Vientos difíciles

Una desazón recorre a los partidarios del gobierno de Sebastián Piñera. Durante la semana pasada una oposición implacable, que con marcadas excepciones sólo persigue el fracaso del oficialismo, negó su aprobación a la idea de legislar en el proyecto de Admisión Justa y luego, en la comisión de la Cámara, nada menos que a la reforma a las pensiones. Sólo la rectificación que la bancada demócrata cristiana bajo el liderazgo del Presidente del partido logró en el caso de pensiones mejoró un poco las cosas, aunque haciendo ceder al gobierno en puntos, como la administración del 4%, que dependiendo cómo se apruebe en definitiva podrían involucrar transacciones que desvirtúan el espíritu del sistema de pensiones.

A esto se han agregado escaramuzas menores relacionadas con los hijos del Presidente Piñera, que además de mostrar la mala leche de algunos opositores, siempre causan daño.

Por ello no cabía esperar otra cosa que el “people meter on line” de la política chilena, vale decir la encuesta CADEM, mostrara esta semana una caída en la aprobación de Piñera que llegó a un 34%.

Los partidarios del gobierno de Piñera entran en alguna contradicción, que refleja su desconcierto: por una parte reclaman porque el gobierno sigue impulsando reformas que, dada su minoría en el Congreso y el parlamentarismo impropio que se ha instalado en la sede legislativa, corre el riesgo que sea rechazadas. Por otra, sin embargo, reclaman a Piñera que cumpla su programa y no transe con la oposición.

El gobierno parece decidido a continuar impulsando iniciativas en relación a la clase media, a La Araucanía y los pueblos indígenas, a la seguridad ciudadana; todas materias de alta prioridad para la población. Muestra así su voluntad de cumplir el mandato que recibió de una amplia mayoría de los electores. En su favor esta vez está el hecho que una parte importante de estas agendas de clase media, indígena y de seguridad ciudadana no requieren aprobación de nuevas leyes.

El Presidente Piñera debe mezclar la habilidad de mantener firme el timón cuando ello se requiere y de desplegar con destreza las velas para evitar cursos de colisión.

Pero hay algo que ni él ni sus partidarios deben olvidar: lo importante es llegar a la meta en diciembre del año 2021, cuando se elija a su sucesor.

En esa fecha es cuando los chilenos elegirán al próximo Presidente y las etapas intermedias siendo importantes, son eso: etapas para llegar a la meta.

Y los opositores a Piñera, aunque algunos parecen no haberse dado cuenta, tienen el mismo punto de llegada. Si en su afán de destruir todo lo que hace este gobierno no allegan agua a su propio molino, de nada les servirá: sólo habrán contribuido a hacer este país un poco más odioso e ingrato para vivir.

Hace unos días atrás se publicó una nueva encuesta, EDO, empresa dirigida por Aldo Cassinelli. El porcentaje de aprobación a Piñera fue de 35%. Nada nuevo bajo el sol, similar a la CADEM. Pero esta encuesta incluía otras preguntas. Consultaba, por ejemplo: “Si hipotéticamente hoy estuviera gobernando … lo estaría haciendo mejor, igual o peor que Sebastián Piñera.”

Los resultados dan: Michelle Bachelet 48% peor y 16% mejor; Alejandro Guillier 53% peor y 12% mejor; Beatriz Sánchez 53% peor y 17% mejor.

Ojo entonces a la oposición, que emporcar la política hace caer barro a todos. De hecho, la propia encuesta CADEM, la Criteria Research, la Adimark, coinciden en que no hay políticos de la ex Nueva Mayoría que tengan intención de voto presidencial significativa.

Y para el gobierno y sus partidarios no olvidar dónde está la meta. Mayor crecimiento económico, combate a la delincuencia y respuestas a las vulnerabilidades de la clase media debieran llevarlo a puerto.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de LyD, publicada en El Líbero.-