Reproducimos la columna de Jorge RamĂrez, Coordinador del Programa Sociedad y PolĂtica de LyD, publicada en La Tercera.
SegĂşn ha trascendido, el Ejecutivo ingresará el proyecto de ley que establece un nuevo marco para el financiamiento de la polĂtica. Se trata de una regulaciĂłn maximalista a la luz de la experiencia comparada y en la cual, en aras de promover mayor equidad en la competencia, se perjudicará a los candidatos desafiantes, atentando de paso contra la competencia en el sistema y vulnerando en mĂşltiples aspectos la libertad de expresiĂłn a la hora de realizar una campaña electoral.
La propuesta omite que detrás de toda regulaciĂłn sobre financiamiento de la polĂtica están en juego principios relevantes como la transparencia, la libertad de expresiĂłn, participaciĂłn y la competencia en el sistema polĂtico. En este sentido, hay que recordar que aportar a una campaña vĂa financiamiento es una forma más de participaciĂłn, y poner a disposiciĂłn de la ciudadanĂa un mensaje polĂtico vĂa propaganda, es parte del derecho a la libertad de expresiĂłn.
La fĂłrmula del Ejecutivo constituye un retroceso en cuanto al aseguramiento de mayor competencia. Se trata de una regulaciĂłn "pro incumbentes". Si a los candidatos desafiantes se les prohĂbe realizar campañas en espacios pĂşbicos, prensa escrita y radios (homologándolo con los espacios de los incumbentes) y se les limita el monto de aportes que puedan recibir de personas naturales; las condiciones reales de competencia disminuirán considerablemente. Al respecto, el proyecto desconoce las amplias ventajas del candidato incumbente respecto del desafiante, mientras el primero ya es conocido y cuenta con capital de redes polĂticas, el segundo requiere difundir un mensaje con mayor intensidad a efectos de contrarrestar la ventaja que ostenta el titular del cargo.
Por otra parte, lejos de promover mayores incentivos a la contribuciĂłn de personas naturales, como es la tendencia en las democracias consolidadas (vĂa matching funds o beneficios tributarios a los aportes ciudadanos), la propuesta -de la mano de la existencia de mayores aportes pĂşblicos- elimina y acota los espacios de financiamiento privado. La regulaciĂłn propuesta en ningĂşn caso se sitĂşa en el estándar de las disposiciones sobre dinero y polĂtica que poseen las democracias consolidadas. Esto, porque el 65% de las democracias de la OCDE permite donaciones de corporaciones privadas y sĂłlo un 27% de ellas contemplan disposiciones obligatorias para que tanto partidos como candidatos revelen de manera plena la identidad de sus donantes.
Enseguida, la propuesta no se hace cargo del problema inherente a la plena divulgaciĂłn de la identidad de los donantes. Como señala la evidencia, con sistemas de plena divulgaciĂłn las contribuciones ciudadanas disminuirán considerablemente por temor a presiones y represalias polĂticas.
AsĂ, en lugar de aprovechar la coyuntura para impulsar una legislaciĂłn que dĂ© cuenta de los dĂ©ficit del sistema vigente, el Ejecutivo ha optado por un proyecto que generará problemas en la competencia polĂtica y donde, en aras de la equidad, se atropella con la libertad de poner un mensaje polĂtico en la esfera pĂşblica para que finalmente sean los ciudadanos quienes decidan.