Pensiones: ¡la información (personalizada) si importa!

Está ampliamente documentada la falta de conocimiento que tenemos sobre nuestro sistema previsional. Por ejemplo, los resultados de la Encuesta de Protección Social (2009) muestran que 85% de las personas no sabe cuánto es el porcentaje de su salario que destina al ahorro para sus pensiones; sólo 1 de cada 3 sabe en qué fondo están sus ahorros previsionales; un poco más de 40% conoce el monto acumulado en su cuenta de capitalización individual; y 82% de los afiliados no sabe cómo se calcula la pensión, y la mitad de los que dice saber, entregan una respuesta incorrecta. Una reciente encuesta de opinión encargada por la Comisión Bravo a fines de 2014 encontró resultados similares: sólo 11% de los afiliados sabe cuánto le cobra su AFP por comisión, y cerca de la mitad de los encuestados (47%) desconoce lo que es un APV. Si bien en algo influirían el nivel de ingresos, la edad y el nivel educacional (personas de mayores ingresos, nivel educacional y edad estarían más informadas), el amplio desconocimiento sobre cómo funciona nuestro sistema de pensiones es bastante transversal en nuestro país.

Tanto el Estado como las AFP han hecho esfuerzos por mejorar la información que recibe la población sobre el sistema previsional, los que al parecer han resultado insuficientes. El problema es que esta falta de información sobre cómo funciona el sistema impide que maximicemos su rendimiento y aumenta la probabilidad de que a la hora de jubilarnos recibamos una pensión inferior a la esperada, generando frustración respecto del sistema de AFP.

¿Qué información recibimos hoy? La normativa vigente obliga a las AFP a que tres veces al año nos envíen una cartola con los movimientos en nuestras cuentas (obligatoria y, en caso de existir, voluntaria), la rentabilidad obtenida por nuestros fondos y sobre las comisiones que nos cobran. Incluso, la cartola una vez al año debe entregarnos una estimación de nuestra pensión y sólo a medida que se acerca nuestra edad de jubilar, qué pasaría con el monto recibido si postergáramos por tres años la decisión de pensionarnos. Cabe destacar que las AFPs pueden suspender el envío de información, y sólo informar una vez al año sobre el estado de las cuentas personales (en vez de tres) a quienes no registren movimientos en sus cuentas.  

En suma, durante nuestra vida activa recibimos información más bien de carácter general respecto a nuestra situación previsional, la cual sólo se va personalizando a medida que nos acercamos al retiro, momento en que el impacto de minimizar las lagunas o de esforzarnos en aumentar el monto ahorrado es menor. Además, no hay advertencia alguna de los efectos de dejar de cotizar, de hecho en este caso la frecuencia de la información disminuye.

Un reciente y novedoso estudio de Fuentes et.al. nos da luces sobre hacia donde avanzar en esta materia. Mediante un experimento realizado en oficinas de Chile Atiende, los autores compararon el impacto de entregar información previsional general versus información más personalizada a trabajadores de ingresos medios y bajos. Sus resultados dan cuenta que entregar información personalizada (como la pensión esperada del individuo, y en cuanto cambiaría ésta en caso que la persona aumentara el número de cotizaciones al año, realizara ahorro voluntario o si postergara su edad de retiro, entre otras acciones) hace más probable que las personas realicen un mayor ahorro para la vejez que cuando se entrega información general sobre la situación previsional. El efecto sería mayor para los más jóvenes y para quienes se dieron cuenta que su expectativa de pensión superaba a la pensión que podría obtener si mantiene su situación de ahorro actual (y en este experimento, cerca de 40% de las personas sobreestimó su pensión futura).

En suma, las bajas tasas de ahorro vigentes o la baja densidad de cotización de la población pueden deberse (al menos en parte) al desconocimiento de la situación personal respecto de la pensión futura. Considerando que hoy la información personalizada está centrada en quienes estarían más cerca de jubilarse, podría ser un avance readecuar la información que reciben los más jóvenes, y por qué no, también aquella de los que (aun estando afiliados) comienzan a presentar lagunas en sus contribuciones.


[1] Fuentes O., Lafortune J., Ruitort J., Tessada J., Villatoro F. (Marzo 2016): 'Personalized Information as a Tool to Improve Pension Savings: Results from a randomized control trial in Chile'. Disponible en: http://economia.uc.cl/wp-content/uploads/2016/03/Draft-03-2016-NBER.pdf

Columna de Alejandra Candia, Directora del Programa Social de Libertad y Desarrollo, en Voces, La Tercera.-