El Mundo de Beatriz

Leer el programa de la candidata Beatriz Sánchez me hizo recordar la buenísima novela del escritor noruego J. Gaarder: “El Mundo de Sofía”. En ella el autor logra seducir al lector con una amena revisión de la filosofía occidental, con un lenguaje simple, de poca profundidad (orientada a escolares) y que aborda una serie de teorías, sin importar sus contradicciones.

El Mundo de Beatriz también tiene lo suyo: mucho relato y aún más fantasía. Titulado “Nuestra ruta al desarrollo: Más y mejor crecimiento para todos” esboza un diagnóstico aún más catastrófico que el que escuchamos hace cuatro años atrás cuando se hablaba del derrumbe del modelo. Particularmente en lo económico se refiere a que “el modelo chileno rentista y extractivista está agotado”, donde la concentración de la propiedad y de las rentas económicas serían las responsables de la baja productividad y crecimiento económico, el daño medioambiental, la baja densidad de nuestra democracia e incluso del conflicto mapuche. Concluye, por tanto, que se requiere un nuevo modelo de desarrollo, que promueva la desconcentración del poder económico, el cambio de la matriz productiva, menores niveles de desigualdad y un crecimiento sostenido y sustentable.

Lo anterior, sin embargo, choca con la evidencia, lo que parece no importar porque, al igual que Sofía, Beatriz parece no vivir en el mundo real sino, simplemente, ser parte del cuento. En el mundo de verdad se habla del “milagro chileno”, reconociendo que desde que el país adoptara el modelo social de mercado se han logrado tasas de crecimiento que permitieron multiplicar por seis el PIB en 40 años. Ello no sólo ha significado el surgimiento de una importante clase media (aumentando de 27% a 65% de la población entre 1990 y 2015), con acceso creciente a bienes y servicios sino, aún más importante, logros sustanciales del punto de vista de la justicia social. La pobreza se redujo de 68% de la población en 1990 a 11,7% en el 2015 de acuerdo al PNUD, en tanto que la desigualdad, cualquiera sea el índice utilizado, se redujo significativamente durante el mismo periodo. A ello se suma la evidencia de una creciente movilidad social tanto intrageneracional (la más alta de Latinoamérica según un estudio del Banco Mundial) como intergeneracional.

Es indudable que hay aún camino por recorrer y que Chile necesita de algunos cambios, pero no del nivel y grado que postula Beatriz, en cuyo mundo imaginario estamos tan mal que se necesita de cambios estructurales. Y diagnósticos errados llevan a peores soluciones...

La propuesta de la candidata es revivir el rol del Estado emprendedor, aún cuando sobran los ejemplos de la ineficiencia que ello conlleva. Sin embargo, para Beatriz, el Estado debe “dejar de ser observador de la actividad de los mercados, para transformarse en un nuevo motor que pueda dinamizar la economía”. Aunque algo se esboza en términos de impulsar la innovación e inversiones, no queda muy claro su alcance, pero propuestas como la nacionalización del agua dan algunas luces de cómo vendría la mano.

Luego está lo que Beatriz entiende por “justicia tributaria”, que consiste básicamente en extraer lo más posible de donde sea. Así, propone un impuesto del 2% anual para quienes tienen un patrimonio superior a US$ 5 millones; un tramo adicional de 50% del impuesto para rentas que superan los $ 150 millones anuales; un mayor royalty minero; la desintegración tributaria para grandes empresas; IVA diferenciado y límites a la exención tributaria de los intereses de la deuda de las empresas. Lo anterior refleja no sólo que nada entendieron los promotores de la anterior alza tributaria en cuanto al impacto que tienen estas medidas sobre la actividad económica, sino que además no conocen como funciona, de nuevo, el mundo real. Imponer mayores cargas tributarias solo puede ahuyentar el ahorro y la inversión y desviar recursos hacia otros países con mejores condiciones de negocios, en tanto que el daño al crecimiento económico termina golpeando también la recaudación fiscal.

En previsión, la novela de Beatriz parece girar hacia la ficción. No sólo los fondos de pensiones dejarían de ser administrados por la AFP (pese a su excelente desempeño en materia de rentabilidad), sino que además los recursos para financiar nuestra pensiones serían destinados preferentemente a empresas de bajo impacto en el medio ambiente, las que distribuyen más en salarios y menos en utilidades y las con políticas de igualdad de género. Bajo este esquema, su política de solidaridad sería probablemente compartir bajas pensiones entre todos.

Por último, no siendo suficiente la nociva reforma laboral aprobada en este gobierno, la propuesta de Beatriz promueve la negociación colectiva sectorial o por rama, derecho a negociación colectiva a quienes trabajan por obra o faena y derecho a huelga efectivo, vale decir, elimina los servicios mínimos. Esto significa, en la práctica, extorsión para extraer rentas de las empresas cualquiera sea su tamaño y paralización con amenaza de afectación no sólo de los ingresos sino de los bienes de la empresa. Difícil que esto ayude a levantar el debilitado mercado laboral y la baja creación de empleo.

Con todo, cuesta pensar que un relato tan liviano y sin evidencia de éxito pueda terminar bien, siendo justamente su simpleza y lejanía de la realidad la principal debilidad de la propuesta. No basta pues con las buenas intenciones y un lindo cuento cuando se trata de gobernar.

 

Columna de Susana Jiménez, Subdirectora de Políticas Públicas de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-