
Murillo afirma que en las relaciones interpersonales hay muchos que desarrollan una confianza ciega en el otro y cuando ésta se ve traicionada, ello deriva en una pérdida total de la confianza.
Lo que estĂĄ sucediendo en Chile entre la mayorĂa de la poblaciĂłn y las Ă©lites es un proceso parecido. Lo reflejan las encuestas y estudios recientes que acusan una bajĂsima confianza en los polĂticos, los empresarios y los lĂderes espirituales.
Este estado de cosas no es bueno para la sociedad.
Ello, porque se alienta a los oportunistas y a los populistas. A los que vociferan y denigran. La frase emblemĂĄtica que refleja este ambiente se acuñó en Argentina en las barras bravas de los equipos de fĂștbol de ese paĂs: âque se vayan todosâ.
Entonces cuando se producen situaciones como la colusión en el mercado del papel tissue, quienes estån llamados a liderar una reacción frente a estos hechos, de condena y reparación pero también de aprendizaje para mejorar nuestra sociedad, se limitan a buscar el mejor lugar para vociferar, aseguråndose de ser vistos en ese afån.
Y nos llenamos de condenas de personajes autoerigidos en guardianes de la moral, peticiĂłn de sanciones e inventores de soluciones fĂĄciles, sin darnos cuenta que nuestro problema es que hay muchos de esos personajes que se sienten llamados a decirle a los demĂĄs lo que deben hacer y que la poblaciĂłn no ha desarrollado respecto a ellos una confianza lĂșcida.
Y tenemos entonces absurdos como el que frente a la gran desconfianza en los polĂticos luego de los episodios de financiamiento irregular, la mayorĂa de las soluciones que se proponen consisten en darles mĂĄs poder a los propios polĂticos.
O la reacciĂłn frente a las denuncias de colusiĂłn de la FiscalĂa Nacional EconĂłmica, que en lugar de reconocer que nuestra sociedad estĂĄ resolviendo adecuadamente las conductas que atentan contra la libre competencia, proponen inmediatamente cambiar las leyes e instituciones que nos han permitido realizar estos hallazgos.
Los polĂticos no son todos ladrones y deshonestos, pero casi sin excepciĂłn nos tratan de convencer que ellos y el Gobierno harĂĄn por nosotros cosas que no pueden cumplir. NingĂșn polĂtico le va a cambiar significativamente la vida a los chilenos; de hecho la gente tiene esa intuiciĂłn de acuerdo a las encuestas. Pues bien, la conducta consistente con ello serĂa no creerle al polĂtico que promete cambiarlo todo. Ni confianza ciega en el polĂtico, ni total desconfianza. Confianza lĂșcida. Claro, los polĂticos debieran trabajar mĂĄs para ganĂĄrsela.
TambiĂ©n podemos aplicar esta lĂłgica a los empresarios. La mayorĂa de ellos lo que busca, legĂtimamente, es obtener ganancias de su actividad. TambiĂ©n otras cosas: satisfacciĂłn frente a una obra, amor al trabajo bien hecho.
Y ese afĂĄn de ganancia, o lucro como se le llama ahora, es muy natural. ÂżAcaso los que somos asalariados no pretendemos que nos paguen por lo que hacemos? ÂżTrabajamos por bolitas de dulces?
EstĂĄ bien que los empresarios, adicionalmente, se preocupen de la comunidad, que eleven los estĂĄndares Ă©ticos de sus conductas, pero no pretendamos, tampoco, que sean dechados de virtud. Confiemos en ellos, pero desarrollemos una confianza lĂșcida, que acepte por ejemplo que en ocasiones algunos tratarĂĄn de tener menos competencia en sus mercados por medios elĂcitos, por lo cual nuestra institucionalidad debe estar preparada para sancionarlos porque eso perjudica a los consumidores.
Y en el campo de los lĂderes espirituales para quĂ© decir. Si bien quienes dedican sus vidas a ello estĂĄn llamados a tener una conducta Ă©tica, son humanos, y muchas veces fallarĂĄn. En la medida que quienes buscamos apoyo en ese aspecto lo sepamos, podremos desarrollar frente a ellos una confianza lĂșcida. No ayudan en ese sentido quienes se erigen en jueces de la moralidad de otros; ni los que ponen acento en la moral sexual, ni tampoco quienes lo hacen en el campo de la moral social.
Columna de Luis LarraĂn, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-