La paz armada

Cuando se escriba la historia de la Constitución del 80, el capítulo que analice el 2016 no será especialmente breve. Y es que éste fue el año de la paz armada.

Todo partió el martes 13 de octubre de 2015. Ese día la vieja concertación venció a la Nueva Mayoría (NM) y pauteó con éxito el discurso con el que la Presidenta dio inicio al itinerario constitucional que se ha llevado a cabo este año. Hasta antes de esa fecha todavía sobrevivían propuestas tan ajenas como la asamblea constituyente o el plebiscito para iniciar el proceso. La fórmula elegida reconoció, aunque con ambigüedad, que el Congreso debía ser el que tomara las decisiones relevantes por las mayorías vigentes renunciando así a las trampas que habían circulado.

El plan, si se mira desde el oficialismo, era conveniente. El Gobierno aspiraba a mantener la temperatura del tema constitucional sin entrar en definiciones que, con toda seguridad, causarían división. Por eso planeó un proceso de participación que, se pensaba, mantendría el tema a nivel de los “sueños”. Aun así, el proceso recibió numerosas críticas. Entre otras, fue calificado como un proceso ABC1, se cuestionó su incidencia por el número de participantes y la metodología fue objeto de severa crítica. Incluso, el Consejo de Observadores, ideado originalmente como un órgano más bien débil, adquirió vida propia y ejerció un contrapeso valorable.

Si se mira desde las fuerzas políticas, este fue el año de la “paz armada”, es decir, aquel en que las partes de la futura contienda se preparan para lo que viene. El Gobierno midió la temperatura del tema y su propia capacidad de movilización,concluyendo que ambas eran bajas. Los partidos de la NM mostraron sus primeras cartas en materia de contenidos y se dieron cuenta que la distancia es mayor a lo pronosticado. Basta ver las propuestas contenidas en el documento de la DC y aquellas de sus socios del PS en temas como la propiedad o el Tribunal Constitucional. Para qué decir si miramos más a la izquierda donde las posiciones se alejan aún más. Y Chile Vamos, mostrando esa unidad que se reclama también en otras áreas, elaboró una propuesta de 80 cambios constitucionales. De paso dio la temprana señal que no eludiría este debate. En otras palabras, cada cual se armó para lo que viene.

¿Y qué es lo que viene? Un 2017 donde la NM se volverá a unir en torno al slogan de “nueva constitución” cuando se discuta en el Congreso el proyecto que modifique el capítulo de reforma a la Constitución; pero también un año en que la NM se dividirá en torno a las definiciones de contenido que deberán discutirse cuando se intente redactar el proyecto de nueva constitución que supuestamente se presentaría en julio.

Y por parte de la oposición, la única decisión relevante será si aprobar o no el proyecto de reforma a la reforma que será enviado en algunas semanas. Todo indica que, con la fuerza que da la propuesta común que ya está sobre la mesa, no hay razón alguna para aprobar un proyecto que es innecesario (con o sin él puede reformarse la Constitución en el futuro) y desligado de la agenda prioritaria del momento.

Como puede verse, esto recién comienza.

Columna de Sebastián Soto, Director del Área Constitucional de Libertad y Desarrollo, en La Tercera.-