En una semana más asume el nuevo Gobierno y como todos, al asumir, enfrenta el desafĂo de estar a la altura de las esperanzas de quienes lo respaldaron. En esta ocasiĂłn el desafĂo es mayor. El vuelco favorable en las expectativas econĂłmicas fue muy relevante desde el momento en que se percibiĂł que el actual Presidente electo triunfarĂa. Al concretarse definitivamente con el resultado de las elecciones, ese giro en las expectativas se consolidĂł y se hizo aĂşn más profundo.
La economĂa está dando signos de salir del estancamiento en que la sumiĂł el gobierno saliente favorecida por el mejor ánimo de emprendedores, trabajadores y consumidores. Si desde su inicio la nueva administraciĂłn da muestras claras de querer revertir el desfavorable ambiente para el progreso creado estos Ăşltimos años, este proceso de mejorĂa se acelerará, dando origen a un cĂrculo virtuoso.
Si por el contrario, no muestra claridad y decisiĂłn en su actuar, este impulso se revertirá y le será aĂşn más difĂcil relanzar a Chile al desarrollo.
La economĂa mundial sigue dando muestras de fortaleza. Este trimestre el crecimiento superará el 4% a precios de paridad de compra. Si bien hemos visto caĂdas importantes de los valores bursátiles y una mayor volatilidad, Ă©stos siguen muy superiores a los existentes doce meses atrás. Estas reacciones reflejan la incĂłgnita sobre cĂłmo las autoridades monetarias administrarán el paso desde medidas expansivas y bajas tasas hacia una fase de mayor normalidad. El PagarĂ© del Tesoro Americano a 10 años ha bordeado el 3% de interĂ©s anual, más de medio punto que hace un año. Las recientes declaraciones del nuevo presidente de la Reserva Federal indican que la FED entrĂł en una etapa de normalizaciĂłn y el mercado visualiza hasta cuatro alzas de sus tasas para este año. Pero más allá de estas incertidumbres, que siempre ocurren en la vida real, el ambiente externo continuará favorable para la economĂa chilena. El cobre ha estado volátil pero se mantiene sobre los 3US$lb, y la apreciaciĂłn del peso refleja en parte el interĂ©s de los inversionistas.
No obstante, ni expectativas positivas ni un mejor ambiente externo, liberan al próximo gobierno de su obligación de crear un ambiente favorable al progreso. De lo contrario, las expectativas se revertirán y sabemos que el entorno externo nunca es suficiente para asegurar mejoras permanentes de bienestar. La Venezuela de Chávez y su bonanza petrolera, es una prueba de ello.
El gobierno actual ha hecho muy compleja la tarea de detener la decadencia. Reconoce el magro desempeño de su gestión, pero dice haber creado derechos que aseguran un mejor futuro.
Ese lenguaje recuerda a los regĂmenes comunistas, con constituciones plagadas de derechos, pero donde la dura realidad los enfrentĂł a un progreso que nunca llegĂł. Si la Presidenta Bachelet cumple su curiosa promesa de enviar, en la Ăşltima semana de su gestiĂłn y a un Congreso que tambiĂ©n se renueva, una Reforma Constitucional veremos si esta semejanza de lenguaje es más profunda que lo que parece.
Las buenas intenciones mal ejecutadas y guiadas por una visiĂłn utĂłpica, son muy costosas. En su primer gobierno la Presidenta nos heredĂł el Transantiago. SĂłlo una economĂa que tenĂa aĂşn una importante dosis de vigor pudo soportar sus costos, castigando de paso las posibilidades futuras de bienestar. Lo que hoy pretende legar es un lastre mucho mayor. No comprender esta realidad o paralizarse ante a la demagogia con que se le defiende, no es opciĂłn ya que el paĂs sufrirá y el nuevo gobierno pagará un alto costo polĂtico.
