Crecimiento económico: se modifican los pronósticos

No faltan quienes buscan promover sus propias preferencias creando nuevos indicadores para medir el avance de una sociedad. La gran mayoría de esas supuestas innovaciones tienen como un componente importante los deseos de quienes los diseñan y que, de esta forma, buscan imponer su visión a los demás. Sin embargo, las medidas de crecimiento económico siguen siendo la mejor expresión del progreso que la ciudadanía busca.

Lejos de ser un indicador estático, anclado en guarismos que favorecen el exceso de materialismo o consumismo, es esencialmente cambiante y se basa en las preferencias de quienes componen la sociedad. Es fácil constatar que las nuevas generaciones buscan más oportunidades de viaje, esparcimiento, y deportes, mientras que la mayor expectativa de vida de sus padres los hace requerir más servicios de salud y cuidado en la edad avanzada. Así, estas actividades adquieren más relevancia en los indicadores económicos y es su mayor o menor avance el que se captura en el indicador de crecimiento.

Muchos de quienes eligieron nuevamente al Presidente, veían en él una promesa, explícita o implícita, de que aceleraría el progreso. En su anterior mandato logró un avance sustancialmente superior al de su antecesora Bachelet en su primera versión. La economía se expandió a un 5,3% promedio anual, a pesar que debió enfrentar las consecuencias del fuerte terremoto ocurrido en los días previos al inicio de su período.

Esta vez la tarea parece más difícil; al conocerse los datos de expansión económica del primer trimestre, un 1,6%, el Ministro de Hacienda ratificó que esperaba confiadamente que se cumpliera su proyección del 3,5 para este año. Pero hace pocos días, el propio Presidente Piñera moderó ese pronóstico en su cuenta pública a un rango de 3,0% a 3,5%. Más contundente aún fue el anuncio sorpresivo del Banco Central, cuando previo al fin de semana pasado, reduce en 0,5 puntos su tasa de referencia llevándola a 2,5%. Simultáneamente dio a conocer su informe de política monetaria donde rebaja la proyección de expansión económica para este año de un rango de 3,0% a 4,0% a uno de 2,75% a 3,5%. Cabe destacar que algunos analistas visualizan el año con un dinamismo menor al 3%.

La buena noticia es que parte de la justificación para la inesperada baja de tasas, reside en que la autoridad monetaria eleva el crecimiento de tendencia a un rango de 3,25% a 3,75%. Esta nueva apreciación, la menor actividad actual y un ambiente externo en que se discuten rebajas de tasas, explican la sorpresiva acción del Central, que si bien algunos la esperaban, lo hacían pensando hacia fines de año.

Pero no se debe exagerar el optimismo. El leve mayor potencial que el Instituto Emisor observa se debería al efecto positivo de la inmigración reciente -inmigrantes que antes no estaban en el país- y con los que hoy hay que compartir lo que se genera en el territorio nacional. Más aún, debe compartirse también con sus parientes a quienes estos nuevos trabajadores desean ayudar en sus países de origen. A su vez cifras algo superiores al 3% están muy lejos de lo que se dio durante el primer periodo del presidente Piñera, diferencia que es más notable si se expresa en términos per cápita. Recordemos, además, que ese mayor progreso ya era insuficiente ante las expectativas de bienestar que los líderes de opinión ayudan a generar en la ciudadanía.

Finalmente, la acción del Banco Central no debe llevar a la complacencia. Decisiones de políticas monetarias y fiscales pueden ser de ayuda, pero son las acciones reales de emplear, producir e invertir las que definen las mejoras de bienestar y ellas dependen de muchos otros factores. Es en este último plano donde se deben buscar las razones de las mayores dificultades que el Presidente tiene para conseguir lo que de él se esperaba: una aceleración del crecimiento.

