1 DE MAYO: UNA MIRADA AL TRABAJADOR

 

 

SERGIO MORALESEste primero de mayo se celebra en gran parte del mundo el día del trabajador, por lo que las reflexiones durante esta jornada debieran apuntar precisamente en el mundo del trabajo.

El trabajador es definido como la persona natural que presta servicios personales intelectuales o materiales bajo dependencia y subordinación a cambio de una remuneración, pero el objeto de preocupación para quienes nos dedicamos al estudio de las políticas laborales debiesen concebir una mirada amplia sobre la materia. De este modo, quienes trabajan no son sólo aquellos que están sujetos a un contrato de trabajo propiamente tal, sino también quienes desarrollan trabajo por cuenta propia, como un dueño de un quiosco, un feriante o cualquier emprendedor que vive con el producto de su trabajo. Asimismo, en esta visión más global debemos incluir a quienes trabajan en la informalidad e incluso aquellos que se encuentran sin empleos o marginados del mercado laboral por falta de normas sobre adaptabilidad.

Así, el trabajo es un móvil necesario para que todo ser humano pueda alcanzar un desarrollo material y espiritual propio y familiar, por lo que las políticas que la autoridad asuma en la materia deben ser cuidadosas en cuanto a alcanzar objetivos que permitan motivar la creación de nuevos y mejores empleos sin poner en riesgo la fuente de generación de los mismos.

Desde el punto de vista de las relaciones laborales entre trabajadores y empleadores, éstas no se restringen sólo a los sindicatos o sólo a la negociación individual, sino que es preciso generar equilibrios que no proscriban por una parte la actividad sindical, pero que tampoco la afiliación a los sindicatos sea obligatoria para los trabajadores.

Así las cosas, llama la atención cómo el Gobierno y la Nueva Mayoría ha llevado adelante la reforma laboral, toda vez que centran su foco en los sindicatos como los únicos entes ungidos capaces de representar los derechos de los trabajadores ante el empleador, pasando a llevar de manera grosera las libertades de cada quien para participar o no, para negociar o no. Si bien el proyecto de ley no lo dice explícitamente no es preciso ser un iluminado para deducirlo, toda vez que entrega a los sindicatos derechos que antes descansaban en los trabajadores, como la huelga y la negociación colectiva reglada, como asimismo privando al empleador de la posibilidad de extender beneficios a todos los trabajadores o negociar individualmente con un trabajador no afiliado mejores condiciones laborales, independientemente de las justificaciones que sean, so pena de ser condenado por práctica antisindical.

En virtud de lo anterior, no podemos sino concluir que con las modificaciones legales que se pretenden el trabajador no afiliado pasa a ser un "trabajador de segunda categoría" no quedándole más alternativas que afiliarse o quedar en tierra de nadie, pasando por alto las libertades individuales de las personas que también tienen cabida dentro de este mercado laboral. En esta fecha no podemos sino reflexionar y preguntarnos si estamos dispuestos como individuos a sacrificar nuestras libertades laborales para que sean administradas por unos pocos dirigentes sindicales que no siempre representan los reales intereses de sus representados. Al menos yo creo que el costo que se nos exige es demasiado alto y un muy mal precedente para futuras políticas públicas.

 

Columna de Sergio Morales, Abogado Programa Legislativo de Libertad y Desarrollo, publicada en Chile B.-