El nuevo Congreso norteamericano

Aunque no fue el terremoto que significó el resultado presidencial, la elección parlamentaria en Estados Unidos también fue una sorpresa.

En el Senado, un tercio de sus integrantes debían renovarse y casi todos apostaban que la mayoría volvería a manos de los demócratas. El New York Times les daba un 52% de probabilidades y el Huffington Post, mostrando poca sintonía con la realidad, un 93%. Nada de eso ocurrió. Los republicanos tendrán 52 senadores si la segunda vuelta en Louisiana termina favoreciendo a su candidato, como es probable. Así, podrán ratificar sin contratiempos los ministros, embajadores y demás funcionarios que deba designar Trump. De paso, seguirán eligiendo jueces y, tal vez lo más sentido, al sucesor de Scalia en la Corte Suprema.

Entre los ganadores, uno de los más celebrados fue Marco Rubio, senador reelecto por Florida. Tras una sólida victoria, donde obtuvo más votos que el propio Trump, Rubio ha vuelto a la primera línea y no debe extrañar que volvamos a oír de él cuando se hable de presidenciables. Y para los demócratas, la elección de Catherine Cortez Masto por Nevada no solo trajo la tranquilidad del resultado en uno de los estados que se anunciaban más inciertos, sino que también el simbolismo de ser ella la primera senadora de origen latino que llega al Senado.

En la Cámara hubo menos sorpresas y los republicanos mantuvieron su sólida ventaja. Lo relevante ahí era el día después. El líder de la mayoría, Paul Ryan, se enfrentó más de una vez a Trump durante la campaña. Lo criticó por sus comentarios racistas y más tarde, tras la filtración de las polémicas grabaciones de Trump y su trato a las mujeres, Ryan anunció públicamente que se enfocaría en las elecciones legislativas y se olvidaría de las presidenciales. Por eso es que el Presidente electo lo definió como un 'líder débil e ineficaz'.

Pero tras la victoria las cosas han cambiado. No obstante muchos republicanos, asociados en el Freedom caucus, querían designar un nuevo líder más próximo a Trump, el pragmatismo de la política llevó a que el martes volvieran a elegir a Ryan como su líder. Y es que los 100 primeros días son claves para llevar adelante la agenda del Ejecutivo y la máxima es enfocarse en ello.

Lo que viene en el Capitolio es todavía incierto. Trump no maneja los pasillos del Congreso pero, en estos días ha ido configurando un trío que los conocen bien y que serían los encargados de liderar a los republicanos: Pence, el vice presidente, McConnell y Ryan, líderes del Senado y de la Cámara. Es probable que a ellos les corresponda dar contenido a las 'cuñas' de Trump tales como el reemplazo del Obamacare o el anunciado programa de infraestructura.

Con todo, la pregunta todavía sin respuesta es cómo será en el tiempo la relación de la mayoría republicana con su presidente. Muchos republicanos han sido duros críticos de Trump, a quien califican como un populista alejado de los principios. Pero otros tantos ven en él una capacidad de conectar con el electorado y hacer carne eso que ya predicaba Nixon: representar a la América silenciosa. Esta tensión resucita uno de los temores más profundos del Partido Republicano, al decir de Micklethwait y Wooldridge. En su libro, Una Nación Conservadora, escribieron hace ya años que uno de los mayores desafíos del GOP era saber lidiar con el fantasma de la intolerancia y el extremismo que afloraba de vez en cuando en la derecha americana. Todo indica que ha llegado ese momento y que pronto sabremos si aprendieron la lección.

Columna de Sebastián Soto, Director del Área Constitucional de Libertad y Desarrollo, en Revista Qué Pasa.-