Se cumplen dos años de gobierno y a la luz del desgaste, las divisiones y tensiones al interior del bloque oficialista, por un lado, y el escepticismo y rechazo ciudadano, expresado a través de la voz de la opinión pública, por el otro; pareciera que el tiempo transcurrido fuera mayor. Los Ônimos y el affectio societatis del plantel de gobierno parecen mÔs propios de los minutos de descuento que de los del fin del primer tiempo.
El primer error del gobierno en este primer tramo de administración fue desconocer que los tiempos polĆticos son distintos de los tiempos sociales y el Ejecutivo -quizĆ”s irresponsablemente- impuso un ritmo de reformas que saturaron y estresaron a nuestro sistema polĆtico con errĆ”ticas seƱales hacia la ciudadanĆa, en tĆ©rminos de improvisación, falta de rigurosidad tĆ©cnica en el diseƱo de polĆticas pĆŗblicas y la instalación de un clima de crispación polĆtica bastante inusitado.
Pero la cuestión sobrepasa la mera tĆ”ctica legislativa. El principal desacierto de estos 24 meses ha sido suponer que gobernar se limita exclusivamente a reformar. Administrar, gestionar, dialogar y negociar son tambiĆ©n Ć”reas cruciales de cualquier ejercicio gubernamental. Sin ellas no hay reforma que se diseƱe, ejecute e implemente adecuadamente y se valore positivamente. Muchos pensaron que este estilo estaba condicionado al rol hegemónico del binomio PeƱailillo-Arenas, pero aĆŗn con la salida de ambos, se constata que el peso especĆfico de este modo de conducción se encuentra anquilosado en el centro de gobierno y resiste los tibios embates de Jorge Burgos y Rodrigo ValdĆ©s. En este sentido, el ethos de la Nueva MayorĆa parece inalterable.
En estos dos primeros aƱos, efectivamente el programa de la Nueva MayorĆa progresa, pero el paĆs no. Es lo que certeramente Mariana Aylwin -que dicho sea de paso es una de las tantas vĆctimas de la clausura y censura ideológica de los cuadros granĆticos de la Nueva MayorĆa- denominó "progresismo sin progreso". Pero la respuesta de los obcecadosĀ cuadros de gobierno se reduce a atribuir el problema a una mera cuestión comunicacional, como si los ciudadanos fueran incapaces de reconocer lo que estĆ” siendo favorable o desfavorable a su realidad circundante, una nueva forma de soberbia paternalista que nuevamente, poco y nada tiene de progresista.
Otros a modo de justificación, apelan al heurĆstico de la desconfianza catalizada a raĆz del caso CavalĀ y otros, pero contra esta hipótesis existen antecedentes objetivos para sostener que la descomposición del apoyo ciudadano data ya desde la primera mitad de 2014. Pero la negación y el autoengaƱo son reacciones propias de todo proceso de pĆ©rdida, en este caso, pĆ©rdida de respaldo popular y sintonĆa ciudadana.Ā
Pero la respuesta a estos dos aƱos de desaciertos no se agota al plano polĆtico, ahĆ el punto mĆ”s dramĆ”tico. Las expectativas ciudadanas y económicas tambiĆ©n se resienten. Si en el gobierno anterior crecĆamos al 5,3% promedio, hoy lo hacemos al 2%, y por mĆ”s que se trate de atribuir a las condiciones externas, hoy Chile crece menos de lo que lo estĆ” haciendo el promedio mundial y menos que los paĆses de la Alianza del PacĆfico, bastante homologables por sus caracterĆsticas a nuestra realidad económica. De manera paralela, si las remuneraciones crecĆan a un variación promedio de un 3%, hoy lo hacen a un 1,8%. Y en el Ć”mbito ciudadano, mientras en marzo de 2014 un 78% de los chilenos consideraba que el paĆs iba por un buen camino, hoy esa cifra es de solo un 23%.
Por mĆ”s que el gobierno desacelere el tranco de sus reformas, retomar el rumbo de la prosperidad, el crecimiento y la recomposición de ese pesimismo galopante en la sociedad chilena pareceĀ difĆcilĀ de revertirse en el mediano plazo. El gobierno decidió transitar por la ruta de los ideólogos de la Nueva MayorĆa: la ruta de los desaciertos.
Columna de Jorge RamĆrez, Coordinador del Programa Sociedad y PolĆtica de Libertad y Desarrollo, publicada en Tele13.cl.-