
Es frecuente en polĂticas pĂşblicas que algo asĂ ocurra. Leyes que pretenden una cosa y en definitiva provocan el efecto contrario.
Varios efectos indeseables se producirĂĄn, por las siguientes razones:
Primero, todas las disposiciones que se han presentado hasta la fecha tienden a disminuir el dinero disponible para campaĂąas electorales, tanto porque se limitan o derechamente 00prohĂben los aportes en el caso de empresas y personas naturales, como por el hecho de que se establecen lĂmites de gasto mĂĄs exigentes.
Ello parece razonable a primera vista, a todos nos carga la proliferaciĂłn de âpalomasâ. El problema es que, como estĂĄ ampliamente demostrado en la literatura especializada, los lĂmites de gasto tienden a favorecer a los polĂticos que ocupan actualmente los cargos (incumbentes) o a los que detentan posiciones en el Gobierno como Jefes de Servicio, Superintendentes, Ministros, Subsecretarios, Gobernadores o Intendentes. Esto, en desmedro de ânuevos entrantesâ, gente que se incorpora por primera vez a la polĂtica y que por no ser conocidos pĂşblicamente necesitan hacer campaĂąas que les den visibilidad. En el extremo, si no se permite gasto alguno en campaĂąas sĂłlo serĂĄn conocidos los incumbentes y tienen por lo tanto todas las de ganar.
Esto es muy negativo para lograr una renovaciĂłn de la polĂtica que hoy dĂa aparece como algo muy deseable dados los bajos niveles de prestigio que tienen los parlamentarios y los polĂticos en general. Los incumbentes tienen una ventaja desde ya frente a sus desafiantes, y por eso serĂa adecuado que los lĂmites de gasto para los primeros sean menores que los de los segundos, como una manera de equiparar esa ventaja.
Segundo, las restricciones tenderĂĄn a âfarandulizarâ la polĂtica, ya que si es muy difĂcil hacerse conocido a travĂŠs de las campaĂąas, entonces habrĂĄ que recurrir a figuras que son conocidos en otros ĂĄmbitos. Artistas, futbolistas y gente de la televisiĂłn corren con ventajas y serĂĄn entonces tentados por los distintos partidos para presentarse como figuras. Sin que haya objeciĂłn a que alguno de ellos ocupe una posiciĂłn polĂtica, no se ve razĂłn para que sean favorecidos de esa manera y nada garantiza que sean las personas mĂĄs idĂłneas para legislar o para ocupar cargos de gestiĂłn pĂşblica.
No sĂłlo tendremos gente del mundo del espectĂĄculo como protagonistas de la polĂtica, sino ademĂĄs se convertirĂĄn en factores importantes en las campaĂąas. En efecto, hay una discriminaciĂłn en prohibir a alguien apoyar con su dinero a un polĂtico y sin embargo permitirle a otro que utilice su prestigio o popularidad para apoyar a un candidato. De alguna manera en los dos casos el âdonanteâ se desprende de parte de su patrimonio en beneficio de un candidato. QuizĂĄs por eso, la Corte Suprema de los Estados Unidos considera que limitar los aportes a causas polĂticas es un atentado a la libertad de expresiĂłn.
Tercero. Las modificaciones al sistema electoral tambiĂŠn tendrĂĄn un efecto negativo sobre la competencia en polĂtica. La eliminaciĂłn del sistema binominal ha dado origen a un nuevo sistema proporcional que tiene algunas caracterĂsticas que nos hacen pensar esto. De partida en lugar de elegir dos diputados por distrito se elegirĂĄn mĂĄs, en algunos casos tres en otros seis, en otros ocho. AsĂ, los distritos serĂĄn territorios mucho mĂĄs grandes y con mayor poblaciĂłn que los de antaĂąo. Con esto, nuevamente serĂĄ mĂĄs difĂcil para un nuevo entrante competir con los que ya son conocidos. Como si esto fuera poco, el significativo aumento en el nĂşmero de diputados (de 120 a 135) permitirĂĄ a los actuales diputados contar con nuevos distritos que probablemente garantizarĂĄn su elecciĂłn.
Por ello, pese a que en la literatura especializada hay argumentos a favor y en contra de poner lĂmites al nĂşmero de perĂodos que un parlamentario debiera poder servir, pareciera que la necesidad de renovar la polĂtica e introducirle mĂĄs competencia a los incumbentes debiera hacernos pensar en poner lĂmites a la reelecciĂłn.
Con todo, el conjunto de cambios que se estĂĄn proponiendo, para variar sin una discusiĂłn seria ni adecuada reflexiĂłn, terminarĂĄn muy probablemente favoreciendo a los polĂticos actuales.
Columna de Luis LarraĂn, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en El LĂbero.-