Demasiado énfasis en la demanda

 

Rosanna Costa.La economía ha mostrado una inflación más persistente de lo esperado, pese a una demanda débil. Mientras el producto creció solo 1,9% en 2014, la demanda cayó 0,6% en 2014 y para 2015 se espera un 2,5%. Ello, a pesar de que el consumo de gobierno apuntaló al consumo total, logrando un crecimiento agregado de 2,5%, y la inversión (formación bruta de capital fijo) cayó 6,1% de la mano de un desplome de aquella en maquinaria y equipos (cayó cerca de 19%).

Esta combinación de inflación con debilidad en la demanda es desafiante, dado que normalmente se relacionan las presiones inflacionarias con una demanda agregada creciendo más rápido que la oferta agregada.

La primera variable a considerar es el tipo de cambio. En 24 meses el peso se ha depreciado cerca de 33% respecto del dólar (12% en un año) y naturalmente ello puede aportar a la explicación. Pero al hacerlo no basta observar el dólar, sino que debe considerar una canasta de monedas, ponderadas conforme a nuestro comercio internacional, y para ello lo que miramos es el tipo de cambio multilateral. En este caso, en 24 meses la tasa de variación es de 13%. El tipo de cambio, por tanto, no parece ser suficiente explicación, o al menos no despeja suficientemente las dudas sobre la existencia de holguras, pues ellas debieran incluso reducir algo la tasa de traspaso a precios del mayor tipo de cambio.

Así, el desafío para el Banco Central es estabilizar la inflación y converger a la meta, tarea para la cual cuenta con el crédito de los analistas financieros, lo que sin duda contribuye a su tarea. Así, aunque todo este proceso inflacionario debiese ceder en los meses siguientes, para el Banco Central no debiera ser indiferente la política fiscal expansiva, como pudo serlo en otros ciclos.

Si el producto de tendencia fuese inferior al esperado, entonces las holguras disponibles para una política expansiva que presione sobre la demanda son menores y eventualmente pueden estar sumándose a la presión cambiaria al momento de explicar la persistencia de la inflación en todas sus mediciones. De ahí que los ojos estén puestos sobre las mediciones del producto potencial, que estarían por debajo del 4%.

Si este es el diagnóstico, entonces el foco debe ponerse en las políticas de oferta como las que Chile tuvo en su agenda por años, consistentes en impulsar toda política pública que favorezca reducir costos y aumentar la productividad. Son consistentes con ello una agenda energética que reduzca costos, despeje incertidumbres y favorezca el despegue de proyectos de inversión; concesiones de aeropuertos, carreteras, acceso a puertos y todo aquello que reduzca costos de transporte y embarque; flexibilidad y competencia en los mercados incluido el mercado laboral, restablecer una agenda de impulso competitivo y revalorizar al emprendimiento se vuelve imperioso.

La reforma tributaria no contribuyó en su momento y tampoco lo hará en la medida que se implemente. La reforma laboral, lejos de abordar mecanismos que permitan aumentar la participación laboral de jóvenes y mujeres (esta última ha crecido, pero aún está a niveles insuficiente) y de fomentar diálogos constructivos en pos de mejoras de productividad que permitan financiar en forma estable mejoras de remuneraciones, se orienta a la conflictividad. La retroexcavadora no ayudó y se quedó en el colectivo.

El clima de desconfianzas y la incertidumbre es real y, por cierto, enrarece las condiciones para un despegue, por lo cual es urgente asumir la realidad tener una agenda y abordarla con realismo y liderazgo.

Frente a todo ello la respuesta de más gasto público no es el camino. Para 2015, el escenario con que se proyectaron los ingresos fiscales se ha debilitado, lo cual sumado a un probable mayor gasto público nos encamina a déficits esperados que ya se acercan al 3% del producto. Para la estimación se considera un crecimiento del gasto del orden de 7,8% respecto del año 2014, incluyendo una expansión de unos 700 millones respecto de la ley de presupuesto, como consecuencia de las emergencias que dieron pie a la demanda por mayores fuentes de financiamiento a través de la ley reservada del cobre (al menos es la señal entregada). Por el lado de los ingresos se castigan algunas proyecciones de menor evasión en la reciente reforma tributaria, y se mantienen niveles de ingresos de operación y otros que pueden estar subestimados (por ahí pueden haber mejores resultados).

Ello puede seguir siendo consistente con el balance estructural, en un déficit de 1% (pueden haber cambios por ejemplo por la fórmula para incorporar el tipo de cambio) y se han generado presiones para mantenerlo en 2016, retrasando otra vez la convergencia al equilibrio. La tendencia a la baja del producto potencial y el ajuste en el cobre deben ser considerados y no alentar mayores presiones de gasto permanente. Por cierto, en mi opinión, hay demasiado gasto que parte orientado a ser por una vez y se transforma en permanente.

El llamado entonces es a mirar con precaución el diagnóstico y a centrar los esfuerzos más en la oferta que en la demanda. ¿Qué significa? Que hay que poner foco en reformas si, pero en reformas orientadas a mejorar la competitividad, reducir costos, perfeccionar la competencia, reducir la burocracia, reducir la incertidumbre innecesaria.

 

Columna de Rosanna Costa, Subdirectora de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-