La generación del milenio o “millennials”, como se les conoce mas comúnmente, se refiere a quienes nacieron de 1980 en adelante. Es decir, los más maduros de esta generación tienen aproximadamente 35 años.
Los profesionales que se dedican a estudiar el comportamiento de distintos grupos de personas, definen a los “millennials” como personas que les preocupa más el camino que el destino. Es decir, a diferencia de la generaciĂłn anterior, los jĂłvenes actuales no están dispuestos a grandes sacrificios hoy para lograr eventuales beneficios en el futuro. Por ejemplo, cuando mis compañeros y yo egresamos de la universidad en 1986, nuestra mayor preocupaciĂłn era encontrar trabajo. No importaba mucho ni el sueldo, ni el barrio, ni la empresa y mucho menos el ambiente interno en la oficina. En cambio, hoy un “millennial” que no está conforme con la “pega” no duda en renunciar para buscar una mejor. La consigna serĂa algo asĂ como “si no estás contento con tu vida, quĂ© esperas para cambiarla”. Muchos de los jĂłvenes que salen de la universidad ni siquiera buscan trabajo. Primero tienen que darse un tiempo para ellos.
Por cierto este no es un fenĂłmeno que ocurra sĂłlo en Chile; más bien podrĂamos decir que es un fenĂłmeno propio de los paĂses desarrollados,que tambiĂ©n se manifiesta en Chile dado el significativo aumento del ingreso que ha tenido nuestro paĂs en los Ăşltimos treinta años. Los “millennials” miran a la generaciĂłn de sus padres con un poco de lástima. Nuestros padres han vivido apurados. Apurados por trabajar, apurados por casarse, apurados por tener hijos, etc. Todas esas cosas tienen bastante de verdad. Sin embargo, lo que los “millennials” no alcanzan a captar es que para vivir como ellos se requiere un papá ochentero, cosa que nosotros no tuvimos y que ellos aprovechan al máximo.
Los papás ochenteros nacimos en un paĂs mucho más pobre y con menos oportunidades que el actual. Vimos a nuestros padres perderlo todo en el gobierno de la Unidad Popular y volver a perderlo todo en la crisis de principios de los ochenta. Esas experiencias nos enseñaron a valorar el trabajo, a ser ahorrativos y a temerle a los imprevistos. Cuando este paĂs se abriĂł al mundo y creĂł instituciones que hicieron posible el emprendimiento y el progreso, se encontrĂł con una generaciĂłn de jĂłvenes que, gracias a la educaciĂłn y al ejemplo de sus padres, supo aprovecharlas para generar riqueza y permitir que Chile diera el mayor salto de su historia en materia de progreso econĂłmico y social.
Lo que los “millennials” no parecen entender del todo es que sus padres ochenteros les compramos un seguro que les permite andar relativamente despreocupados por la vida. Ellos, por ejemplo, han podido ir a la universidad a la que la mayorĂa de sus padres no fueron, porque los papás ochenteros ahorraron o se endeudaron para ello. Y en su defecto, pudieron pedir un crĂ©dito para pagar la universidad, opciĂłn inexistente en los años ochenta.
AsĂ es que la prĂłxima vez que ustedes, los sub 35, se apresten a mirar con una mezcla de lástima y desprecio la vida de sus padres, recuerden que la de ustedes no serĂa la que es sin el enorme esfuerzo y sacrificio de sus viejos.
Columna de JosĂ© RamĂłn Valente, Consejero de PolĂticas PĂşblicas de LyD, publicada en Voces La Tercera.-