Los cambios tributarios de esta administraciĂłn buscaron maximizar los recursos en manos de la burocracia. Más aĂşn, le entregaron a Ă©sta facultades desproporcionadas y transformaron a los contribuyentes en enemigos del Estado, a quienes se les acosa en lugar de tratarlos como clientes y actuar en colaboraciĂłn para el mejor cumplimiento en el pago de sus tributos. Los datos muestran que a pesar de la extorsiĂłn  de los contribuyentes, la recaudaciĂłn obtenida no compensa el menor crecimiento de la economĂa.
Lo que se requiere es una visiĂłn nueva y no sĂłlo un cambio menor. El monopolio de opiniĂłn de la OECD, guiado por las necesidades de una Europa desesperada para poder mantener un Estado de Bienestar que la asfixia, no debe ser una guĂa en estas materias. Un mundo que requiere empresas mĂłviles e innovadoras para avanzar, necesita Estados que se financien a travĂ©s de alternativas compatibles con aquello. El Gobierno debe tener el valor de enfrentar a sus ciudadanos directamente para cobrarles impuestos, sin llenar de burocracia a los que producen la riqueza y sin transformarse tampoco en un estado policial, que puede vulnerar los derechos más básicos de las personas en una democracia liberal.
Los profesores requieren sueldos, las aulas exigen inversiones. La educaciĂłn no es gratis, aunque nos gustarĂa. La pregunta es quiĂ©n debe pagar en mayor o menor proporciĂłn sus costos. Esa es una decisiĂłn compleja y lo que deja el gobierno actual es engañoso. No enfrentar la realidad no es una alternativa si se quiere avanzar con justicia.
Pero más grave aĂşn es que, con la utopĂa de la gratuidad como emblema, se han sentado las bases para estatizar y burocratizar la enseñanza. Es cierto que la educaciĂłn sienta las bases del progreso. Pero tambiĂ©n es cierto que abundan los ejemplos en que grandes esfuerzos financieros terminaron en resultados nulos o negativos. La herencia que hoy se recibe asegura que los esfuerzos futuros no serán fructĂferos. Es de esperar que exista el valor para mirar de nuevo todo lo mal actuado en los distintos niveles de enseñanza. En este ámbito, las consecuencias no serán inmediatas, pero la inacciĂłn tendrá efecto por generaciones.
Basta mirar al otro lado de la cordillera para tener un ejemplo vĂvido de que ni los monopolios sindicales, ni las legislaciones laborales supuestamente protectoras, benefician a los trabajadores. Si ese fuera el caso el trabajador medio argentino tendrĂa los mejores sueldos y condiciones laborales del planeta. Desgraciadamente no es asĂ. No es posible avanzar, en un mundo cambiante, si un emprendedor no tiene flexibilidad para acordar formas de trabajo voluntariamente. Tampoco si debe enfrentar permanentemente la amenaza de una extorsiĂłn. Un grupo de trabajadores no debieran poder paralizar una empresa, dañar un capital cuantioso y perjudicar a los consumidores si existen muchas formas de continuar produciendo. No es efectivo que los sindicatos mejoran las remuneraciones. Son un buen canal para acordar alternativas de operaciĂłn o relacionarse en forma amigable. Pero los salarios sĂłlo crecen si el paĂs progresa y Ă©ste no lo hará con legislaciones fundadas en la lĂłgica del enfrentamiento y favoreciendo el monopolio.
Existen muchos otros aspectos que deben abordarse, como mantener un medio ambiente amable al ser humano sin impedir el progreso. Encontrar sin sesgos ideolĂłgicos una manera de resolver el complejo problema de la salud, evitando costos crecientes y haciendo responsables a los individuos de las consecuencias de sus decisiones.
Lo que quisiera el gobierno saliente es paralizar la administraciĂłn que asume dentro de dĂas. Algunos porque equivocadamente creen en su utopĂa de derechos. Otros porque simplemente saben que, si lo logran, a corto andar verán que su adversario polĂtico es derrotado.
El nuevo gobierno no puede abordar toda su inmensa tarea en forma inmediata, pero si quiere mantener viva la esperanza de quienes lo llevaron al poder, debe encontrar la manera de demostrar que tiene la claridad y el valor para empezar.
Columna de Hernán Büchi, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-