Recorriendo nuestra historia, es posible constatar que Chile ha exhibido su mejor desempeƱo económico cuando ha existido mayor competencia en sus mercados domĆ©sticos. Ello es coherente con la evidencia internacional, donde existe una clara asociación entre mayores grados de competencia y mayores niveles del PIB per cĆ”pita. A lo largo de las Ćŗltimas tres dĆ©cadas, Chile ademĆ”s ha mostrado -de acuerdo a los indicadores de la OCDE- una sustancial mejora en competencia, lo que ha resultado gravitante para en el progreso del paĆs.
Lamentablemente, los casos y acusaciones de colusión que se han ventilado en el Ćŗltimo tiempo parecen poner en duda los logros alcanzados. Ello ha provocado un cuestionamiento al comportamiento del empresariado en general y del modelo económico en particular, estableciendo un vĆnculo equĆvoco entre ambos. Las conductas contrarias a la Ć©tica no son propias de ningĆŗn sistema económico sino, lamentablemente, inherentes a la naturaleza humana. Es por ello que los comportamientos anticompetitivos seguirĆ”n observĆ”ndose en economĆas de libre mercado, pues en el afĆ”n de aumentar la participación y consecuentes ganancias, siempre habrĆ” algunos que recurran a medios ilĆcitos. Ni siquiera incorporar la sanción penal a la legislación va a evitar que sigamos observando colusiones; basta verificar que en EE.UU., donde ya existe tal sanción, se descubre en promedio un cartel al mes.
La atención debe estar puesta entonces en cómo mejorar el funcionamiento de los mercados. Los desafĆos son principalmente dos: profundizar aĆŗn mĆ”s la competencia y perfeccionar la legislación vigente en aquellas materias que aĆŗn lo ameritan. Lo primero exige abordar mercados especĆficos, reduciendo barreras de entrada e incentivando la innovación, y realizar esfuerzos adicionales que tengan efectos transversales. Por su parte, el perfeccionamiento a la legislación vigente debiera abordarse en el proyecto de ley de competencia que actualmente se tramita en el Congreso, lo que podrĆa tener resultados positivos siempre y cuando se den los espacios y tiempos necesarios para su debida discusión.
El hecho que se detecten y sancionen las prĆ”cticas anticompetitivas revela que el paĆs se estĆ” haciendo cargo. Sin embargo, aun queda camino por recorrer, tanto en la formación empresarial y ejecutiva de quienes aun no entienden el daƱo que provoca a la economĆa y a la sociedad su comportamiento anticompetitivo, como en la actuación de la autoridad, que estĆ” llamada a obrar con rigurosidad e imparcialidad, lo que no siempre es el caso.
Columna de Susana JimĆ©nez, Coordinadora de PolĆticas PĆŗblicasĀ de LyD, publicada en Negocios de La Tercera.-