
Con todo, hay buenas razones para mantenerse razonablemente escĆ©pticos de este celebrado giro al centro. La mĆ”s importante: la histórica mayorĆa que ostenta en el Congreso la Nueva MayorĆa.
En efecto, a ningĆŗn anĆ”lisis puede escapar el hecho de que el oficialismo ha contado prĆ”cticamente con los 3/5 de los votos en ambas cĆ”maras, por la suma de las fuerzas propias como por los independientes que han votado permanentemente con ellos (salvo en contadas excepciones). Eso implica una mayorĆa suficiente no sólo para cambiar por sĆ sola cualquier ley (incluso las que requieren el elevado quórum de 4/7), sino gran parte de los capĆtulos de la Constitución (9 de 15). Ello explica, por ejemplo, la idea de la bancada por la Asamblea Constituyente de modificar el artĆculo 15 de la Constitución para establecer por la vĆa de una ley simple, la facultad al Presidente de convocar a plebiscito con acuerdo de ambas CĆ”maras en casos indeterminados. AsĆ, como no existe la fuerza polĆtica ni votos en el Congreso para conseguir los 2/3 requeridos para establecer institucionalmente la Asamblea Constituyente se trata de construir una tesis constitucional que lo permita con los 3/5.
Ahora bien, probablemente este sea un caso āfĆ”cilā para comprobar el giro al centro del gabinete; el ministro Burgos āy buena parte de la DCā ha sido abiertamente contrario a saltarse las reglas de reforma constitucional para llegar a la Nueva Constitución prometida en el programa de gobierno de Bachelet, por mĆ”s creativas y sofisticas sean las fórmulas. Asimismo, el ministro ValdĆ©s pareciera personificar una respuesta contundente a las inquietudes levantadas por el Subsecretario de Hacienda y el Vicepresidente del Banco Central en torno a la incertidumbre que generan las faltas de definiciones precisas del āproceso constituyenteā.
La pregunta de fondo es si la super mayorĆa parlamentaria serĆ” utilizada en otros Ć”mbitos de reforma que generan controversia (pero no de la esencialidad obviamente de la Constitución): laboral, educación superior, aguas, etc. Porque una cosa es tener un equipo polĆtico que evita pasar la aplanadora en el Congreso, inhibiendo un debate profundo y responsable sobre aspectos centrales de nuestra institucionalidad económica y social ātal como sucedió en el Senado con la reforma educacional o antes con la reforma tributaria en la CĆ”mara de Diputadosā, y otra muy distinta es abrirse al diĆ”logo real, al intercambio de posiciones y a la persuasión, a la posibilidad de que otros sectores puedan tener algo que decir en dichos debates.
AsĆ, el giro al centro estĆ” relacionado directamente con la capacidad de la Nueva Concertación de domar la tentación refundacional que otorgan los 3/5.
Columna de JosĆ© Francisco GarcĆa,Ā Coordinador de PolĆticas PĆŗblicas LyD, publicada en Pulso.-