Un 5 de octubre de cara al paĆ­s

El Mercurio

Tuve el privilegio de participar en el primer programa político de televisión abierta, tras 15 años de receso político y prohibición del debate público. 'De cara al país' se inició el año anterior al plebiscito, con el objetivo de contribuir a lograr una votación informada. Estoy convencida de que, como me dijo en su momento un amigo de la entonces oposición, fue un programa que le hizo 'un inmenso forado a la dictadura'. En efecto, cada lunes entrevistamos a representantes de partidos políticos de izquierda, centro y derecha, conocidos y novatos. En esos momentos de tanta polarización, cada semana, según el color de los últimos entrevistados, mis hijos sufrían bullying por tener una 'mamÔ comunista' un día y una 'fascista' a la otra. Fue un programa que en ocasiones alcanzó mÔs de 50 puntos de rating.

El hito mĆ”s notorio fue, sin duda, cuando Ricardo Lagos enrostró, en cĆ”mara, al general Pinochet el ser un 'dictador ambicioso de poder' que querĆ­a aferrarse al gobierno 'para torturar y matar', amĆ©n de otras calificaciones mĆ”s. Contó Raquel Correa, mucho despuĆ©s, en una entrevista, que ella en ese momento pensó que terminarĆ­amos todos en la cĆ”rcel, pero que yo, como habĆ­a vivido en Inglaterra, no sabĆ­a bien lo que eran los riesgos en una dictadura y, por eso, no me habĆ­a alterado ni un segundo. Pocos dĆ­as despuĆ©s nos contaron —y no puedo garantizar si era verdad o leyenda— que el que sĆ­ se habĆ­a alterado mucho esa noche habĆ­a sido el propio interpelado, quien supuestamente habĆ­a ordenado poner soldados en la calle, a lo cual el jefe de zona habrĆ­a respondido: 'Mi general, no hay nadie en las calles. Ā”Todos estĆ”n viendo el programa!'. Pero para mĆ­, y creo que para todos, el programa verdaderamente emblemĆ”tico ocurrió la noche del plebiscito.Ā 

El día anterior, preparando la jornada que se nos venía, Raquel y yo preguntamos qué disposiciones había tomado el canal para escoltarnos tarde en la noche a nuestras casas, pues en nuestra deliberación era posible que hubiera soldados en las calles si ganaba el No y partidarios de la lucha armada si ganaba el Sí. Ese día salí muy temprano a mi lugar de votación y ahí mismo me volvió el alma al cuerpo. Ya había largas colas de personas listas para ejercer su derecho a voto, amables, sonrientes y respetuosas en la mejor tradición democrÔtica. Durante todo el día nos mantuvimos en contacto con amigos en los distintos partidos y el relato era siempre muy parecido. 

Los chilenos, sin distinciones, estaban resguardando por sobre todo la limpieza del proceso mĆ”s que sus propias preferencias; los apoderados de uno y otro lado cooperaban y compartĆ­an sus colaciones. Finalmente la jornada, como escribió un gran escritor psiquiatra, habĆ­a sido una especie de liturgia purificadora. Momentos de angustia hubo, por cierto, a la hora del conteo de los votos, cuando en vez de periodistas al aire se exhibieron diversos y extemporĆ”neos programas. La orden era no referirse a los resultados, aunque por nuestros informantes, Sergio Molina y Ɠscar Godoy, del ComitĆ© por las Elecciones Libres, que nos mantuvieron informados permanentemente del proceso, muy temprano supimos el veredicto final.

Y llegó la hora propiamente de dar Cara al PaĆ­s y, antes del reconocimiento oficial de los resultados, llegaron a los estudios de Canal 13 Patricio Aylwin y Sergio Onofre Jarpa, quienes ahĆ­, ante las cĆ”maras, se fundieron en un largo abrazo de profundo republicanismo, el cual sellaba la voluntad compartida de avanzar a la democracia y que alguien, al otro dĆ­a, comparó con el abrazo en MaipĆŗ de O’Higgins y San MartĆ­n. Y ahĆ­ me atrevĆ­ a preguntar: 'ĀæY quĆ© viene ahora que ganó el No?'. Ello permitió a ambos dirigentes polĆ­ticos estar a la altura de las circunstancias y ofrecer plena tranquilidad a la población. La democracia, a pesar de todos los temores e incertidumbres, habĆ­a ganado. Esa noche, a la una de la maƱana, manejĆ© sola a mi casa por calles desiertas en calma y total tranquilidad.

Columna de LucĆ­a Santa Cruz, Consejera de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-

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