Un nuevo rumbo

Conforme se acercan las elecciones presidenciales, se encumbran las expectativas sobre el nuevo rumbo que Chile puede emprender a contar del próximo año. Los indicadores de percepción económica, las cotizaciones bursátiles y la demanda de ciertos bienes ya anticipan que, bajo una conducción experta, podremos aprovechar bien los vientos favorables que comienzan a soplar desde el resto del mundo.

El programa "Construyamos Tiempos Mejores para Chile", que ha presentado el ex Presidente Sebastián Piñera, traza una ruta que puede hacer retomar a Chile la carrera del desarrollo. Sus rivales de la izquierda se debaten en medio de profundas divisiones. Mientras la candidata DC habla de crecimiento económico, destaca el rol de los emprendedores y propone un amplio plan de infraestructura mediante concesiones, desde el Frente Amplio postulan retrocedernos al estatismo de los años sesenta, con la nacionalización de empresas, impuestos expropiatorios, sistema previsional de reparto, altas barreras aduaneras e incluso el desvencijado CIPEC manipulando el precio del cobre. Comprensiblemente, el senador Alejandro Guillier, que aspira aunar esas fuerzas en una eventual segunda vuelta, guarda un elocuente silencio programático.

Piñera plantea una actualización del exitoso modelo de economía social de mercado que nos ha regido por más de tres décadas y cuya fuerza motriz es la libertad personal. Se propone dinamizar la inversión, la productividad y la generación de empleos, impulsando el emprendimiento mediante una batería de iniciativas antiburocracia y pro libre competencia.

En lo social, se propone fomentar el acceso a la educación preescolar mediante un sistema de "vouchers" y fortalecer la protección hacia la clase media, ante enfermedades catastróficas, vejez y otros estados de necesidad. Ha levantado polémica el comentario del historiador Mauricio Rojas en cuanto a que ello supondría "un conflicto con las ideas de los Chicago". Si bien en condiciones de estrechez económica, es justo y eficiente privilegiar la "focalización" de los escasos recursos públicos hacia los más pobres, a medida que la economía progresa, extender los sistemas de seguro a otras contingencias distintas de la pobreza y disponer mecanismos de "subsidio a la demanda" para atender necesidades básicas, no es en absoluto reñido con las enseñanzas de esa escuela.

El programa de la centroderecha es fiscalmente responsable. Sus iniciativas tienen un costo estimado en US$ 14.000 millones para el cuatrienio. En una economía que crece, ello es perfectamente financiable con una administración eficiente y austera del gasto público. Requiere, por ejemplo, un ahorro de 2,5% del actual presupuesto. Tras su incremento de 23% durante los últimos cuatro años hay allí abundante paño que cortar.

 

Columna de Juan Andrés Fontaine, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-