Hace exactamente un aƱo, como cada 21 de mayo, la Presidenta realizó una serie de compromisos en materia educacional. Destacaron dos nuevas iniciativas: el envĆo de un proyecto de ley de desmunicipalización y el comienzo de la gratuidad universitaria. Si bien Ć©sta Ćŗltima fue la que se llevó la mayor atención, creo que ambas son importantes y vale la pena evaluar su avance.
En cuanto a la desmunicipalización, en noviembre del aƱo pasado se ingresó al Congreso un proyecto de ley que establece el traspaso de las escuelas, liceos y jardines infantiles municipales a nuevas entidades mĆ”s centralizadas llamadas Servicios Locales de Educación (SLE). Parece increĆble que a estas alturas aĆŗn no se conozca cuĆ”les serĆ”n los territorios que cubrirĆ” cada SLE, ni los criterios para su determinación.
La definición de esto es clave, pues este proyecto crea una nueva burocracia estatal para administrar un servicio educativo que serĆ” traspasado con su personal administrativo, profesores y asistentes, asĆ como los bienes muebles e inmuebles. AsĆ, prĆ”cticamente la principal diferencia entre esta propuesta y la situación actual tiene justamente que ver con la cobertura de los nuevos territorios administrativos. Y hay que decirlo: dada la realidad actual, la desmunicipalización propuesta parece poco viable. No sólo por el insuficiente mayor gasto que contempla, sino tambiĆ©n por el nĆŗmero de establecimientos y diversidad de alumnos que se espera administre cada SLE. Si en la actualidad 9 de cada 10 municipios administra 30 o menos establecimientos, y el 99,9% de los sostenedores particulares subvencionados tiene a su cargo menos de 20, parece improbable que los nuevos SLE sean capaces de asumir adecuadamente el control de un promedio de 80, e incluso mĆ”s de 100.
Respecto a la gratuidad, la meta establecida en el Programa de Gobierno es entregar gratuidad a los 670 mil estudiantes de educación superior (suponemos acreditadas) que provienen del 70% de menores ingresos. El 21 de mayo pasado se comprometió avanzar hasta los del 60% que asistieran a Centros de Formación TĆ©cnica (CFT) e Institutos Profesionales (IP) acreditados y sin fines de lucro, y a universidades del Consejo de Rectores (CRUCh). No obstante, la Ley de Presupuestos finalmente dispuso la incorporación de los alumnos del 50% de menores ingresos del paĆs, siempre que estudiaran en alguna de 30 universidades elegibles (las 25 universidades del CRUCh mĆ”s otras 5). Comparado con la meta inicial del Gobierno, con esto se estarĆa llegando al 19% de los alumnos pertenecientes a los hogares del 70% de menores ingresos del paĆs.
Pero ademĆ”s, la forma de implementación de la gratuidad 2016 ha sido bastante cuestionada. Por un lado, porque se basa en criterios discriminatorios: excluye a alumnos de instituciones acreditadas que, cumpliendo con la legislación vigente y mostrando buenos indicadores de calidad, no fueron del gusto del Gobierno. En cambio, se incorpora a alumnos de igual o mejor condición socioeconómica de universidades elegidas āa dedoā. Esta discriminación es indiscutible al revisar los nĆŗmeros. Mientras en CFT e IP acreditados hay 343 mil estudiantes que provienen del 70% de menores ingresos del paĆs, y el aƱo 2015 se les asignaron 195 mil becas de arancel, la gratuidad 2016 los excluyó deliberadamente. En la vereda opuesta, en las universidades del Consejo de Rectores (CRUCh), donde hay 180 mil estudiantes provenientes del 70% de menores ingresos, se beneficiarĆ” a 106 mil estudiantes con gratuidad.
Adicionalmente, el mecanismo para entregar los recursos consiste en la fijación de un monto por alumno calculado a partir de los aranceles de referencia, lo que lleva a que muchas carreras queden desfinanciadas. SegĆŗn estimamos, en el mejor de los casos āsuponiendo que se cubriera hasta el arancel de referencia mĆ”s un 20%-, 47% de las carreras incluidas en la gratuidad presentarĆa dĆ©ficit.
Y para el próximo aƱo, es probable que una vez mĆ”s se recurra a la Ley de Presupuestos para tratar de avanzar hacia el cumplimiento del compromiso presidencial. La Ministra de Educación anticipó esta semana la intención de duplicar el nĆŗmero de beneficiarios e incluir a la Educación Superior TĆ©cnico Profesional. En tanto no se resuelvan los defectos en el mecanismo, nos parece mala la idea seguir extendiendo esta gratuidad. En cambio, ya es hora de transparentar que la gratuidad es una polĆtica selectiva, que no permite la masificación de la educación superior que la sociedad chilena demanda, y que de avanzar en ella, no se podrĆ”n satisfacer las metas de acceso y calidad a las que se aspira. Por el contrario, una mezcla entre gratuidad para algunos estudiantes meritorios de bajos ingresos, mĆ”s un sistema general de ayudas estudiantiles basado en becas y crĆ©ditos contingentes al ingreso para quienes lo requieran, es mucho mĆ”s consistente con la pretensión de mantener y elevar la cobertura de la educación superior. Hacia allĆ” debiĆ©ramos apuntar.
Columna de MarĆa Paz Arzola, Investigadora del Programa Social de Libertad y Desarrollo, publicada en Voces La Tercera.-