Tuve el privilegio de participar en el primer programa polĆtico de televisión abierta, tras 15 aƱos de receso polĆtico y prohibición del debate pĆŗblico. 'De cara al paĆs' se inició el aƱo anterior al plebiscito, con el objetivo de contribuir a lograr una votación informada. Estoy convencida de que, como me dijo en su momento un amigo de la entonces oposición, fue un programa que le hizo 'un inmenso forado a la dictadura'. En efecto, cada lunes entrevistamos a representantes de partidos polĆticos de izquierda, centro y derecha, conocidos y novatos. En esos momentos de tanta polarización, cada semana, segĆŗn el color de los Ćŗltimos entrevistados, mis hijos sufrĆan bullying por tener una 'mamĆ” comunista' un dĆa y una 'fascista' a la otra. Fue un programa que en ocasiones alcanzó mĆ”s de 50 puntos de rating.
El hito mĆ”s notorio fue, sin duda, cuando Ricardo Lagos enrostró, en cĆ”mara, al general Pinochet el ser un 'dictador ambicioso de poder' que querĆa aferrarse al gobierno 'para torturar y matar', amĆ©n de otras calificaciones mĆ”s. Contó Raquel Correa, mucho despuĆ©s, en una entrevista, que ella en ese momento pensó que terminarĆamos todos en la cĆ”rcel, pero que yo, como habĆa vivido en Inglaterra, no sabĆa bien lo que eran los riesgos en una dictadura y, por eso, no me habĆa alterado ni un segundo. Pocos dĆas despuĆ©s nos contaron āy no puedo garantizar si era verdad o leyendaā que el que sĆ se habĆa alterado mucho esa noche habĆa sido el propio interpelado, quien supuestamente habĆa ordenado poner soldados en la calle, a lo cual el jefe de zona habrĆa respondido: 'Mi general, no hay nadie en las calles. Ā”Todos estĆ”n viendo el programa!'. Pero para mĆ, y creo que para todos, el programa verdaderamente emblemĆ”tico ocurrió la noche del plebiscito.Ā
El dĆa anterior, preparando la jornada que se nos venĆa, Raquel y yo preguntamos quĆ© disposiciones habĆa tomado el canal para escoltarnos tarde en la noche a nuestras casas, pues en nuestra deliberación era posible que hubiera soldados en las calles si ganaba el No y partidarios de la lucha armada si ganaba el SĆ. Ese dĆa salĆ muy temprano a mi lugar de votación y ahĆ mismo me volvió el alma al cuerpo. Ya habĆa largas colas de personas listas para ejercer su derecho a voto, amables, sonrientes y respetuosas en la mejor tradición democrĆ”tica. Durante todo el dĆa nos mantuvimos en contacto con amigos en los distintos partidos y el relato era siempre muy parecido.Ā
Los chilenos, sin distinciones, estaban resguardando por sobre todo la limpieza del proceso mĆ”s que sus propias preferencias; los apoderados de uno y otro lado cooperaban y compartĆan sus colaciones. Finalmente la jornada, como escribió un gran escritor psiquiatra, habĆa sido una especie de liturgia purificadora. Momentos de angustia hubo, por cierto, a la hora del conteo de los votos, cuando en vez de periodistas al aire se exhibieron diversos y extemporĆ”neos programas. La orden era no referirse a los resultados, aunque por nuestros informantes, Sergio Molina y Ćscar Godoy, del ComitĆ© por las Elecciones Libres, que nos mantuvieron informados permanentemente del proceso, muy temprano supimos el veredicto final.
Y llegó la hora propiamente de dar Cara al PaĆs y, antes del reconocimiento oficial de los resultados, llegaron a los estudios de Canal 13 Patricio Aylwin y Sergio Onofre Jarpa, quienes ahĆ, ante las cĆ”maras, se fundieron en un largo abrazo de profundo republicanismo, el cual sellaba la voluntad compartida de avanzar a la democracia y que alguien, al otro dĆa, comparó con el abrazo en MaipĆŗ de OāHiggins y San MartĆn. Y ahĆ me atrevĆ a preguntar: 'ĀæY quĆ© viene ahora que ganó el No?'. Ello permitió a ambos dirigentes polĆticos estar a la altura de las circunstancias y ofrecer plena tranquilidad a la población. La democracia, a pesar de todos los temores e incertidumbres, habĆa ganado. Esa noche, a la una de la maƱana, manejĆ© sola a mi casa por calles desiertas en calma y total tranquilidad.
Columna de LucĆa Santa Cruz, Consejera de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-
