La previsión social es uno de los campos en que la demagogia puede causar mayores estragos a la economĆa de un paĆs y a su gente. La tentación de los gobiernos de financiar las pensiones de los ya retirados con contribuciones (impuestos) cada vez mayores de los trabajadores ha llevado a muchos paĆses a situaciones insostenibles. Grecia, por ejemplo, gasta mĆ”s del 15% del PIB en aporte fiscal a las pensiones y su tasa de dependencia (población mayor de 65 sobre población entre 15 y 64 aƱos) se acerca al 40%. Italia estĆ” en la misma situación. Francia gasta el 12,5% del PIB, Brasil el 11 %, Japón, Alemania y el promedio de la OCDE andan por el 10% del PIB en aportes fiscales, Gran BretaƱa por el 8% y Estados Unidos por el 6%. En todos estos paĆses, la tasa de dependencia aumenta, hasta el punto que el Banco Mundial anticipa un dĆ©ficit de cerca de 400 trillones americanos en sus sistemas de pensiones para el aƱo 2050.
Chile, gracias a la reforma de pensiones de 1980 que eliminó el reparto intergeneracional, ha capeado ese temporal y gasta cerca del 1% del PIB en aporte fiscal a las pensiones. Ante la demanda por mayor nivel de las pensiones que hay en nuestro paĆs, Chile puede aumentar significativamente el aporte fiscal al Pilar Solidario sin provocar una crisis en sus finanzas pĆŗblicas, y eso es lo que hace la reforma que presentó el Presidente PiƱera. Sin embargo, para mejorar las pensiones de la clase media que no estĆ”n en ese pilar, se requiere ademĆ”s un aumento de la tasa de cotización; pues la actual de 10% se ha quedado muy atrĆ”s de acuerdo a cualquier estĆ”ndar internacional y a la realidad demogrĆ”fica. La tentación demagógica que debe evitar Chile es volver a un sistema de reparto, pues ello nos harĆa desandar todo el camino ganado respecto a otros paĆses subsidiando las pensiones actuales mediante la hipoteca de las próximas generaciones de chilenos.
La reforma previsional de Bachelet creaba un ente estatal, CAC, que caĆa en la tentación del reparto intergeneracional con cerca de 2% de la cotización adicional, aunque su diseƱo suponĆa que ese porcentaje irĆa decreciendo en el tiempo para favorecer a los aportantes en un esquema de ahorro colectivo administrado por el Estado. La economĆa polĆtica de una reforma como esta nos indica que es imposible que ese 2% de cotización disminuyera, con lo cual el intento del ministro Rodrigo ValdĆ©s de resistir a la tentación del reparto era poco mĆ”s que un saludo a la bandera.
La reforma inicial de PiƱera no tenĆa ente estatal para administrar las pensiones, ni reparto intergeneracional. El 4% adicional seguĆa yendo a las cuentas individuales de los aportantes y era administrado por empresas privadas, aunque ya no exclusivamente por las AFP. AsĆ las cosas, pese a que uno podĆa criticar la duplicación de costos que significaba no entregar a las AFP la administración del ahorro adicional, y preocuparse porque otros detalles acerca de la supervisión de las administradoras previsionales y la mantención del giro Ćŗnico para evitar conflictos de interĆ©s eran dudosos, al menos se mantenĆa la esencia del sistema: no habĆa reparto y sĆ libertad de elegir para los afiliados.
Sin embargo, la necesidad de negociar con la oposición ha llevado al gobierno a renunciar a algunos de esos principios. La absurda consigna de āNo+AFPā, se cambia entonces por la no menos estĆŗpida āNi un peso + a las AFPā y se crea un āEnteā estatal para administrar las pensiones. Un ente, de acuerdo a una definición aceptada, es una cosa o ser que tiene existencia real o imaginaria. Y asĆ hemos visto que en las Ćŗltimas horas el ente, sin tener existencia real, ya ha mutado y ahora no sólo administrarĆ” el 4% de cotización adicional sino otros seguros que estarĆan contenidos en la reforma de pensiones: el seguro de dependencia ya presentado en la reforma inicial, y otros que el gobierno estarĆa conversando con la oposición. El nuevo nombre del ente serĆa entonces CASS, Consejo de Ahorro de Seguros Sociales.
Desgraciadamente, esta parece ser una negociación sin contornos. Cuando se trata de un tema tan delicado como la seguridad social y se aprecian los estragos que medidas populistas y sin fundamento tĆ©cnico causan en la economĆa de los paĆses, se entiendo por quĆ© esta materia es de iniciativa exclusiva del Poder Ejecutivo. Sin embargo, en el desarrollo de la negociación el gobierno parece no saber en quĆ© puede parar su reforma de pensiones y eso es altamente preocupante.
Columna de Luis LarraĆn, Director Ejecutivo de LyD, publicada en El LĆbero.-Ā