Un terremoto es siempre trágico, especialmente para quienes pierden seres queridos y para quienes sufren con los graves daños materiales que provoca este tipo de eventos de la naturaleza. Pero en medio de esta desgracia los chilenos podemos sacar algunas lecciones positivas.
El terremoto del miércoles pasado fue uno de los más fuertes de la historia. Para ser más preciso, con sus 8,4 grados Richter se inscribe en el lugar numero 23 desde que se llevan los registros. En la mayoría de los países del mundo un terremoto de esta magnitud habría causado cientos de muertos e incalculables daños materiales. Pero en Chile no fue así. El numero de víctimas fatales es reducido y las pérdidas materiales también. Recordará usted que hace tan sólo unos poco meses se produjo en Nepal un terremoto grado 7,8 en la escala Richter, que dejó un saldo de más de nueve mil muertos y la ciudad reducida a escombros.
Las cosas siempre se pueden hacer mejor, pero debemos estar orgullosos de que en nuestro país se cumplan los estándares de construcción de casas, carreteras y puentes, y que los chilenos tengamos una cultura cívica envidiable cuando se trata de cómo reaccionar ante un terremoto. Pero no sólo eso: el terremoto del 16-S nos demuestra que podemos aprender de nuestros errores y usar la experiencia para mejorar. A partir de los gruesos errores en los protocolos detectados en el terremoto de febrero del 2010, el gobierno pasado dedicó importantes recursos para mejorar la efectividad de instituciones como la Onemi y para dotar a nuestro borde costero de un sistema de señales y alertas que evitaran que se repitieran los errores y los tristes resultados del 27-F. Durante la noche del miércoles pasado dichos esfuerzos rindieron sus frutos. Las alarmas de tsunami sonaron, la gente fue evacuada a lugares altos y seguros, y la comunicación de las autoridades de gobierno fue sustancialmente mejor y más coordinada que hace cinco años atrás. Especial mención merecen las empresas de comunicaciones y las de transmisión y distribución eléctrica. A pesar del brutal aumento de tráfico que se produjo durante las horas posteriores al terremoto, las comunicaciones nunca se interrumpieron. Las inversiones realizadas por estas empresas y los nuevos protocolos establecidos permitieron que los chilenos se mantuvieran comunicados a través de las redes de datos en todo momento. Lo mismo corre para las empresas eléctricas. El suministro eléctrico, excepto contadas excepciones, permaneció estable en la mayor parte de nuestro territorio.
La naturaleza puede ser muy cruel y violenta contra nuestro país, pero en esta oportunidad, en medio de la tragedia, surge un motivo para que los chilenos estemos contentos y orgullosos del país que tenemos. Es de esperar que este tipo de eventos nos sirva para unirnos como nación y para trabajar por un futuro mejor para todos quienes habitamos esta loca geografía.
Columna de José Ramón Valente, Consejero de LyD, publicada en Voces La Tercera.-