Confianza lĂșcida

El Mercurio

Luis LarraĂ­n Arroyo 2015El filĂłsofo JosĂ© AndrĂ©s Murillo, una de las vĂ­ctimas del abuso del sacerdote Fernando Karadima, desarrollĂł en un breve libro el concepto de confianza lĂșcida. Creo que es un tĂ©rmino que se aplica muy bien a lo que sucede en la sociedad chilena hoy.

Murillo afirma que en las relaciones interpersonales hay muchos que desarrollan una confianza ciega en el otro y cuando ésta se ve traicionada, ello deriva en una pérdida total de la confianza.

Lo que estå sucediendo en Chile entre la mayoría de la población y las élites es un proceso parecido. Lo reflejan las encuestas y estudios recientes que acusan una bajísima confianza en los políticos, los empresarios y los líderes espirituales.

Este estado de cosas no es bueno para la sociedad.

Ello, porque se alienta a los oportunistas y a los populistas. A los que vociferan y denigran. La frase emblemĂĄtica que refleja este ambiente se acuñó en Argentina en las barras bravas de los equipos de fĂștbol de ese paĂ­s: “que se vayan todos”.

Entonces cuando se producen situaciones como la colusión en el mercado del papel tissue, quienes estån llamados a liderar una reacción frente a estos hechos, de condena y reparación pero también de aprendizaje para mejorar nuestra sociedad, se limitan a buscar el mejor lugar para vociferar, aseguråndose de ser vistos en ese afån.

Y nos llenamos de condenas de personajes autoerigidos en guardianes de la moral, peticiĂłn de sanciones e inventores de soluciones fĂĄciles, sin darnos cuenta que nuestro problema es que hay muchos de esos personajes que se sienten llamados a decirle a los demĂĄs lo que deben hacer y que la poblaciĂłn no ha desarrollado respecto a ellos una confianza lĂșcida.

Y tenemos entonces absurdos como el que frente a la gran desconfianza en los polĂ­ticos luego de los episodios de financiamiento irregular, la mayorĂ­a de las soluciones que se proponen consisten en darles mĂĄs poder a los propios polĂ­ticos.

O la reacciĂłn frente a las denuncias de colusiĂłn de la FiscalĂ­a Nacional EconĂłmica, que en lugar de reconocer que nuestra sociedad estĂĄ resolviendo adecuadamente las conductas que atentan contra la libre competencia, proponen inmediatamente cambiar las leyes e instituciones que nos han permitido realizar estos hallazgos.

Los polĂ­ticos no son todos ladrones y deshonestos, pero casi sin excepciĂłn nos tratan de convencer que ellos y el Gobierno harĂĄn por nosotros cosas que no pueden cumplir. NingĂșn polĂ­tico le va a cambiar significativamente la vida a los chilenos; de hecho la gente tiene esa intuiciĂłn de acuerdo a las encuestas. Pues bien, la conducta consistente con ello serĂ­a no creerle al polĂ­tico que promete cambiarlo todo. Ni confianza ciega en el polĂ­tico, ni total desconfianza. Confianza lĂșcida. Claro, los polĂ­ticos debieran trabajar mĂĄs para ganĂĄrsela.

También podemos aplicar esta lógica a los empresarios. La mayoría de ellos lo que busca, legítimamente, es obtener ganancias de su actividad. También otras cosas: satisfacción frente a una obra, amor al trabajo bien hecho.

Y ese afĂĄn de ganancia, o lucro como se le llama ahora, es muy natural. ÂżAcaso los que somos asalariados no pretendemos que nos paguen por lo que hacemos? ÂżTrabajamos por bolitas de dulces?

EstĂĄ bien que los empresarios, adicionalmente, se preocupen de la comunidad, que eleven los estĂĄndares Ă©ticos de sus conductas, pero no pretendamos, tampoco, que sean dechados de virtud. Confiemos en ellos, pero desarrollemos una confianza lĂșcida, que acepte por ejemplo que en ocasiones algunos tratarĂĄn de tener menos competencia en sus mercados por medios elĂ­citos, por lo cual nuestra institucionalidad debe estar preparada para sancionarlos porque eso perjudica a los consumidores.

Y en el campo de los lĂ­deres espirituales para quĂ© decir. Si bien quienes dedican sus vidas a ello estĂĄn llamados a tener una conducta Ă©tica, son humanos, y muchas veces fallarĂĄn. En la medida que quienes buscamos apoyo en ese aspecto lo sepamos, podremos desarrollar frente a ellos una confianza lĂșcida. No ayudan en ese sentido quienes se erigen en jueces de la moralidad de otros; ni los que ponen acento en la moral sexual, ni tampoco quienes lo hacen en el campo de la moral social.

 

Columna de Luis LarraĂ­n, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-

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