Para celebrar

La noticia del fin de semana, repetida durante más de un mes, es el bloqueo en Gran Bretaña y en los Estados Unidos por la disfuncionalidad de sus parlamentos. Los congresistas norteamericanos son incapaces de alcanzar acuerdos sobre gastos presupuestarios y respecto del muro con México. La parálisis legislativa ha desencadenado la suspensión de servicios públicos básicos.

Los parlamentarios ingleses han situado a Gran Bretaña en un abismo. Han sido ineptos para convenir fórmulas de separación de la Unión Europea, el Brexit, aprobado en un plebiscito.

En Chile, en cambio, habría que celebrar el avance en un tema complejísimo, la ley migratoria. Desacuerdos en esta materia han provocado gravísimas crisis, violencia, cambios de gobierno y tensiones internacionales.

Se intenta recuperar el tiempo perdido. La Presidenta Bachelet y el anterior Congreso empantanaron el proyecto de ley sobre extranjería, presentado por el Presidente Piñera en su administración anterior. La mandataria presentó un texto que fue rechazado en su primer trámite. En el intertanto, cientos de miles de extranjeros ingresaron irregularmente sin que el país estuviera preparado para recibirlos e integrarlos. Decenas de miles quedaron indocumentados, expuestos al abandono, pobreza extrema, desempleo y hacinamiento. Muchos retornan a sus países de origen. De haber ingresado con visas y contratos efectivos de trabajo, habrían disminuido significativamente los abusos que han sufrido. Notable es que la Presidenta Bachelet, con esta trayectoria, haya sido nombrada en las Naciones Unidas con responsabilidades sobre los derechos de los migrantes. Así son los organismos internacionales. Desde marzo del año pasado se inició la normalización administrativa y la tramitación del proyecto de extranjería, presentado hace cinco años. El proceso legislativo, hasta ser despachado recientemente por la Cámara de Diputados, ha sido objeto de indicaciones, numerosas votaciones y fue revisado por cuatro comisiones, en más de cincuenta sesiones, durante nueve meses. En lo fundamental, ha contado con un apoyo transversal, con la excepción del Partido Comunista y algunos de sus aliados, a los que no importa volver al desorden, inseguridad e irregularidad migratoria. La oposición comunista es tan ideológica y frontal que rechaza aumentar las posibilidades de trabajo para los extranjeros: se oponen a subir el límite del 15% para sus contrataciones por las empresas. Destacable es que los comunistas son contrarios a la migración. En Cuba no hay libertad para emigrar.

Está pendiente el debate del Estatuto Migratorio en el Senado, el más fundamental: que quienes ingresen a trabajar a Chile cuenten o no con el permiso y la documentación correspondiente para su subsistencia y dignidad.

Igual debemos celebrar. A lo menos, el sistema político está funcionando en esta materia, por ahora. Tan importante como la migración es la integración de los extranjeros y en eso no hay mucho que celebrar. Será materia de otra columna.

Columna de Hernán Felipe Errázuriz, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-