De los once comuneros mapuche formalizados por el horrible crimen del matrimonio Luchsinger-Mackay, seis recibieron Ăşltimamente beneficios econĂłmicos por parte de la CONADI. Esos beneficios incluyen la asignaciĂłn de tierras a la Comunidad Juan Catrilaf II, entre ellas el Fundo Santa Margarita, que originalmente, antes de su adquisiciĂłn por la CONADI, perteneciĂł a la famila Luchsinger.
Por macabro que parezca, todo indica que la CONADI asignĂł esas tierras a los asesinos del matrimonio de ancianos luego que perpetraran su brutal crimen.
Chile no es un paĂs que estĂ© sumido en un problema grave de terrorismo o violencia polĂtica, pero ciertamente hay manifestaciones de estos fenĂłmenos en el paĂs; y en particular en la regiĂłn de La AraucanĂa ellas adquieren un carácter más grave y permanente que amenaza la paz social en esa zona. Por lo mismo, uno esperarĂa que las instituciones del Estado fueran muy cuidadosas con las señales que dan en relaciĂłn a la violencia polĂtica y el terrorismo, que pueden convertirse en fenĂłmenos que destruyen la convivencia y causan graves daños a los paĂses.
El origen del Estado como institución está, en buena medida, en la necesidad de proteger a los ciudadanos de comportamientos violentos, para lo cual se imparte justicia y se entrega el monopolio del uso de la fuerza a instituciones de carácter público. Nuestras sociedades son civilizadas en la medida que ello ocurre. Cuando el Estado no cumple cabalmente su rol, los ciudadanos se sienten en la indefensión y se ven enfrentados a la necesidad de defenderse por sus propios medios.
Pero lo que ya sobrepasa todo lĂmite es que el Estado no sĂłlo no te ayude a defenderte de la violencia, sino además colabore con quienes la ejercen contra ciudadanos pacĂficos. Eso es lo que ha ocurrido en este caso.
Como lo hemos dicho antes en estas mismas lĂneas, la polĂtica de compra de tierras de la CONADI es un verdadero poder comprador de violencia, en que el Estado financia con el dinero de todos los chilenos la realizaciĂłn de actos como tomas o incendios de casas o predios agrĂcolas, que terminan siendo asignados a los propios violentistas. Los grupos extremistas han cooptado a la CONADI, que en definitiva sirve a sus intereses y no a la gran mayorĂa de la poblaciĂłn indĂgena, que tiene otras aspiraciones y necesidades.
Pero no es Ă©ste el Ăşnico caso que hemos conocido en el Ăşltimo tiempo en que instituciones financiadas por el Estado chileno colaboran con quienes ejercen la violencia polĂtica y el terrorismo. Recientemente se ha conocido el fallo de los Tribunales españoles que condena a doce años de prisiĂłn a Francisco Solar y MĂłnica Caballero, ciudadanos chilenos que hicieron estallar una bomba en la BasĂlica de Zaragoza.
Pues bien, poco tiempo atrás ambos fueron acusados en Chile, junto a otras personas, de hacer estallar explosivos en distintos lugares en la ciudad de Santiago. En definitiva, sin embargo, el llamado Caso Bombas terminĂł con todos los imputados libres por decisiĂłn del Tribunal de GarantĂa que no acogiĂł las acusaciones de la FiscalĂa.
Durante todo el proceso, los acusados contaron con el activo apoyo del Instituto Nacional de Derechos Humanos. Su Directora, Lorena FrĂes, apareciĂł varias veces en los medios de comunicaciĂłn defendiendo a los imputados. Incluso visitĂł a MĂłnica Caballero y Andrea UrzĂşa, otra de las imputadas, ocasiĂłn en que se reuniĂł con ellas durante una hora segĂşn consignan informaciones pĂşblicas.
No es aceptable que instituciones del Estado que tienen objetivos de bien comĂşn, como la defensa de los derechos humanos, se conviertan en reductos capturados por ideologĂas polĂticas que sirvan a causas violentas o terroristas.
Ayer nada más, se conmemoraron los veinticinco años de la muerte del Senador Jaime Guzmán, asesinado por un comando extremista. Ese crimen continĂşa impune. ÂżTenemos que concluir que en democracia las acciones de violencia polĂtica y terrorismo de grupos de ultraizquierda cuentan con un manto protector que utiliza incluso instituciones del Estado?