Un Congreso nuevo y de geometría variable

Un nuevo esquema de gobernabilidad se deberá fraguar en Chile a la luz de los resultados de las recientes elecciones parlamentarias y presidenciales. La estructuración de dos grandes bloques políticos monolíticos y antagónicos es hoy parte del pasado.

El nuevo mapa del poder legislativo debe trazarse siguiendo una geometría que es variable, con múltiples bifurcaciones y vectores programáticos difíciles de alinear bajo un mismo patrón de referencia. 

Por de pronto, el amplio arco de la izquierda parece desmembrado en a lo menos tres identidades. Una primera, frenteamplista, revisionista y crítica del modelo de transición política que está impregnado en las paredes, pasillos y la memoria del Congreso Nacional. A este hemiciclo, de la mano del envión electoral de Beatriz Sanchez y del peso específico de sus referentes como Vlado Mirosevic, Giorgio Jackson y Gabriel Boric, entrará una bancada parlamentaria de 20 diputados, a quienes se suma en el Senado Juan Ignacio Latorre como representante de la región de Valparaíso.

Pero el avance del Frente Amplio se produce a costa de la Nueva Mayoría, una identidad socialdemócrata corroída, no por nada, la coalición retrocede desde el control de un 56% de los escaños de la Cámara en 2013 a un 36% (agregando a Fuerza de la Mayoría y Convergencia Democrática). Frente a esto, la Nueva Mayoría sin duda que se verá condicionada a la inercia de tender puentes hacia su izquierda.

Mientras tanto, la identidad socialcristiana se encuentra en agonía, retrocediendo desde 21 a 14 diputados. Con esto, a la DC sólo le queda un pulso político vital de subsistencia,que le permite, pese a su precariedad, desempeñar algún papel, nunca trascendental, pero quizás coyuntural en alguna transacción de legislativa

Por la vereda contraria, el resultado es cuantitativamente muy superior para Chile Vamos respecto de 2013, pasando desde el 41% de los escaños a un 47%, misma tónica en el Senado, donde la centro derecha eleva su representación desde un 34% a un 44%. 

Sin embargo, los números pueden distorsionar la realidad, configurando un escenario legislativo que en la práctica puede ser no tan alentador para la centro derecha en la eventualidad de ser gobierno en 2018. La razón es simple. Mientras la correlación de fuerzas parlamentaria apunta a un peso relativo mayor de la centro derecha, su capacidad de incidencia y eficacia legislativa podría inhibirse frente a la presencia de una oposición cuyo centro gravitacional estará hoy mucho más a la izquierda.

Frente a estas circunstancias la máxima de que un buen gobierno también requiere de una buena oposición será, sin duda, un anhelo que demandará mucha capacidad de diálogo, negociación y entendimiento, el nuevo Ministro de la Secretaría General de la Presidencia en cualquiera de los casos, resultando electo Piñera o Guillier, deberá aplicar sofisticada ingeniería legislativa, a fin de lograr cuadrar el círculo de la tan anhelada eficacia gubernamental.

Finalmente, la sabia ciudadanía ha estimado que frente a signos de fatiga de material de confianza de nuestro Poder Legislativo, ya era tiempo de -mediante su voto- diseñar un trazo que permitiera renovar sus cimientos. En efecto, de la nueva legislatura, 92 serán diputados nuevos.

 

Columna de Jorge Ramírez, Coordinador del Programa Sociedad y Política de Libertad y Desarrollo, publicada en Voces La Tercera.-