La Constitución y la participación

Medios Regionales

El anuncio de la Presidenta estÔ anclado en gran medida en la confianza que deposita en el proceso de participación ciudadana. Sería ese un momento que empaparía de legitimidad cualquier producto final. Pero esto hay que mirarlo con atención porque, como en otras instancias de este itinerario constitucional, el asunto puede ser sometido a una brutal manipulación.

Como se sabe, desde hace algunas dĆ©cadas, diversas decisiones de la autoridad son precedidas de un perĆ­odo de participación ciudadana no vinculante. Cuando la participación ciudadana se efectĆŗa sobre temas de impacto local, genuinamente puede aspirarse que esa participación sea menos ā€œcapturableā€ porque los asistentes tienen un interĆ©s muy presente y vivo por el cual movilizarse y participar. Si piensan construir una cĆ”rcel en su barrio, es claro que su interĆ©s se alinearĆ” segĆŗn los efectos locales y concretos que perciben quienes asistan, sin importar mucho la postura ideológica de quien tiene a su lado. Ello, porque los une un impacto concreto y próximo.

Pero ello se diluye casi del todo cuando el tema es un asunto abstracto cuyo efecto es mucho mĆ”s distante, como es una Constitución. A diferencia del caso anterior, ahora los incentivos a participar se concentran en grupos que ven en ese debate una cuestión relevante no tanto por su impacto especĆ­fico sino porque entrega un espacio para promover sus agendas e intereses, generalmente nacionales. Entonces, no pensemos, como dice el Ministro Eyzaguirre, que en los cabildos se invitarĆ” ā€œa la gente (a) que imagine la Constitución que quiereā€ para asĆ­ tener una ā€œlista de preferencias y de deseosā€. Es poco probable que ello ocurra porque las personas que podrĆ­an hacer eso de un modo desinteresado gastan su tiempo en otras cosas que perciben como mĆ”s importantes. Las que se tomarĆ”n los procesos de participación serĆ”n aquellas que ya tienen claras sus preferencias pues forman parte de colectivos que no solo tienen sus intereses predefinidos sino que ademĆ”s son Ć©stos lo suficientemente intensos como para asistir a una proceso que no les reditĆŗa en lo inmediato. Y dado la alta preferencia que demuestran, es poco probable que la deliberación logre conducir intereses variados y a veces contrapuestos, a un proyecto comĆŗn.

Creer que las instancias de participación son un fiel reflejo de voluntades desinteresadas es otro error que puede hundir el proyecto del Gobierno.

 

Columna de SebastiÔn Soto Velasco, Director del Área Constitucional de Libertad y Desarrollo, publicada en los medios regionales de El Mercurio.-

 

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