A continuaciĂłn, reproducimos la columna de nuestro Coordinador de PolĂticas PĂşblicas, JosĂŠ Francisco GarcĂa, en www.t13.cl.
En un estudio reciente de Libertad y Desarrollo, realizamos un balance en torno a la seguridad pĂşblica para este aĂąo 2014 y
Antes de referirme a estos tres errores con mĂĄs detalle, creo bueno poner en perspectiva el fondo de la cuestiĂłn. Hemos destacado como uno de los elementos positivos del Plan Nacional de Seguridad PĂşblica 2014-2018, denominado ÂSeguridad para TodosÂ, que, en general,   busca construir sus ejes sobre la base de los planes de seguridad de los dos gobiernos anteriores Ây los aprendizajes institucionales respectivosÂ. Se trata de una cuestiĂłn central Ây bĂĄsica en materia de polĂticas pĂşblicas no sĂłlo desde la perspectiva de la eficacia y la eficiencia de estas, sino, en particular en materia de seguridad pĂşblica, por intentar sacar el debate en torno a la delincuencia desde lo que podrĂamos denominar la polĂtica ordinaria hacia la esfera mĂĄs constructiva y reflexiva de la polĂtica de Estado.
Ahora bien, creo que en 2014 nos alejamos de la posibilidad de seguir transitando en el camino de la seguridad como polĂtica de Estado, en primer lugar, porque el Gobierno, buscĂł desde el primer momento, cuestionar los indicadores de reducciĂłn de victimizaciĂłn legados por el gobierno anterior, siendo el mĂĄs relevante la disminuciĂłn de la victimizaciĂłn general mostrada por el principal instrumento de mediciĂłn del paĂs, la encuesta de victimizaciĂłn ENUSC (INE), la que no sĂłlo demuestra que la victimizaciĂłn general ha venido cayendo sistemĂĄticamente en los Ăşltimos aĂąos, pasando desde el 38,3% de hogares en 2005 al 24,8% en 2013, sino que ĂŠsta experimenta una caĂda aĂşn mĂĄs pronunciada entre 2009 (Ăşltimo aĂąo del gobierno de la Presidenta Bachelet, 33,6%) y 2013 (24,8%).
Para ello, en el Plan ÂSeguridad para Todos se buscĂł instalar la tesis de que la disminuciĂłn de la ENUSC no va alineada con las denuncias de delitos de mayor connotaciĂłn social del Ministerio de Interior, ni con el Ăndice de la FundaciĂłn Paz Ciudadana. Se trata obviamente de instrumentos de distinta naturaleza, que no pueden ser comparables. Mientras las denuncias policiales cubren un grupo especĂfico pero importante de delitos Ây estĂĄn sujetos al problema de la Âcifra negra o la no denunciaÂ, el Ăndice de la FPC busca medir la realidad de los robos (e intentos de). Por lo demĂĄs, aumentos en las denuncias pueden ser una buena noticia Ây un objetivo de polĂtica pĂşblica pues demuestra confianza en la capacidad del sistema de ofrecer resultados a los ciudadanos Âen la medida en que se verifica que disminuye la cifra negraÂ.
En todo caso, el que la Ăşltima encuesta de Paz Ciudadana (octubre 2014), mostrara que la victimizaciĂłn de hogares en los Ăşltimos 6 meses por robo e intentos de robos es la mĂĄs alta de la serie desde que comenzĂł en 2000, con 43,5% de hogares afectados, es obviamente una mala noticia, tratĂĄndose, los delitos contra la propiedad, del problema mĂĄs relevante que enfrenta nuestro paĂs, especialmente desde una perspectiva internacional. Por lo demĂĄs, podrĂa tener un impacto negativo en los resultados de la ENUSC 2014, que debiera ser dada a conocer en marzo o abril del prĂłximo aĂąo.
En segundo lugar, el gran giro que da el Plan ÂSeguridad para Todos respecto de lo que venĂan haciendo las polĂticas de seguridad de los Ăşltimos dos gobiernos, consiste en apostar a los Planes Comunales de Seguridad, volviendo en la prĂĄctica Ây sin mayor estudio en diseĂąo, implementaciĂłn y evaluaciĂłn al fracasado Plan Comuna Segura Compromiso 100, el que desde 2006 comenzĂł a ser sustantivamente reformulado y en 2010 abandonado como polĂtica.Se trata de un esfuerzo, mĂĄs bien improvisado, de entregarle a los municipios responsabilidades en esta materia en la que no cuentan con capital institucional suficiente. Asimismo, es un retroceso desde la perspectiva de implementar programas basados en evidencia y preferir la comuna como unidad de intervenciĂłn y no la de focos delictivos, barrios especĂficos.
Finalmente, en tercer lugar, uno de los dĂŠficits relevantes de las polĂticas de seguridad pĂşblica en Chile, es que siguen estando fundadas en conceptos y estrategias mĂĄs basadas en intuiciones y viejas prĂĄcticas Âpensadas en las estructuras organizacionales de las instituciones encargadas de la seguridad que en la reducciĂłn del delitoÂ, donde la evidencia es escasamente utilizada. En efecto, probablemente el mayor consenso que estĂĄ emergiendo a nivel global dice relaciĂłn con la generaciĂłn de polĂticas y programas basados en evidencia, los que con coberturas adecuadas, vayan teniendo, en el agregado, un efecto significativo en la reducciĂłn del delito.
Durante la administraciĂłn anterior se hicieron avances significativos en esta materia. Por ejemplo, el Sistema TĂĄctico de AnĂĄlisis Delictual (STAD), el Banco Unificado de Datos (BUD), los programas Barrio en Paz Comercial y Residencial, el Plan La Legua, o el programa de terapia multisistĂŠmica, fueron contribuciones relevantes a la polĂtica pĂşblica. En este sentido, el actual gobierno pareciera asociar el enfoque basado en evidencia a las reformas a las polĂticas y programas de seguridad implementadas por el gobierno anterior, como si este enfoque metodolĂłgico tuviera sesgo polĂtico.
El problema de abandonar el camino en torno a consolidar la batalla contra la delincuencia como polĂtica de Estado es evidente: seguir sembrando un campo fĂŠrtil para el simplote y polĂticamente correcto populismo penal, que no conoce fronteras polĂticas.