Las dificultades no vienen del exterior. Es efectivo que constantemente hay noticias perturbadoras, como la amenaza de frenar el comercio entre México y EE.UU. ante la presión de inmigración ilegal que, como muchas otras amenazas, aparecen y desaparecen. Es cierto que algunas de ellas son de características más permanentes, como la disputa comercial y tecnológica de la Nación del Norte con China; pero el dinamismo y oportunidades de un mundo cada vez más amplio y dinámico -fruto de los cambios tecnológicos- están también allí para que Chile los aproveche.

Es preciso analizar descarnadamente y libre de prejuicios ideológicos o de lo políticamente correcto, los cambios de políticas públicas que el país ha realizado para dilucidar qué hace más difícil emplear, invertir y producir. Ha sido un proceso paulatino, que nos llevó del salto acelerado de los 90 -donde nos ilusionamos con tener el desarrollo ad portas- hasta el letargo actual. El gobierno anterior aceleró la dinámica del deterioro y gran parte de las negativas consecuencias de su estrategia aún están por verse.

Hemos destacado en otras oportunidades múltiples áreas que complican el progreso, como la estrategia tributaria en la que el gobierno actual intenta hacer avances, que aun cuando son a todas luces tímidos, no consigue aprobar. En otras, el deterioro se ha profundizado. El acoso a los emprendedores adquiere una nueva faceta cada día, sea obligándolos a tareas que no les competen, como supervisar delitos o creando delitos nuevos inadecuadamente tipificados. En más de una oportunidad se ha legislado para hacerlos responsables de fraudes o estafas que no pueden controlar.

Pero con la vista puesta en la celebración en Chile del COP 25, vale la pena mirar un aspecto pocas veces mencionado. No es razonable que en un país que está a la mitad de camino del desarrollo, tome años poder iniciar un nuevo proyecto o modificar a veces marginalmente lo existente. Especialmente cuando se cuenta con los derechos de propiedad adecuados y los trabajadores dispuestos a participar. Una supuesta preocupación por el medio ambiente o ciertos teóricos derechos de determinados chilenos, no debieran transformar un proceso técnico, laboral y financiero de por sí complejo en un asambleísmo donde aventajados buscan provecho sin asumir ninguna responsabilidad.

La vida y los seres humanos siempre han modificado el medio ambiente. Es muy probable que el oxígeno, esencial para nosotros, sea una contaminación del ambiente original del planeta tierra producida por las primeras formas de vida. Los seres humanos han vivido en lucha permanente para hacer el ambiente más favorable para su bienestar, y gracias a ello hoy viven miles de millones con una calidad de vida impensada hace no tanto tiempo. El real desafío es modificarlo para bien y no dejarlo estático, que por lo demás nunca lo ha estado.

Para ello la historia muestra que el mejor mecanismo es aceptar la evolución de derechos de propiedad sea de la tierra, el agua, la vista, de áreas de preservación, etc. Tantos como se requieran. Pero mientras ello no se logre, los procesos de asamblea y las obligaciones subjetivas derivadas de un supuesto bien superior, deben ser limitadas en tiempo y alcance. El foco prioritario le corresponde al progreso, apreciado como tal por quienes están dispuestos a comprometer su esfuerzo y sus ahorros.

Probablemente en los próximos meses veremos visitar el país a muchos de los que llevan años haciendo sus particulares lobbies en el tema del cambio climático. Es muy importante no dejarse llevar por propuestas que supuestamente salvarán al planeta, a lo que para muchos líderes políticos les parece difícil sustraerse. En caso contrario, se hará aún más heroico tomar las decisiones necesarias para generar progreso.

Vale la pena recordar que quienes realmente han hecho una diferencia en la calidad de vida de la humanidad, son individuos que están fuera de la luz de los reflectores y que son poco inclinados a las declaraciones grandilocuentes. Si interesa que todos vivan mejor, no debe impedírseles que hagan su tarea.

 

Columna de Hernán Büchi, Consejero de LyD, publicada en El Mercurio.-