
A través de esta publicación, la autoridad monetaria comunica su visión del estado de la economía, el escenario futuro que considera más probable y los riesgos que eventualmente podrían alterar dicho escenario. Y si bien día a día nos vemos bombardeados de pronósticos y análisis similares, el IPoM es diferente, pues respaldado en el prestigio técnico e independencia institucional del BCCh, el gobierno de turno –le guste o no le guste- debe acusar recibo y hacerse cargo –más nunca refutar- el contenido del documento.
La semana recién pasada, en la última iteración del rito, el mensaje fue claro: el crecimiento en 2015 será bastante menor de lo que se pronosticó en marzo y luego en junio. Naturalmente, esto es en parte el resultado de un escenario externo menos beneficioso que a comienzos de año para el país, al igual que para muchos otros emergentes, lo que no resulta demasiado novedoso. Sin embargo, un elemento respecto al escenario interno sí llama poderosamente la atención, pues nos recuerda a todos –léase, le recuerda al Ministerio de Hacienda-, una vez más, que mucho del deterioro es, de hecho, de origen nacional y se relaciona con las malas expectativas. En palabras de Rodrigo Vergara, Presidente del BCCh:
“El escenario base de junio consideraba una mejora de las expectativas que no se dio, sino que, por el contrario, siguieron deteriorándose. Resalta que la pérdida de confianza es transversal a través de los sectores productivos y entre los factores que afectan las expectativas de los hogares. Además, la mayoría de los entrevistados en el Informe de Percepciones de Negocios de agosto —documento que el Banco Central publica trimestralmente— percibió un estancamiento o una caída de su actividad, con un deterioro de sus perspectivas para el resto del año”.
Que sorprende entonces el escenario base de proyección del BCCh –al igual que en marzo y junio- suponga nuevamente una mejora de las expectativas como factor que precedería a la recuperación del dinamismo permitiendo alcanzar un crecimiento de entre 2,0 y 2,5% este año y 2,5 y 3,5% el próximo.
Como se espera de un Banco Central, y le dicta la ley, en el IPoM se es muy cauto en advertir acerca de la elevada y persistente inflación y se pronostica que pasará un buen tiempo antes de que volvamos a cifras coherentes con la meta del BCCh, de entre 2% y 4% de inflación anual, pese al poco dinamismo. Los nuevos cálculos incluidos acerca del PIB Potencial, aquel que es coherente con una inflación estable, son menores, lo que refleja una menor capacidad productiva ociosa, dejando en claro que no habría espacio para intentar apuntalar el crecimiento con una nueva rebaja de tasa, sino más bien lo contrario, y de paso nos recuerda a todos –especialmente a Teatinos 120– que cualquier intento de seguir dinamizando con gasto público sería igualmente infructuoso.
Todo lo anterior configura un escenario de riesgo nada despreciable, como correctamente se destaca en el IPOM, el cual sin embargo jamás explicita qué sería lo que subyace a la mejora de las expectativas de consumidores y empresarios, las cuales, de acuerdo al último IMCE conocido a solo días de haber sido publicado este IPoM, continuaron derrumbándose en agosto, alcanzando los niveles de las Crisis Subprime. ¿Quizás el inicio del “proceso constituyente” revierta la tendencia? ¿O tal vez la reforma a la reforma tributaria? ¿O la eliminación del reemplazo en huelga? Lo dudo. Y pensar que las expectativas, tan solo con el paso del tiempo tienden a volver a la media, no parece demasiado convincente y/o esperanzador.
Columna de Francisco Klapp, Economista de Libertad y Desarrollo, publicada en El Demócrata.-