Más tasa impositiva y menos recaudación

La Operación Renta 2017, dada a conocer esta semana por el Servicio de Impuestos Internos, entregó información en materia de recaudación tributaria: el aporte de las empresas registró una baja respecto del año anterior. Es así como el impuesto de primera categoría varió -0,8%. Esto, aun cuando la Reforma Tributaria aumentaba la tasa de este impuesto de 22,5% a 24%.

¿Algo no cuadra? ¿Se cobran más impuestos y se recauda menos? ¿Cómo es posible? Bueno, este resultado no ha de sorprendernos tanto, y es que está bien documentado en la literatura tanto teórica como empírica que el impuesto corporativo es el más dañino para el crecimiento y la inversión.

Es más, el mismo Ministro de Hacienda reconoció recientemente en una entrevista que un aumento impositivo no es inocuo: "Si hay un mea culpa que podemos hacer, es que debimos haber presentado la reforma tributaria no como algo que no tenía ningún impacto, que era neutro, porque no es neutro", dijo.

Veamos más en detalle. Los efectos indeseables del cobro de impuestos son ampliamente reconocidos e incluyen: costos de cumplimiento por parte de los contribuyentes, administración del Servicio de Impuestos Internos, costos de elusión y evasión, y distorsiones en las decisiones de las personas. Este último es identificado como el más relevante. Así, conocer la magnitud o al menos reconocer la presencia de estos costos resulta fundamental a la hora de evaluar cualquier sistema tributario, sabemos que no es neutro.

Conceptualmente, trabajos ya clásicos como los de Chamley (1986), Judd (1985) y Atkinson y Stiglitz (1976), sugieren que es tal el nivel de distorsión del impuesto corporativo, que bajo ciertas condiciones éste debería ser lo menor posible, y los impuestos deberían estar entonces focalizados en el trabajo y el consumo. Desde el punto de vista del impacto sobre la inversión, los modelos de costo de capital tradicionales como los de Jorgenson (1963) y Hall y Jorgenson (1967), ya enfatizaban el impacto sobre la inversión: el aumento en la tasa de impuestos disminuye el producto marginal del capital que llega a los dueños, y por lo tanto, disminuye los incentivos a acumular capital. De manera empírica, la misma OCDE ha reconocido que el impuesto corporativo es uno de los más nocivos para el crecimiento y la inversión (ver OCDE 2008).

De esta manera, más allá de efectos contables que puedan haber o efectos de precios internacionales que pudieron influir en la menor recaudación de 2016 en Chile, es innegable que el crecimiento económico es la mejor política recaudatoria que se puede tener. A mayor crecimiento, mayor es la recaudación fiscal y mayores son los fondos disponibles para implementar políticas sociales.

¿Qué se viene hacia adelante? Dados los bajos ingresos por impuestos, el gasto de gobierno va a tener que ajustarse más aun. Esto, en un momento donde se han adquirido compromisos de gasto permanente hacia el futuro. Y es que antes de esta información del SII, ya se proyectaban holguras negativas (esto es, gastos comprometidos mayores a aquellos compatibles con la meta de Balance Cíclicamente Ajustado) por aproximadamente US$ 1.800 millones.

Ahora, lamentablemente, estamos frente a una posición fiscal aun más débil, la que se deja como una pesada herencia a la próxima administración.

 

Columna de Carolina Grünwald, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en Pulso.-