¿Garzón o Gorsuch?

Baltazar Garzón es un ex juez español que no requiere presentación; Neil Gorsuch es un juez de EE.UU. que, en estos días, comparece ante el Senado de su país como paso previo a la votación que eventualmente lo pondrá en la Corte Suprema. Los dos han sido jueces pero, de sus palabras y acciones, se aprecian modelos radicalmente distintos de hacer justicia. ¿Cuál es el correcto?
Garzón estuvo en Chile la semana pasada. Se hizo famoso por invocar la jurisdicción universal en materias de derechos humanos para perseguir no solo a Pinochet sino que también a Bin Laden y muchos más. No vale la pena detenerse en la polémica que siempre generan sus visitas (el episodio de Mariana Aylwin nos debió haber dejado muy claro que impedir el ingreso de extranjeros es una cuestión que solo ocurre en dictaduras como la cubana y no en países libres como el nuestro). Tampoco en el caso que lo expulsó de la judicatura (por prevaricación según sentencia dictada por la unanimidad del Tribunal Supremo español). Lo que interesa ahora es su visión del rol del juez.

En entrevista a La Tercera sostuvo que el juez debe “poner a la víctima en primer plano y reivindicar los derechos humanos como premisa básica de toda actuación política, judicial o social”. Hace algunos años fue más gráfico. Cuestionó la imagen de una justicia con los ojos vendados y llamó a los jueces a tener los ojos muy abiertos: “¿Dónde están los problemas? Pues allí tiene que estar”. Los jueces no pueden estar con las elites, concluía. Nos propone, en resumen, un juez activista, reformador social, que desconoce la neutralidad para favorecer a una parte que aparece como víctima.

Gorsuch es la otra cara de la moneda. En las audiencias para su confirmación ha mostrado, como reportea NPR, “una desapasionada neutralidad judicial casi escalofriante”. Su apego a la ley y a los precedentes es total. Por eso es que ha sostenido que los jueces no pueden involucrarse en cuestiones políticas y que no deben aproximarse a los temas como si nunca antes hubieran sido decididos. Ante la pregunta de una senadora que le pedía una declaración respecto al financiamiento de una campaña, Gorsuch respondió que la ley la autorizaba y que, si querían cambiarla, “la pelota estaba del lado del Congreso”.

Pero tal vez la frase que lo refleja de la mejor forma es aquella en que afirma que “un juez a quien le gustan todas sus sentencias es muy probablemente un mal juez… promueve los resultados que prefiere en lugar de los que la ley le exige”.

¿Quién tiene la razón? ¿El juez héroe que propone Garzón o el deferente de Gorsuch? Seguramente éste último está más cerca de lo correcto: un juez no es un reformador sino que un aplicador del derecho, que se enfrenta neutralmente a las partes en contienda. La posición contraria olvida que el foro para promover el cambio social son los poderes de representación democrática y no una posición que, vestida de ropajes de imparcialidad, toma partido más allá de la ley que regula el caso.

Mucho discutimos de quién es el buen gobernante o el buen parlamentario. Pero, a veces, olvidamos quién es el buen juez. Garzón y Gorsuch nos ayudan a recordarlo.

 

Columna de Sebastián Soto, Director del Área Constitucional de LyD, publicada en La Tercera.-