Columna de JosĂŠ Francisco GarcĂa en Blogs de T13.cl

En la Edad Media, por ejemplo, se asociaba la maldad a lo diabĂłlico, buscando en esta figura un mecanismo de control social. Posteriormente, en los siglos XV y XVI, ello se sofisticarĂa mediante la figura del aquelarre: producir un arquetipo humano del mal absoluto encarnado en la bruja y sus ritos âla demonizaciĂłn de la mujer, su cuerpo y su olor, y lo sexualâ. Ello llevĂł a una ola de procesos judiciales por brujerĂa âtan intenso en sectores catĂłlicos como protestantes; las guerras religiosas sĂłlo potenciaban las hoguerasâ, terminando centenares quemados âen su mayorĂa mujeresâ o sujetas a pruebas como la de la inmersiĂłn de los acusados con pies y manos atadas âdecretando la inocencia si el cuerpo se hundĂaâ. Quienes quedaban con vida, condenados a llevar perpetuamente una cruz amarilla sobre sus vestimentasâ. Freud dirĂa mĂĄs adelante que esta figura âla de la popular bruja volando en una escobaâ era una representaciĂłn de fuerzas oscuras, inconscientes y reprimidas, organizĂĄndose en torno a esta un concepto de sexualidad mĂĄs bien infantil. Por lo demĂĄs, la figura de la escoba, no era mĂĄs que la representaciĂłn fantasiosa de un gran pene.
Bajo este contexto, los procesos de brujerĂa âsiendo paradigmĂĄtico el de Salem (1692-1693)â fueron asĂ una suerte de escena teatral para el aprendizaje de las nuevas normas y estĂĄndares religiosos y culturales, siendo los culpables, los adversarios del nuevo canon y merecedores, por tanto, de un escarmiento ejemplificador.
El debate pĂşblico suele estar marcado por las hogueras, las brujas y la teatralidad con el objeto de demonizar al adversario. A comienzo de los 50âs, el destacado dramaturgo norteamericano Arthur Miller escribiĂł la obra Las Brujas de Salem (The Crucible), como una forma alegĂłrica, de protesta cultural, a las persecuciones anticomunistas del Macartismo en dicho paĂs entre 1950-1956, pasando a ser uno de los periodos oscuros de una democracia mĂĄs bien ejemplar.
Basta pegar una mirada un poco desapasionada a nuestro debate actual de ideas y polĂticas pĂşblicas para darnos cuenta que estĂĄ cruzado por estas mismas figuras. Algunos âprogresistasâ juntan leĂąa para prender las hogueras contra el lucro o todo cuento suene a iniciativa privada que permita un margen legĂtimo de ganancias en la provisiĂłn de bienes pĂşblicos o semi-pĂşblicos. La economĂa de mercado; completamente satanizada. En lo polĂtico, la ConcertaciĂłn y su gran obra transformadora âlegitimando en democracia las polĂticas sociales y econĂłmicas liberales de los 80âsâ, son objeto de caza preciado por los radicales de la Nueva MayorĂa; la âdemocracia de los acuerdosâ debe arder. Algunos conservadores, por su parte, dan un trato equivalente al de bestialismo al discutirse el Pacto de UniĂłn Civil âpara que decir el de matrimonio igualitarioâ o la despenalizaciĂłn de la marihuana o el aborto terapĂŠutico âconservadores que no parecieron tan crĂticos con la Dictadura cuando existĂa esta regulaciĂłn hasta el 89â. Algunos satanizan el concepto en abstracto, teĂłrico, de Asamblea Constituyente o si quiera que el proceso de reforma constitucional pueda terminar en una Nueva ConstituciĂłn.
La democracia chilena y sus defensores âen momentos en que la democracia representativa y sus instituciones fundamentales como el Congreso y los partidos polĂticos aparecen tan desprestigiadosâ, debiesen estar particularmente atentos ây algo preocupadosâ a las nuevas hogueras que se levantan en la discusiĂłn pĂşblica, especialmente cuando hay bastante de frĂvolo y banal en algunas puestas en escena.