Estrato medio en Chile: unidad de diferencias

Es un lugar común sostener que la clase media chilena es amplia y heterogénea. Es también un hecho que en el discurso público la mayoría de nosotros nos presentamos como pertenecientes a esa clase. Aun cuando la vida nos haya tratado bien y parezcamos para otros, e íntimamente para nosotros mismos, cercanos al 5% superior, recordamos las dificultades de los orígenes, el esfuerzo de las familias y el de nosotros mismos. Esta actitud es propia de una sociedad con más consciencia de igualdad. No necesariamente porque lo sea, sino porque quiere presentarse a sí misma de ese modo, y ese es el primer paso para lograrlo.

A partir de datos de la Encuesta CEP (con la colaboración de Esteban Muñoz), se puede entender a la clase media -o estrato medio, como prefiero llamarle- algunas veces sin diferencias en sus opiniones respecto de los otros estratos, y algunas veces cercano a uno u otro de ellos. Por ejemplo, la clase media (en general considerada entre 400 mil y 2 millones de pesos como ingreso del hogar y con 12 o más años de escolaridad, entre otros rasgos), no tiene mayores diferencias con los otros estratos en cuanto a su percepción sobre si Chile progresa (32%), está estancado (60%) o en decadencia (8%). Tampoco hay mayores diferencias en cuanto a si el gobierno actúa con firmeza (37%) o debilidad (55%); o si el Presidente da confianza (41%) o no (52%), si resulta cercano (26%) o lejano (69%). En todas estas cifras, el estrato medio no se diferencia mayormente de los otros estratos. Relevante, me parece, es que pocos opinan que Chile esté en decadencia. Aun cuando la mayoría indique que la situación es de estancamiento, el bajo porcentaje de pesimismo abre la posibilidad de actuar cada día con alguna perspectiva de futuro. Igualmente, una mayor desconfianza en el Presidente o su lejanía constituyen estándares conocidos en la política nacional de los últimos tiempos, especialmente durante el segundo año de gobierno.

Donde se observan diferencias es, por ejemplo, en los principales problemas que debiera atacar el gobierno. Para el estrato medio estos problemas son las pensiones (44%), la delincuencia (44%) y la educación (42%). Las pensiones no son tan relevantes para el estrato alto (31%) y la educación no es altamente significativa para el bajo (29%). En la delincuencia todos coinciden con porcentajes similares. En términos políticos, el estrato medio se identifica con la derecha o centro derecha en un 16% (similar al estrato bajo con 14% y lejos del alto con 45%); un 11% se identifica con una posición de centro, más que el bajo (7%) y el alto (2%); y un 18% lo hace con una posición de izquierda o centro izquierda, más que el bajo (10%) y menos que el alto (28%). Un 4% se identifica como independiente (similar a los otros estratos), y un 52% no se identifica con ninguna posición, porcentaje inferior al estrato bajo (67%) y superior al alto (24%). En general, un porcentaje relevante del estrato medio se interesa en cuestiones políticas (39%) y lo traduce en comprensión de ellas (38%); supera al bajo y es inferior al alto en esto.

En cuestiones valóricas, el estrato medio es más proclive al aborto en alguna de sus formas. En ‘casos especiales’, se comporta como el estrato bajo (54% estrato medio, 56% bajo, 37% alto). En relación al matrimonio igualitario, el estrato medio tiene un comportamiento independiente frente a los otros estratos. Un 45% tiene una actitud positiva (ante un 36% del bajo y un 54% del alto) y un 31% tiene una actitud negativa frente al matrimonio igualitario (con un 44% del bajo y un 24% del alto). En cuanto a la eutanasia, los estratos se comportan de modo similar: alrededor del 80% opina que debe estar siempre permitida y alrededor del 15% opina que no debe ser nunca una opción (estrato bajo 18%, medio 13%, alto 16%).

Mientras que la opinión común es que ‘la clase media chilena’ es amplia y heterogénea, los datos muestran que más bien es oscilante en sus preferencias. Esto puede deberse a su amplitud; una separación más fina seguramente indicaría diferencias dentro de este grupo. Con ello puede ser más simple presentar a la ‘clase media’ como deprivada o como emergente, en decadencia o en ascenso, según lo prefiera el observador. Pero lo interesante de un estrato medio que oscila hacia un lado u otro y que tiene preferencias independientes en algunos aspectos, es que se muestra su dinamismo y su reflexividad. Es un estrato en movimiento, que se piensa a sí mismo desde distintas posiciones; no está atado uniformemente a un lugar, a tradiciones o a herencias del pasado, tampoco a una posición política particular o a una semántica necesariamente conservadora o progresista. En este sentido, parece menos ‘clase’ que estrato, y en este sentido también es que puede tener mayor consciencia de que es una unidad de diferencias, como lo son las sociedades modernas.

 

Columna de Aldo Mascareño, Investigador Senior del Centro de Estudios Públicos (CEP), en Revista LyD.