No hay peor polĂtica pĂşblica que aquella que desconoce la evidencia cientĂfica y sucumbe ante los prejuicios sin fundamento. Sin embargo, no ha sido posible erradicar este mal. Es asĂ como hemos sido testigos de la regulaciĂłn de la instalaciĂłn de antenas basado en supuestos daños a la salud; intentos por restringir los cultivos genĂ©ticamente modificados arguyendo toxicidad de los alimentos y daño a la biodiversidad; o tentativas para prohibir las vacunas que contengan timerosal por su aparente relaciĂłn con el autismo.
Analizar racional y objetivamente este tipo de medidas simplemente queda fuera del debate, pues nadie quiere poner en riesgo su capital polĂtico contradiciendo la (desinformada) percepciĂłn pĂşblica.
La negativa a incluir la generaciĂłn nuclear en el debate respecto de la matriz energĂ©tica tiene mucho de eso. Siendo una tecnologĂa ampliamente extendida en el mundo -de acuerdo al MIT representará el 18% de la matriz elĂ©ctrica global al 2050- en nuestro paĂs parece existir una suerte de veto a siquiera estudiarlo. De hecho, el informe elaborado por el ComitĂ© Consultivo de EnergĂa que desarrollĂł la Hoja de Ruta al año 2050 la descartĂł señalando que "no se vislumbra hoy como una opciĂłn, dado sus altos costos y potencial oposiciĂłn por parte de las comunidades".
Paralelamente, la ComisiĂłn Chilena de EnergĂa Nuclear, por encargo del Ministerio de EnergĂa, entregaba un informe (*) con importantes antecedentes no considerados (una vez más). AsĂ, nos enteramos de importantes avances en seguridad nuclear en los Ăşltimos años; del desarrollo de tecnologĂas que maximizan el uso del combustible nuclear disminuyendo el volumen de desechos generados (y aseguran el control de los residuos por 10.000 años), de exigencias de diseño de los reactores nucleares que aseguran su correcto funcionamiento en caso de sismos severos y de la reducciĂłn de costos a niveles competitivos con tecnologĂas tĂ©rmicas convencionales, entre otros.
Sorprende además que no parecen valorarse otras ventajas de la energĂa nuclear, como ser una fuente de generaciĂłn de bajas emisiones de CO2, hacer un uso más eficiente del espacio, favorecer el desarrollo de energĂas renovables no convencionales al compensar la generaciĂłn intermitente y contribuir a la seguridad del sistema energĂ©tico general.
Considerando lo anterior, lo razonable serĂa que en la planificaciĂłn energĂ©tica de largo plazo se mantuviera abierta la opciĂłn nuclear, tal como lo han hecho 31 paĂses, que hoy suman 438 reactores nucleares (y 70 en construcciĂłn). Negarse a ello no solo limita la posibilidad de tomar decisiones eficientes en el futuro sino que introduce un costo oculto de reemplazar esta fuente de energĂa por otras alternativas eventualmente más costosas y contaminantes.
Las decisiones que tomemos hoy tendrán importantes efectos en las dĂ©cadas venideras. Lamentablemente, es un horizonte de tiempo demasiado largo para los cálculos polĂticos.
* GeneraciĂłn Nucleo-ElĂ©ctrica en Chile, Hacia una decisiĂłn racional, ComitĂ© de EnergĂa Nuclear de Potencia, ComisiĂłn Chilena de EnergĂa Nuclear, 2015.
Columna de Susana Jiménez, Economista Senior de LyD, publicada en Diario Financiero.-