Nueva Concertación y los tres quintos

 

JFGGGGGEl reciente cambio de gabinete ha estado monopolizado por discusiones en torno a las señales y consecuencias de los nombramientos en las carteras de Interior y Seguridad Pública y Hacienda de Jorge Burgos y Rodrigo Valdés, respectivamente, ambos reconocidos por su solidez técnica y moderación. Algunos, con razón, celebran el que la Presidenta Bachelet haya dado una señal enérgica de fin a la retroexcavadora, tesis que parecían suscribir en calidad de cómplices pasivos los ministros Peñailillo y Arenas. Así, si bien sería imposible un retorno a la belle epoque de la Concertación, el ala más radical de la Nueva Mayoría perdería hegemonía y gravitación interna, pudiendo estarse en presencia del surgimiento de la Nueva Concertación.

Con todo, hay buenas razones para mantenerse razonablemente escépticos de este celebrado giro al centro. La más importante: la histórica mayoría que ostenta en el Congreso la Nueva Mayoría.

En efecto, a ningún análisis puede escapar el hecho de que el oficialismo ha contado prácticamente con los 3/5 de los votos en ambas cámaras, por la suma de las fuerzas propias como por los independientes que han votado permanentemente con ellos (salvo en contadas excepciones). Eso implica una mayoría suficiente no sólo para cambiar por sí sola cualquier ley (incluso las que requieren el elevado quórum de 4/7), sino gran parte de los capítulos de la Constitución (9 de 15). Ello explica, por ejemplo, la idea de la bancada por la Asamblea Constituyente de modificar el artículo 15 de la Constitución para establecer por la vía de una ley simple, la facultad al Presidente de convocar a plebiscito con acuerdo de ambas Cámaras en casos indeterminados. Así, como no existe la fuerza política ni votos en el Congreso para conseguir los 2/3 requeridos para establecer institucionalmente la Asamblea Constituyente se trata de construir una tesis constitucional que lo permita con los 3/5.

Ahora bien, probablemente este sea un caso “fácil” para comprobar el giro al centro del gabinete; el ministro Burgos –y buena parte de la DC– ha sido abiertamente contrario a saltarse las reglas de reforma constitucional para llegar a la Nueva Constitución prometida en el programa de gobierno de Bachelet, por más creativas y sofisticas sean las fórmulas. Asimismo, el ministro Valdés pareciera personificar una respuesta contundente a las inquietudes levantadas por el Subsecretario de Hacienda y el Vicepresidente del Banco Central en torno a la incertidumbre que generan las faltas de definiciones precisas del “proceso constituyente”.

La pregunta de fondo es si la super mayoría parlamentaria será utilizada en otros ámbitos de reforma que generan controversia (pero no de la esencialidad obviamente de la Constitución): laboral, educación superior, aguas, etc. Porque una cosa es tener un equipo político que evita pasar la aplanadora en el Congreso, inhibiendo un debate profundo y responsable sobre aspectos centrales de nuestra institucionalidad económica y social –tal como sucedió en el Senado con la reforma educacional o antes con la reforma tributaria en la Cámara de Diputados–, y otra muy distinta es abrirse al diálogo real, al intercambio de posiciones y a la persuasión, a la posibilidad de que otros sectores puedan tener algo que decir en dichos debates.

Así, el giro al centro está relacionado directamente con la capacidad de la Nueva Concertación de domar la tentación refundacional que otorgan los 3/5.

Columna de José Francisco García, Coordinador de Políticas Públicas LyD, publicada en Pulso.-