se hizo a un lado.
La estrategia socialista revela la dĆ©bil consideración que la dirigencia actual de ese partido tiene por las instituciones. Todo vale con tal de lograr una victoria polĆtica. Como tan bien lo expresó LucĆa Santa Cruz: ādesde que la acusación constitucional conlleva una pena, no puede aplicarse sin consideraciones jurĆdicas. No puede haber castigo sin ley. Es de la esencia de la democracia.ā Luego, LucĆa se preguntaba: ĀæhabrĆ” diputados en la oposición con suficiente integridad intelectual y moral?
Los hubo, y de esa manera la maniobra del partido socialista se convirtió en una derrota polĆtica. Es bueno saber que en Chile aĆŗn hay parlamentarios que mĆ”s allĆ” de sus intereses electorales tuvieron la valentĆa de votar en conciencia, analizando de verdad el contenido de la acusación. La verdad es que la presentación no contenĆa fundamento jurĆdico alguno para acusar a la ministra Cubillos. Incluso respecto a algunos de sus acĆ”pites habĆa pronunciamientos explĆcitos de la ContralorĆa y el Consejo para la Transparencia que desechaban la posibilidad de actuaciones ilegales o indebidas. Es una lĆ”stima que el que otrora fuera el principal partido de la izquierda chilena haya llegado a este estado de cosas.
Cuando hace mĆ”s de tres meses se anunció la intención socialista de acusar a Marcela Cubillos, hasta el Frente Amplio, que habĆa tenido algunas caĆdas con intentos similares, fue cauto. Manifestó dudas, y la acusación se fue armando de a partes, agregando nuevos acĆ”pites en la medida en que pasaba el tiempo, como admitiendo que no habĆa fundamentos. Sin embargo, el Frente Amplio terminó mostrando su carĆ”cter amateur en polĆtica. Desde esa posición cauta que revelaba su intención de posicionarse como un actor que no caĆa en los viejos vicios de la polĆtica, terminó con Giorgio Jackson y Maite Orsini convertidos en los principales barrabravas de la acusación.
El PPD, como hace rato lo viene haciendo, estuvo mĆ”s bien ausente como colectividad en la discusión pĆŗblica, aunque todos sus parlamentarios apoyaron la acusación. El senador Quintana, no obstante, Presidente de la CĆ”mara Alta que debĆa actuar de jurado en caso que la acusación constitucional prosperara entre los diputados, se permite decir ahora que los independientes o militantes de partidos que con su voto favorecieron a la ministra son los primeros que tienen que responder. Acto seguido el PPD anuncia que censurarĆ” a la Mesa de la CĆ”mara, que integra el diputado Pepe Auth ex militante de ese partido, por haber rechazado la acusación. Unos que no entendieron nada del carĆ”cter republicano de toda esta cuestión.
La Democracia Cristiana tuvo un rol en la acusación, el diputado Mario Venegas la presentó en la sala y la mayorĆa de los parlamentarios de ese partido la apoyaron, con la excepción de MatĆas Walker y Jorge Sabag, cuyos votos fueron decisivos para rechazarla. El presidente Fuad ChahĆn fue claro en expresar su apoyo, aunque tambiĆ©n seƱaló que defenderĆa el derecho de los diputados de su partido a votar en contra por razones de conciencia. No sabemos con quĆ© motivación, actuó la DC, pero en definitiva jugó un rol ambivalente. Hizo posible el fracaso, pero estuvo tambiĆ©n entre los acusadores. Estuvo a medio camino entonces, pues validó que por razones polĆticas se use este instrumento aunque no haya fundamentos jurĆdicos, pero reconoció la libertad de sus diputados para votar en conciencia.
La torpe actuación del Partido Comunista, que quiso hacer de esta instancia una prueba para la unidad de la oposición, terminó ayudando al oficialismo.
En el gobierno se vio una conducción serena. Una ministra Cubillos sobria en su papel y un gabinete polĆtico encabezado por los ministros Chadwick y Blumel que siempre la respaldó, con el invaluable apoyo del subsecretario Claudio Alvarado.
Pero el mayor triunfador es nuestro sistema polĆtico y nuestra institucionalidad, que con sus defectos y frecuentes yerros, muestran que en instancias decisivas, hasta aquĆ, son capaces de privilegiar los intereses del Estado por sobre mezquinas consideraciones partidistas.
Columna de Luis LarraĆn, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en El LĆbero.-Ā