Farmacia popular: no perdamos el foco

La elevada cobertura que ha tenido la experiencia de la farmacia popular de Recoleta está más relacionada con una gran oportunidad mediática más que con una solución eficiente a los problemas que enfrenta el acceso a medicamentos por parte de la población.

La normativa vigente asegura el acceso gratuito a medicamentos a todos los beneficiarios de Fonasa A y B, segmento al que pertenecen cerca de la mitad de los chilenos. Por su parte, quienes pertenecen a Fonasa C y D (cerca de 30% de la población nacional) sólo deben pagar 10 y 20% del costo del medicamento, respectivamente. Esto significa que ocho de cada diez chilenos debería o acceder gratuitamente o pagar a lo más 20% del valor de sus medicamentos.

Sin embargo, existen al menos dos barreras a sortear previo a que dicha población pueda contar con el fármaco recetado. La primera es conseguir una hora y un doctor en su consultorio, porque el derecho sólo puede ser ejercido si las personas son atendidas en dichos centros. No es un misterio lo complicado que esto puede llegar a ser. La falta de especialistas y la creciente lista de espera por una consulta médica son problemas sabidamente no resueltos en el sector público. La segunda es que, en caso de haber logrado ser atendido, hay muchas ocasiones en que el consultorio no dispone del medicamento.

A final de cuentas, en ambos casos, y sobre todo ante un problema de salud de gran urgencia, la persona termina yendo a una farmacia privada (en el primero probablemente incluso después de tener que pagar por una consulta), lo cual significa que hoy la mayoría de los chilenos (todos los asegurados por Fonasa) termina pagando por algo que les debería resultar gratis o de muy bajo valor.

Ante la queja que las farmacias realizan cobros excesivos, al menos el precio promedio de nuestros medicamentos está por debajo del promedio de Latinoamérica y de países desarrollados como España, Alemania, entre otros. Sin embargo, siempre se puede avanzar, y de hecho existen importantes espacios de perfeccionamiento en la industria farmacéutica, por ejemplo, abriéndose a la posibilidad de vender medicamentos que no necesitan receta en otros establecimientos o mejorando la posibilidad de sustitución de fármacos de marca o similares por genéricos, para lo cual resulta necesario también mejorar la disponibilidad de información que tienen las personas para tomar dicha decisión.

No está claro si la experiencia de Recoleta logrará su objetivo inicial. De hecho su sostenibilidad en el tiempo y real efectividad ha sido puesta en duda por estos días incluso por su mismo gerente.Tampoco queda claro si a ésta se le exigen los requisitos normativos que se requieren para asegurar la igualdad de trato con otros actores. Pero lo que sí queda claro es que la experiencia de “farmacia popular” no tendría sentido ni espacio si tuviésemos un sector público en salud eficiente y una atención primaria resolutiva. No perdamos el foco. Lo que se demanda es una cobertura de fármacos gratuitos que en teoría el sistema público de salud dice entregar. Lo segundo dice relación con particularidades del mercado y de los efectos de la regulación, que siempre es bueno revisar.

 

Columna de Alejandra Candia, Directora del Programa Social de LyD, publicada en Voces de La Tercera.-