Huelga sin reemplazo: ¿A quién beneficia?

humberto bergLa negociación colectiva, como toda negociación, se trata de un intercambio de prestaciones entre partes que se necesitan mutuamente para lograr sus objetivos. Mientras más tenga una parte que ofrecer a la otra, mayor será el interés de esta última por llegar a un acuerdo y estará más dispuesta a hacer una mejor oferta por ese bien o servicio que le interesa obtener.

Llevado esto a la negociación colectiva, es evidente que mientras mayor sea el aporte -en calidad y cantidad- que haga el grupo de trabajadores que negocia, mayor será la disposición del empleador a entregar mejores remuneraciones y beneficios por ese aporte, sabiendo que no será fácil encontrar trabajadores con similares características que reemplacen a los que negocian.

Este reemplazo se hace aún más difícil si el país está creciendo y hay más empleo, ya que la posibilidad de conseguir buenos trabajadores disminuye. Por lo tanto, son dos los factores claves que deben darse para que los trabajadores tengan un mayor poder negociador y éste vaya aumente en el tiempo. Primero, que sean buenos trabajadores y que su aporte a la empresa sea de calidad y, segundo, que el país esté creciendo y haya una fuerte demanda por dichos trabajadores. En este sentido, la opción de reemplazo en caso de huelga permite determinar con claridad si lo que están pidiendo los trabajadores es justo o no. En efecto, si ese empleador logra encontrar trabajadores que hagan igual de bien o incluso mejor su trabajo que los que están en huelga y pagando una remuneración inferior a la que piden los huelguistas, está claro que la petición es excesiva. Si por el contrario, el empleador no consigue trabajadores de la misma calidad de los huelguista o trabajadores que no estén dispuestos a trabajar por menos que lo que estos piden, es evidente entonces que la petición de los trabajadores en huelga es correcta.

Cuando el PC, la CUT y los sectores de ultra izquierda de la Nueva Mayoría no le dan ninguna importancia al crecimiento del país ni al trabajo bien hecho como elementos necesarios para mejorar la capacidad negociadora de los trabajadores y, por el contrario, plantean que para obtener lo que piden, la huelga debe ser sin reemplazo y ojalá paralizar a la empresa, uno se pregunta, qué tipo de sociedad están pensando para Chile. ¿Será por este mismo hecho de no asignarle ningún valor al esfuerzo ni al buen desempeño de los trabajadores que negocian, que insisten en que las decisiones de estos queden supeditadas a la voluntad de una directiva sindical, quitándoles la posibilidad de negociar colectivamente si no es bajo la supervisión de un sindicato y prohibiéndoles incluso la posibilidad de descolgarse de una huelga si no están de acuerdo con ella?

Cuando es un hecho que para quienes están negociando colectivamente es fundamental que la empresa, fuente donde se generan los recursos que financian las actuales prestaciones y beneficios que se pagan a los trabajadores, así como los posibles incrementos futuros que se acuerden, no se paralice poniendo en riesgo la capacidad de ésta de seguir operando y por ende, de pagar dichos incrementos, los sectores de ultra izquierda de la Nueva Mayoría, insisten, por el contrario, en paralizar la empresa a través de una huelga sin reemplazo, cabe también preguntarse: ¿a quién se busca beneficiar en definitiva con una huelga de estas características y con esta reforma laboral en general?

 

Columna de Huberto Berg, Director de Berg Consultores y Consejero de Políticas Públicas de LyD, publicada en El Líbero.-