
La segunda razón es que si bien la reforma laboral no tendría gran impacto en el corto plazo, en el mediano plazo altera fuertemente los incentivos de empleadores y trabajadores, castigando la productividad. Los incentivos a la huelga, el monopolio sindical sobre la negociación y extensión de beneficios, el piso mínimo y la negociación inter-empresa, en el contexto de una economía abierta y competitiva, llevan finalmente a la imposibilidad de premiar el esfuerzo individual y a desincentivar el emprendimiento, factores ambos que son condiciones necesarias para el desarrollo económico. Inevitablemente, el crecimiento de tendencia se reduce.
Columna de Cecilia Cifuentes, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en Pulso.-