Aparentemente, se están sorteando las dificultades que pesaron sobre el sector energĂ©tico en los Ăşltimos años. La oposiciĂłn ambiental y social, la burocracia estatal y la judicializaciĂłn tenĂan paralizado al sector, reflejándose en importantes alzas de precios de la energĂa elĂ©ctrica. Sin embargo, se lograron resultados positivos en el Ăşltimo proceso de licitaciĂłn de suministro, con un nĂşmero importante de oferentes y buena parte de la energĂa adjudicada a un precio promedio menor. Para la prĂłxima licitaciĂłn, a realizarse el 2016, se esperan nuevas caĂdas de precios, dado los menores costos de los combustibles, las mayores holguras en oferta por el menor crecimiento de la demanda (producto de la desaceleraciĂłn econĂłmica y la postergaciĂłn de proyectos mineros) y las mejores condiciones que ofrece la nueva ley de licitaciones y la interconexiĂłn SIC-SING.
¿Se puede entonces dar por superada la amenaza de estrechez energética y precios sostenidamente elevados? La respuesta es no, pues ello dependerá de las acciones que se tomen en materia energética y otras áreas que le afectan directamente.
En tĂ©rminos sectoriales, hay al menos tres direcciones obligadas. Primero, definir como rol prioritario del Estado el destrabar proyectos reduciendo las barreras de entrada y el riesgo que enfrentan las iniciativas privadas. Por el contrario, la excesiva injerencia del Estado y la idea de participar como actor del mercado debieran ser desechadas. Segundo, ninguna tecnologĂa de generaciĂłn debe ser descartada. Si Chile pudiese explotar su potencial hĂdrico (estimado en 16.000 MW) y desarrollar la generaciĂłn a carbĂłn, sumado a las ERNC, verĂamos precios de mercado significativamente menores. A largo plazo, la opciĂłn nuclear -fuente de generaciĂłn limpia, confiable y competitiva- tambiĂ©n debiera ser considerada. Tercero, es imperioso perfeccionar el sistema de evaluaciĂłn de impacto ambiental pues sus deficiencias no solo retrasan los proyectos sino incluso desincentivan mejoras por evitar el proceso. A ello se suma la necesidad de promover la participaciĂłn ciudadana en etapas tempranas y mejorar los procesos de consulta indĂgena.
Igualmente importante es atender iniciativas que surgen de otros Ăłrganos del Estado. Ejemplo de ello, la modificaciĂłn al CĂłdigo de Aguas que debilita los derechos de aprovechamiento de agua, incidiendo en el futuro desarrollo hidroelĂ©ctrico. Ello harĂa aun más complejo (o imposible) cumplir con las metas de contribuciĂłn al cambio climático que propone el Gobierno, forzando soluciones más costosas que encarecerán la energĂa. TambiĂ©n afectará el desarrollo sectorial la eventual aprobaciĂłn de los proyectos de regionalizaciĂłn (con planes de ordenamiento territorial de carácter vinculante), la creaciĂłn de áreas protegidas y las restricciones al uso del borde costero. Y bien valdrĂa la pena sopesar los efectos que tendrán en el costo de la energĂa la duplicidad y magnitud de las sanciones que se tramitan en el proyecto del SERNAC y los costos vinculados a la reforma laboral. Son muchos los focos de incendio que se requieren mantener controlados.
Columna de Susana Jiménez, Economista Senior de LyD, publicada en Diario Financiero.-