En tiempos de descrédito hacia la actividad política surgen dos salidas alternativas: una primera, caracterizada por la des-estructuración vía ruptura de las instituciones tradicionales de la política formal, como también de sus coordenadas ideológicas y referencias programáticas convencionales. Es la ruta que, en el extremo, han seguido de los “outsiders”, caudillos y cuanto líder haga paradójicamente, de la política un anatema.
Por otro lado, hay un genuino espíritu de renovación que canaliza positivamente la desesperanza dentro de un marco institucional, es la lógica de "destrucción creativa", diría un seguidor de Schumpeter. Son quienes están dispuestos a refaccionar, remodelar e inclusive derrumbar una casa partidaria, pero sin necesariamente cambiar su domicilio político.
En la actualidad hemos visto una proliferación de movimientos, agrupaciones y referentes que han hecho puesta en escena. Estas "nuevas casas", existen en la más amplia gama del arco ideológico programático: desde la izquierda a la derecha, podríamos nombrar a la Izquierda Autónoma, Revolución Democrática, Fuerza Pública, Amplitud, Construye Sociedad y Republicanos. Todos, con mayor o menor intensidad y densidad, adhieren, reformulan o reinterpretan visiones e idearios que de algún modo han tenido formas de expresión en la acción política nacional. Algunas con más éxito que otras, por cierto.
Por la izquierda, probablemente el referente sea el mundo de los movimientos sociales, el cual muchas veces no ha encontrado cabida en las configuraciones ortodoxas de la izquierda nacional, pero que con estos nuevos proyectos, sí podría tener una expresión orgánica: al respecto, el Frente Amplio uruguayo y los acuerdos del Foro progresista de Sao Paulo son experiencias celebrada para este mundo, así como también la inspiración intelectual de autores como Antonio Negri, Pierre Rosenvallon, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y el mismo Antonio Gramsci, entre otros
Por el lado del mundo del centro liberal, se busca modelar una alternativa política que concilie la expresión de las denominadas "libertades públicas" principalmente asociadas a cuestiones valóricas, con una visión libre de la economía. Y es que mientras para el mundo de la centro derecha el diálogo liberal-conservador ha sido un activo político, para esta sensibilidad pasa a ser un pasivo y una suerte de contradicción.
Otra vertiente que ha cobrado relativa atención en el último tiempo es la socialcristiana. Aunque más por la colmada presencia de líderes de opinión e intelectuales públicos que han relevado sus planteamientos, que por una fuerza política con capacidad de incidencia y agenda. La discusión en el foro público respecto del principio de subsidiaridad y su complemento o no, con el principio de solidaridad, es una ventana intelectual y también política, abierta por este mundo. Así como también el énfasis en la dimensión social, de la economía social de mercado desde una visión fuertemente inspirada en la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia y visiones económicas como las de Wilhelm Röpke.
En la centro derecha surge Republicanos. Una apuesta por una reconfiguración generacional y social de la centro derecha. Donde los vasos comunicantes entre el mundo popular y el relato de la movilidad social, el mérito y la desconcentración de los procesos de toma de decisiones, sean parte de un relato político vivencial, como testimonio del trabajo de sus miembros. Son próximos a la influencia intelectual de pensadores como Russell Kirk y Aleksander Solzhenitsyn.
Menos esperanzadora, desde el punto de vista de la consistencia del proyecto político es la oferta de "Todos". Un meta-partido que, quizás, con un diagnóstico excesivamente imbuido de la liquidez política e ideológica del momento -modernidad líquida le diría Bauman-, termina consciente o inconscientemente por desestructurar toda referencia programática, con un discurso más propio de una ONG de acción social, que noblemente reivindica la transparencia y la estructuración de confianzas como norte político, pero que no se hace cargo de una visión auténticamente política de la realidad social.
De este amplio arco programático surgirán algunas válvulas de oxigenación de nuestro sistema político. Conocerlos, identificarlos e integrarlos -aún cuando no todos busquen ser integrados- es el desafío de un estabishment político tradicional que ve cómo a su costado transitan nuevas fuerzas que aunque hoy parecen marginales, en el futuro, bien podrían relevarlos a ellos, a la condición de marginados. Mal que mal, en toda destrucción creativa, para que algunos puedan nacer, otros tienen que morir.
Columna de Jorge Ramírez, Coordinador del Programa Sociedad y Política de LyD, publicada en El Demócrata.-