Presupuesto en deuda

¿Sabe usted a cuánto asciende el Presupuesto de Chile? En el proyecto de ley de Presupuestos 2018, que recientemente se ingresó al Congreso para su discusión, se propuso un incremento de 3,9% real del gasto público, alcanzando de esta manera una cifra de $ 45.198.536 millones. Esto es un 23,6% del PIB. En tanto, para el año en curso, el último Informe de Finanzas Públicas publicado por la Dirección de Presupuestos arroja actualizaciones donde para 017 se contempla un gasto total que abarca un 23,8% del PIB.

¿Sabe usted, por otra parte, qué porcentaje del PIB corresponde a deuda bruta chilena? Según el mismo documento, para este año se estima que esta alcance un 24% (US$ 65.516 millones), es decir, todo el Presupuesto Nacional.

Para el 2018, en tanto, sobre la base de los supuestos de corto plazo de la Dipres y a sus cálculos de balance, puede estimarse que esta deuda bruta bordearía el 25,5% del PIB, es decir, superando el Presupuesto Nacional.

Así, nos encontramos en un escenario entonces donde como país, podría afirmarse que todo lo que se gasta actualmente es deuda, situación que si bien en la actualidad no es una novedad para los chilenos, no había sido visto 12 años atrás.

Es más, recién durante esta administración Chile pasó de ser acreedor neto a ser deudor neto, lo que junto con el rápido incremento que ha registrado la deuda pública (la cual pasó de US$ 34.000 aproximadamente en 2013 a unos US$ 65.000 en 2017), nos han valido, entre otras cosas, una rebaja en la nota de la clasificación de riesgo de la deuda soberana.

En perspectiva, se observa que durante el período 2010-2013, la deuda como porcentaje del PIB representó, en promedio, un 51% del gasto total como porcentaje del PIB, razón que sube a 83% para el período 2014-2017 y que alcanzaría un 108% hacia 2018. Con este escenario, Chile ha quedado comprometido además con un alto pago por concepto de intereses a futuro.

¿Mala pata?, ¿efecto del precio del cobre? No lo creo. Durante estos últimos años, Chile estuvo inmerso en reformas mal pensadas, mal estructuradas y mal implementadas. Además, se adquirieron enormes compromisos de gasto, los cuales no se van a poder cumplir. ¿El problema?, se pensó que la tasa de crecimiento de la economía era algo “dado” y que estaría presente independiente de la manera en que se condujera el rumbo de nuestra economía. Craso error.

El daño ha sido profundo. Ya completaremos cuatro años de caída en la tasa de inversión, situación inédita en nuestra historia reciente, la que sin duda produce un grado de persistencia de la cual no será rápido recuperarse, con el consecuente impacto en el trabajo de las personas (aquellas que no son empleadas públicas, por cierto) y, por lo tanto, de sus ingresos y su capacidad de gasto.

El Estado se endeuda para solventar la gratuidad, mientras muchas personas pierden sus trabajos asalariados.

El crecimiento del PIB sí es importante y la manera en cómo se hacen modificaciones en las “reglas del juego” sí importa. No se le puede adjudicar nuestra “suerte” a vaivenes externos. Afortunadamente, el destino del país depende de nosotros mismos y la solución está en nuestra propia casa: volver a crecer, volver a configurar un escenario de confianza, volver a crear empleos de calidad. No hay mejor política social que un buen empleo.

 

Columna de Carolina Grünwald, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en Pulso.-